Nº 2098 - 19 al 25 de Noviembre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl aumento de casos de Covid-19 que se ha verificado en nuestro país en los últimos días es una de las varias luces amarillas que se han encendido y que complican la coyuntura para la economía uruguaya. Varias veces hemos advertido desde estas páginas que la salida a la pandemia no sería rápida y que el gobierno debería tomar eso en cuenta y actuar en consecuencia, como ya lo han hecho algunos de los países desarrollados.
Aunque, con acierto, el Poder Ejecutivo se ha negado hasta ahora a aplicar restricciones obligatorias a diversas actividades, que se han ido liberando en los últimos meses, está mostrando señales de que eso puede cambiar y dependerá de cómo siga evolucionando el número de casos positivos. Es verdad que no se trata de un problema solo de Uruguay, ya que lo mismo está ocurriendo en Europa y en Estados Unidos, donde la “segunda ola” de la pandemia parece intensificarse, pero hay diferencias a tomar en cuenta. Ellos finalizaron su temporada veraniega y eso facilita una marcha atrás en algunas áreas. Pero aquí el verano recién empieza.
Más allá de las importantes y obvias diferencias, se pueden adoptar algunas lecciones de los países desarrollados en el manejo de la economía en tiempos de esta grave pandemia. Ellos hicieron fuertes desembolsos financieros para mantener la actividad económica lo más despierta posible, como pagando por las restricciones que se imponían. Acá se apostó demasiado a una rápida llegada a la pospandemia, con una visión limitada de la crisis. Es cierto que los recursos no son los mismos, pero —teniendo en cuenta las diferentes escalas— se podrían haber adoptado caminos similares.
Más allá de la euforia en los mercados financieros con los anuncios de vacunas efectivas para combatir al Covid-19, la realidad en el escenario más optimista es que hasta bien entrado el segundo semestre del año que viene, en el mejor de los casos, la vacunación podría servir para comenzar a controlar la pandemia de manera más o menos significativa. Ni hablar si tenemos en cuenta a expertos independientes que aseguran que el desarrollo de una vacuna con los protocolos de orden, llevará mucho más tiempo. Hasta ese momento, si el número de contagios sigue aumentando, la única alternativa es seguir evitando el descontrol de la situación sanitaria sin dejar de mirar las consecuencias económicas. Por eso se debe entender que la prioridad hoy no solo es cumplir con las promesas de campaña, sino, más urgente, contemplar a una ciudadanía amenazada a todo nivel por un mundo cambiado debido a una crisis tremenda.
Otra luz amarilla que se ha encendido en estas últimas semanas tiene que ver con la falta de lluvias que aqueja a buena parte del país, y las perspectivas de que ese déficit hídrico se acentúe en los próximos meses como consecuencia de la intensificación del fenómeno de La Niña. Esto ha cambiado drásticamente las perspectivas del sector agropecuario, que hasta ahora era uno de los “motores” de la economía que venía funcionando sin mayores problemas. En el sector agrícola se generan grandes dudas sobre las perspectivas de la próxima cosecha de soja, dado que hasta ahora la falta de agua en muchos lugares ha impedido las labores de siembra. Eso, en mayor o menor medida, impedirá que el país pueda aprovechar precios internacionales de la soja que están en sus máximos de más de cuatro años, por encima de los US$ 420 por tonelada.
El déficit hídrico y la segunda ola de la pandemia a escala mundial también están teniendo un impacto muy negativo sobre la ganadería, donde la situación actual es radicalmente opuesta a la que se vivía a esta altura del año pasado, cuando la demanda china había impulsado los precios a niveles récord. A eso hay que sumarle otra luz ya casi roja, que es la situación por la que atraviesa Argentina, que empeora día a día y seguro tendrá un impacto negativo en nuestro país.
No habrá recuperación económica duradera hasta tanto la crisis sanitaria esté bajo control, y esto va a llevar más tiempo de lo que nos quieren hacer creer con esta competencia de vacunas, que ya suena a pura tontería. Aumentar el endeudamiento público para reforzar el Fondo Coronavirus y extender nuevos apoyos a los sectores afectados por la extensión de las medidas para combatir la pandemia, no debería ser ningún problema, especialmente si el gobierno sigue dando señales de que va a profundizar en la “austeridad estructural” en el futuro, y concreta la reforma de la seguridad social y otros cambios estructurales que están en la agenda.