N° 1656 - 29 de Marzo al 04 de Abril de 2012
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl 2 de febrero, en Port Said, Egipto, murieron más de 70 hinchas de fútbol durante enfrentamientos con la Policía. De inmediato, el primer ministro, Kamal Ganzur, lo asumió: “Estoy dispuesto a cumplir cualquier instrucción que me pida rendir cuentas porque sé que soy responsable políticamente”.
El juez penal Rolando Vomero mandó a la cárcel a dos enfermeros imputados de asesinar a 15 pacientes de los CTI del Hospital Maciel y de la Asociación Española y los indicios hacen presumir que el número de asesinados es mayor.
No murieron por una epidemia o causas fortuitas. Se trató de la mayor serie de crímenes de la historia, facilitada por omisiones o controles insuficientes. “Es la sexta vez en 28 años de carrera que investigo a múltiples homicidas. En este caso pasé de la incredulidad al asombro; no logro imaginar tantos muertos”, me comentó afectado Vomero.
No conozco al ministro de Salud Pública, Jorge Venegas, salvo por sus declaraciones públicas y su currículum, según el cual siempre ejerció en cargos estatales. Entre otros, como docente de la Facultad de Enfermería de la Universidad de la República.
Por esa vitalicia dependencia y como militante partidario conoce de sobra su responsabilidad ética y política y las obligaciones y riesgos que asumió al aceptar un cargo que tiene la superintendencia de todos los centros de salud.
Venegas —como político antes que como jerarca— se va por la tangente defendiendo a médicos y a enfermeros como si fuera algo genérico: “La confianza la tenemos siempre en nuestros trabajadores de la salud, que trabajan por la salud, no trabajan por la criminalidad. Trabajan por la vida y la salud”, le respondió enojado a un periodista del canal TN de Argentina que le preguntó si se padeció exceso de confianza.
Sorprendió que agregara un cuestionamiento a la política interna de otro país: “El Uruguay es el Uruguay, no es Argentina (…); el Sistema Nacional Integrado de Salud se diferencia de otros sistemas como el argentino”. ¿Quiso decir que los pacientes argentinos corren más riesgos que los uruguayos? ¡Un despropósito!
En una democracia —cuya esencia y reglas el ministro y varios más parecen desconocer— no alcanza con defensas corporativas para congraciarse con los gremios de la salud, anunciar investigaciones severas (como si pudieran ser de otra forma), expresar congoja, hacer publicitarias visitas de duelo o echarle la culpa a la prensa por informar o reclamar lo que corresponde.
En los gobiernos serios los ministros son fusibles y terminan con un cortocircuito. ¡Y esta masacre fue Chernobyl! También se renuncia por honestidad, para no ser juez y parte en las investigaciones y para desligar de responsabilidad a quien los designó. Ni hablar de la también necesaria renuncia de Raúl Gabus como director del Maciel para no despertar sospechas sobre la investigación. Solo así se podrá recuperar la credibilidad que pretende el presidente José Mujica.
Pero todos dicen que se quedan, salvo que los remuevan y el Poder Ejecutivo los mantiene y reivindica la eficiencia del Sistema Nacional Integrado de Salud. Como si eso tuviera algo que ver con las responsabilidades políticas.
Es difícil que el ministro deje el cargo voluntariamente, porque observa la cuestión desde el punto de vista partidario y de entrada recibió respaldo. “Mantenemos nuestro apoyo total al ministro y vamos a estar junto a él ayudándolo a contribuir en el análisis de este lamentable tema”, apoyó el vicepresidente Danilo Astori, como otrora lo hizo con el procesado exdirector de Casinos, Juan Carlos Bengoa.
Por ignorancia, insensibilidad o conveniencia los gobernantes no asumen que hay temas graves que no son partidarios; en este los homicidas confesaron y quedó claro que los controles fallaron, tanto que se admite la necesidad de ampliarlos.
En los tiempos que corren, lo que antes era un imperativo de la sensibilidad y la ética públicas se ha ido desvaneciendo para transformarse en un bochorno.
Es la demostración palmaria de que hoy vale todo para mantener los cargos y que cualquier actitud que lleve a asumir responsabilidades políticas se evalúa como una debilidad. Mientras tanto, el patetismo: Venegas (PCU) y el subsecretario Leonel Briozzo (MPP) tienen una batallita sectorial pese a los mimos en público.
¿Dónde esconden la dignidad y el honor? ¿Qué respeto les tienen a los familiares de los muertos? ¿Qué van a argumentar Venegas, Briozzo, Gabus y el gobierno cuando les lluevan las demandas por daños y perjuicios? ¿Les trasladarán a otros la culpa de lo que haya que pagar mientras ellos miran para el costado? ¿De qué recuperación de la credibilidad hablamos con responsables políticos atornillados en sus poltronas argumentando que nada tuvieron que ver?
La semana pasada, buscando información sobre el novelista y ensayista checo Milan Kundera, me topé con una interesante reflexión suya: “Si las personas solo fueran responsables de lo que hacen conscientemente, los idiotas estarían de antemano libres de cualquier culpa”.