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    Me gustan los estudiantes

    Que conste que no lo digo parafraseando la simpática canción de Violeta Parra, mucho menos combativa que lo que muchos creen, porque saben que la escribió ella y que hasta Viglietti ha grabado una versión, pero que nunca le prestaron atención a la letra.

    Lo digo porque me gustó mucho la propuesta que los estudiantes de Secundaria le hicieron al presidente Mujica hace unos días, la cual fue entusiastamente apoyada por el primer mandatario, quien en “chavísimo” gesto, del tipo de los del coronel caminando por Caracas junto a sus ministros, mirando bancos y fábricas y diciéndole al ministro de Gobierno, “ministro, ese banco, ¡exprópiese!”, o “ministro, esa fábrica, ¡exprópiese!”, le dijo al subsecretario de Educación “vo, Góme, ¡que ashí shea!”.

    Lo que no todos saben es cómo se desarrolló ese encuentro, porque la prensa apenas si tuvo acceso al ámbito del encuentro una vez que había terminado, cuando el presidente ya había manifestado su entusiasmo y su decidido apoyo a las propuestas de los jóvenes que lo visitaron. Nosotros en cambio obtuvimos una versión grabada de todo el encuentro, y aquí les haremos conocer algunos fragmentos de interés para que ustedes puedan sacar sus propias conclusiones.

    Cuando le avisaron a Mujica que los muchachos habían llegado, a la hora en punto de la audiencia previamente solicitada, el presidente no mostró demasiada alegría.

    —“Vo, Gome, tamo justo revisando la reclamashione de lo doshente y yegan lo guacho eto a hasherno perdé tiempo, ¿no podé deshirle que vengan otro día? “—le sugirió Mujica al subsecretario Gómez, quien habitualmente le hace el aguante al presidente cuando analiza las idas y venidas de los temas educativos, en una adecuada división de tareas con el ministro Ehrlich, que es quien se banca los escraches, las griterías y los conciertos de bombo de los docentes mientras asiste a actos públicos relativos a la paradojal temática de su cartera, desconcertantemente llamada “de Educación y Cultura”.

    —“No, Pepe” —replicó afectuosamente el viceministro —“los muchachos pidieron este encuentro, vos se lo concediste, y creo que no es justo mandarlos de vuelta” —agregó.

    —“Bueno, tá, que pashen ahí a la shala, que ya vamo”—replicó con resignación el presidente.

    Una vez reunidos los jerarcas con los muchachos, en una amistosa rueda tan democrática como cordial, el presidente consideró del caso darles una paternal bienvenida, y se dirigió a ellos con su habitual calidez.

    —“Yo shé que utede vienen en una buena, vienen, y dede ya lejvoy dishiendo que vamoashé todo lo poshible por hasherle casho a la propuejta deutede, pero vayan shabiendo que no é fáshil poné eta máquina peshada que ejeljtao, yenito de burócratajachanchao que cobran shin laburar, ¿mentienden?” —arrancó Mujica, mientras los muchachos permanecían en silencio.

    El presidente prosiguió su discurso.

    —“No tienen que deshírmelo, pero de arranque ya le digo que meimagino que la primera propuejta é que póngamo deunavé en vigenshia lo de la marihuana, que utede tarán desheando comprárshela má barata al Ejtao, y no andar dejándoshe afaná por lojintermediario de lo narcotraficante, pero esho viene medio demorao ahí en el parlamento, porque…”

    —“Presidente” —intentó interrumpir una muchachita que tenía unas hojas en su mano —“en realidad no es tan así, porque…”

    —“Shí, ya me imagino” —replicó Mujica sin dejarla seguir- “utede capá que priorishan la liberashión del vino en caja junto con la marihuana, pa podé reunirse ahí en lo lisheo durante lajora libre, y divertirshe y pasharla bien mientra lo doshente tienen shushamblea, o diretamente faltan porque eshun relajo lo que faltan lo doshente, y ujtede tienen que encontrá una manera de no embolarshe en eshashora libre, lo comprendo perfetamente, ashí que…”

    —“Presidente, disculpe la interrupción” —dijo otro de los estudiantes presentes —“justamente ése es uno de los temas que queríamos plantearle, pero no en clave de diversión sino de preocupación, y por eso le pedimos que nos dé la oportunidad de expresarle a usted y al subsecretario lo qué tenemos para proponer” —agregó. Como Mujica asintió con su silencio, el joven decidió proseguir, por lo menos hasta que lo hicieran callar. “Las ausencias de los docentes nos preocupan tanto como sus niveles sicológicos, porque a veces, cuando están presentes, muestran un grado de agresividad que nos dificulta el diálogo con ellos, ¿sabe?, por eso” —prosiguió— “sugerimos que se implementen controles y evaluaciones sicológicas a los profesores, y, sobre todo, presidente, ¡que vayan a dar clase!, usted no sabe lo que faltan, no van, no dan excusas, los cursos se atrasan, y ellos nos dejan abandonados. Después se quejan de los niveles de aprendizaje, pero ¿cómo vamos a aprender si no nos enseñan? Vivimos de paro en paro, de huelga en huelga, de protesta en protesta, de movilización en movilización, y nadie se hace cargo. Lo primero que pedimos es que nos den clase, después, con los cursos completos, que nos evalúen” —concluyó el muchacho.

    Como el silencio proseguía del lado de la Presidencia, una estudiante agarró la posta.

    —“Y queremos que se nos obligue a llevar uniformes, de manera de terminar con la discriminación de los que van con los últimos championes, o con la campera más cheta, o la remera de marca más famosa. Nosotros queremos igualdad en el buen sentido, y no estamos de acuerdo con lo que algunos profes nos dicen, que los uniformes son de milicos, que lo mejor es ir como a cada uno se le cante, no señor, no es así como lo vemos nosotros” —prosiguió la muchacha —“y lo de la marihuana y el vino suelto no sabemos de dónde habrá salido, pero para nada está entre las cosas que le veníamos a plantear” —concluyó.

    —“Mirá vó…” —comentó entonces Mujica —“¿ashí que quieren orden y no maruja? ¡y yo que miabía preparao pa darles majalegría y dijtenshión en lo lisheo…! ¡Bueno, tá! Tonshe anotá ahí, Gome, que she cumpla todo lo que lo muchacho te piden ¿mentendé?, ¡toy shien porshiento diacuerdo!” —enfatizó.

    —“pero Pepe…¿vos no querías alegrarles las jornadas con la marihuana barata y el vino suelto?” —inquirió el subsecretario Gómez, ante el giro inesperado del primer mandatario.

    —“Pero Gome…¿sherá la primera vé que cambio diopinión? ¡pero papá! Como te digo una cosha…”

    —“Está bien, Pepe, me quedó claro” —replicó el sufrido jerarca.