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    Mamografías anuales (I)

    Sr. Director:

    Como cirujano mastólogo de larga trayectoria, respondo a la carta publicada en Búsqueda el día 31/10/13 por la Ing. Ana Rosengurtt y titulada: “Mamografías anuales”.

    En primer lugar y en relación a la práctica de mamografías de tamizaje poblacional, es de destacar que existe una discordancia entre el accionar parlamentario y el de los órganos designados por el Poder Ejecutivo para normatizar en la materia (Pronacam), los cuales son proclives, basados en recomendaciones internacionales, sobre todo europeas, a proponer estudios bianuales a partir de los 50 años, los que se basan en consideraciones de costo-beneficio, que demuestran que el rendimiento económico de la inversión en tamizaje poblacional es mayor en ese contexto. Sin embargo, está comprobado que la mamografía anual a partir de los 40 años determina, por diagnóstico temprano, una disminución de la mortalidad por cáncer de mama de un 16 %, lo cual sin ninguna duda es significativo.

    Por otra parte, y si bien se recoge de la literatura , el argumento de los falsos positivos y las cirugías innecesarias que conllevarían, ya publicado por Olsen en Lancet, 2000, es inaceptable, por cuanto un mastólogo capacitado coteja el resultado de la radiología con la clínica, y ante la duda realiza una biopsia percutánea, la cual descarta la sospecha de un falso positivo y evita la iatrogenia (cirugía innecesaria). Expresándolo en un lenguaje coloquial, “nadie va a operar a una mamogafía”. Con respecto al efecto iatrogénico de las radiaciones, el riesgo de cáncer radioinducido es de 1/10.000 a 1/100.000, riesgo que además es actuarial, ya que nunca se ha comprobado un cáncer radioinducido por mamografías, por lo cual el mismo no debe ser considerado al analizar protocolos de diagnóstico temprano.

    Con respecto a los costos de estas políticas discrepo con su enfoque de contraponer esta inversión en desmedro de la que corresponde al cuidado de la salud cardiovascular y la detección de la tuberculosis, ya que la verdadera ecuación de distribución del gasto público debería ser cotejada, a mi juicio, con el asistencialismo social sin contrapartida laboral ni educativa de los Ni-Ni, el costo económico de las empresas públicas y sus funcionarios, cuyos salarios crecen a pesar de que el presidente de la República se queja de su baja productividad y nulo compromiso, y con las políticas de rescate de empresas inviables, como ser Pluna, las que de por sí costean todas las mamografías de las uruguayas por años.

    Por último, discrepo con la ilegitimidad de la obligatoriedad de los estudios mamográficos. La Constitución normatiza que los uruguayos debemos velar por la vida y su salud. Por otra parte, nuestra existencia se rige por un conjunto de derechos y deberes, los que parecen haberse anulado por fuerzas sobrenaturales. La vida en sociedad conlleva deberes, como ser el decoro en el vestir en público, el respeto de las normas de tráfico, y hasta la obligatoriedad del voto para toda instancia nacional, departamental, institucional o aún profesional. Por otra parte, la medicina impone obligaciones, como ser la vacunación, el control médico periódico en la infancia, y los estudios necesarios para valorar un paciente en presencia de una familia portadora de una enfermedad hereditaria, los que si bien no son punibles si no se cumplen, se debe bregar por su realización para mejorar los índices sanitarios nacionales y bajar el costo en salud, ya que es sabido que la prevención es mejor, económica, personal y socialmente, que la terapéutica. Finalmente, destaco que en el gobierno del Dr. Vázquez se prohibió selectivamente el hábito de fumar, en beneficio de la salud pública, como lo es, a mi juicio, la obligatoriedad de la mamografía periódica.

    En cáncer de mama, el diagnóstico temprano evita la mutilación, preserva la integridad corporal y salvo en tipos biológicos particularmente agresivos, de baja incidencia, determina sobrevidas comparables a las de la población general. Soy partidario de la realización de una consulta mastológica y una mamagrafía anual, a comenzar a los 40 años y de por vida; por otra parte , estos estudios deben comenzar a menos edad en presencia de historia familiar.

    Finalmente, considero que el Estado le debe a la nación una campaña nacional de tamizaje de cáncer de mama, universal, sistemática y obligatoria, que llegue a las personas que por razones geográficas o sociales están excluidas de las medicina preventiva, y que conlleve una respuesta terapéutica, moderna, efectiva, no mutilante y multidisciplinaria, como forma de combatir el cáncer de mama, el que por su incidencia, es un grave problema sanitario nacional.

    Dr. Bernardo Aizen