Cada día él, junto a otro funcionario de la Dirección Nacional de Aduanas, es el encargado del control de la mercadería que circula por la ruta 5. “Es muy precaria la situación”, lamenta uno de ellos, mientras deja pasar a varios conductores que los saludan.
Las barreras sanitarias, según establece el MGAP, tienen como objetivo “preservar el estatus sanitario de Uruguay en materia agropecuaria” a través de “impedir que los pasajeros y vehículos ingresen animales, productos, subproductos de origen animal y vegetales sin la certificación correspondiente”, ya que “representan un riesgo de introducción de enfermedades y plagas”.
Esta acción es coordinada por la Dirección General de Servicios Ganaderos y la Dirección General de Servicios Agrícolas del Ministerio. Su personal está integrado por técnicos y funcionarios de ambas dependencias con supervisión de profesionales de Agronomía y Veterinaria.
Pese a esto, uno de los funcionarios insiste en que “es imposible hacer un control efectivo”. “El otro día vino un inspector general del Ministerio y no había nadie en su puesto porque estábamos comiendo. ¿Qué nos va a decir? Tenemos que ir al baño también”, exclamó.
Según la página web del MGAP, existen 19 barreras sanitarias ubicadas en los distintos puertos, aeropuertos y pasos de frontera de Uruguay. A la vez, también existen las llamada “barreras móviles” que hacen controles sobre los vehículos de forma esporádica, y van rotando su trabajo en distintos lugares.
Levantar las barreras
Fernando Etchegaray lidera el Departamento de Campo del MGAP, división dependiente de Sanidad Animal encargada del mantenimiento del estatus sanitario del país.
En diálogo con Campo, Etchegaray consideró que la falta de controles en las barreras sanitarias de Rivera se da porque “no tiene mayor sentido hacer un control permanente”.
“Hoy la situación sanitaria regional está muy bien, los riesgos que podía haber hace unos años ya no existen. Hace tres años que no hay un foco de aftosa en todo el continente americano”, argumentó el jerarca.
Inclusive, Etchegaray indicó que existen barreras permanentes, como las ubicadas en Fray Bentos y Salto, en funcionamiento en otros puntos del país que el gobierno está “pensando en levantar”.
“Hoy hace muchos años que Argentina no tiene aftosa. Paraguay está en la misma situación y Brasil también”, agregó.
En una entrevista realizada por Campo a principios de año, el titular de la Dirección de Servicios Ganaderos, Francisco Muzio, expresó una opinión similar: “El riesgo de que el virus de aftosa ingrese a Uruguay no tiene la misma impronta que tenía hace unos 10 años” y que “en el futuro, el riesgo mayor será más extrarregional que intrarregional”.
“En los años noventa trabajé varias veces en ese país y el cambio que hay hoy en Paraguay” respecto a los problemas sanitarios y la aftosa “es muy significativo”, valoró en esa oportunidad.
“Lo que no está totalmente descartado es que exista circulación viral, por las características de la gandería. Pero estamos avanzando mucho”, aseguró, y dijo que “se habla de instalar un banco de vacunas regional, al igual que en Estados Unidos”.
Anunció que el Ministerio tiene planeado instalar “un sistema de controles aleatorios, con la implementación de un semáforo; cuando se encienda la luz roja entonces deberá revisarse todo el equipaje, y si es verde sigue por un canal libre”. “Con un control aleatorio como el previsto se estaría contemplando el riesgo regional”, estimó.
De todas maneras, Etchegaray aclaró que aún no se tomó ninguna resolución en torno a “levantar” definitivamente las barreras ubicadas en las fronteras con Brasil y Argentina. Reconoció que “las discusiones llevan bastante tiempo”, y que en las barreras donde existe tráfico de extranjeros extrarregión seguirán cumpliendo su función.
Este es el caso de las que se encuentran en el aeropuerto de Carrasco y los puertos de Montevideo y Colonia, por considerar que si se levantan “podrían generar algún problema”.
Etchegaray dijo que en Rivera, al igual que en Artigas, el control se hace más difícil de realizar debido a la cantidad de vehículos que circulan allí.
En este sentido, el jerarca reconoce que hay carencias por falta de personal, pero asegura que se están cubriendo los turnos en los casos que realmente lo ameritan, “ya sea con gente local o con gente que se trae de otro lado”.
Y destacó que, como mejora tecnológica, “se han instalado escáners nuevos en los pasos de frontera de Colonia, Salto, el puerto de Montevideo y el aeropuerto de Carrasco”.
Recursos humanos
”¡Ay, no! ¿Todo me van a sacar? ¡Qué lástima!”, dice compungida una señora al tiempo que mira con pena los productos de cocina que le acaban de quitar.
En un costado de su camioneta, una pila de varias bolsas de jabón en polvo y varias botellas de aceite son colocadas por los funcionarios de la barrera sanitaria de Paysandú, ubicada en la frontera con Argentina en el paso General Artigas.
Cada mes los funcionarios del MGAP y de Aduana realizan 700 confiscaciones de este tipo. Allí, a diferencia de lo que sucede en Rivera, los puestos de barreristas están cubiertos las 24 horas por dos funcionarios con relevos cada 12 horas.
“Una cosa es cuando hay una barrera seca y otra cosa es cuando hay un curso de agua”, explicó a Campo el encargado de funcionarios de General Artigas por el MGAP, Nelson González, aludiendo a la diferencia entre ese paso de frontera y el que existe con Brasil.
“Si yo hago algo mal me procesan”, comentó uno de los empleados que trabajan allí, señalando una de las 65 cámaras instaladas en ese pasaje.
Las personas a quienes se les incauta el contrabando son fichadas en una computadora y sus casos son derivados a un juez, quien resuelve qué hacer con los productos confiscados. En las últimas semanas, estos fueron enviados a las familias afectadas por las inundaciones del río Uruguay, principalmente en Salto y Paysandú, donde la situación es más grave. En otras oportunidades son derivados a cárceles o escuelas, contó uno de los funcionarios.
No obstante, pese a que el paso General Artigas funciona los 365 días del año, los funcionarios dijeron a Campo que durante el verano, cuando el flujo turístico se incrementa y cuando aumentan de dos a siete las sendas por donde pasan los vehículos para darle fluidez al tránsito, “las cosas se complican”, porque siguen siendo la misma cantidad de trabajadores para controlar. Además, explicaron que parte de su tarea es la de revisar los vehículos que salen del país. Pero que, por la cantidad de funcionarios que son, esa es una tarea imposible de realizar en forma efectiva.
Una funcionaria estatal argentina, que trabaja en ese mismo paso de frontera, comentó a Campo que es frecuente que haya discusiones en torno a cúal es el rol que tiene que cumplir cada uno.