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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNuestras expectativas como país. En las semanas previas al Mundial y durante el mismo, pudimos observar tanto en los medios como en la calle, cómo nuestra población tenía expectativas altas para nuestro equipo. Pasar de fase en la previa se daba como algo casi seguro; llegar a la final y el “1950 bis” se mencionaba como algo difícil pero factible. Ser uno de los 16, 8 o 4 mejores del mundo nos parecía (y parece) alcanzable y por nuestra historia, casi hasta un derecho.
El contraste con nuestras expectativas en otras áreas para nuestro país es enorme. Cuando hablamos de aspectos como pobreza, educación y demás, en la prensa y en nuestro entorno, nos comparamos (y parecemos satisfechos) con estar bien vs. El resto de América Latina —no el mundo—. Ahí surge a menudo la frase “comparado con la región Uruguay es uno de los mejores en...”. Pareciera que en estos temas, con los cuales vivimos a diario y que son críticos para nuestro país y ciudadanos, nuestras expectativas son medianas. No parece molestarnos estar a mitad de la tabla general que incluye a todos los países; pensamos “es lo que hay”.
Parece fundamental ajustar nuestras expectativas y aspirar a estar entre los mejores del mundo, los primero 16 o más alto aún, en otras áreas más allá del fútbol, que determinan nuestro desarrollo humano. En educación, en salud, en seguridad y más. No conformándonos con estar en la media. Porque podemos salir por fin del club de países de “en vía de desarrollo”, pero primero tenemos que proponérnoslo y apropiarnos de esta meta. Luego trabajar en consecuencia, con el esfuerzo diario y la paciencia para el largo plazo. Y hasta llegar a ser de los mejores, no conformarnos. Como en el fútbol.
Ignacio Estrada
CI 2.552.262-9