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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl pasado 8 de marzo se llevó a cabo en Montevideo la marcha por el Día Internacional de la Mujer, hecho que fue registrado por toda la prensa del país.
El diario El País, el día 10, incluyó en la noticia una fotografía en la cual un grupo de mujeres (jóvenes) exhibían una cabeza femenina con una estrella de David en su frente, atravesada por una lanza.
La pregunta que nos hacemos es: ¿realmente esas jóvenes son conscientes de la barbaridad a la que están aludiendo, recordando o hasta festejando?
Hacemos un enorme esfuerzo para pensar que han sido manipuladas por extremistas, sin aquilatar la gravedad del hecho, además del dolor de toda una colectividad, que, desde sus primeros inmigrantes, han traído su dolor por su situación pero, al mismo tiempo, cultura, prosperidad y trabajo para nuestro país
¿Saben esas jóvenes qué pasó en el mundo a partir de la llamada Noche de los Cristales Rotos? Deberían informarse, porque queremos creer que, de saberlo, no se habrían manifestado, por lo menos no en esa forma.
Es lugar común en nuestro país decir que somos descendientes de personas que “bajaron de los barcos”. Y sí lo somos. Con base en esa migración, de todo origen, se formó nuestra cultura, con leyes basadas en el ser humano haciendo énfasis en los derechos y protección de todo habitante, que hemos proclamado, con orgullo, desde siempre, por ejemplo, en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, con intervenciones históricas de nuestros representantes.
Esas jóvenes deberían conmemorar que un 3 de julio de 1927 en plebiscito para decidir la jurisdicción del pueblo de Cerro Chato, se registró por primera vez el ejercicio del derecho a voto de la mujer, tanto en nuestro país como en toda Sudamérica.
Afortunadamente, en una especie de libreto mágico, la primera mujer en reivindicar su derecho fue Rita Ribeira, inmigrante brasileña, afrodescendiente de 90 años de edad.
Curiosamente en esa señora se registra para la historia el hecho de ser mujer, afrodescendiente y de avanzada edad, felices coincidencias.
Hechos que debemos proclamar, pero estar muy atentos a que grupúsculos no ofendan a nuestras instituciones, a sus habitantes y a todo aquel inmigrante que recibiremos, como siempre, con orgullo, por el hecho de que eligieran nuestras tierras para su “nueva vida”.
Jorge Ciasullo
CI 793.978-7