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    Mejoran cifras de empleo “decente” o de calidad, según el gobierno

    Aunque persisten “claras diferencias” entre distintos grupos de la población según su edad, sexo, raza y sector

    Ingresos adecuados, igualdad de oportunidades, una carga horaria aceptable, la posibilidad de conciliar el trabajo con la vida familiar y personal, la estabilidad, formalidad, y la alternativa de afiliarse a sindicatos. Esas son algunas de las dimensiones que definen el empleo “decente” según la Organización Internacional del Trabajo.

    En los últimos años Uruguay muestra mejoras en casi todos esos indicadores. Sin embargo, las inequidades por regiones, y entre sexos, razas, edades y sectores de actividad siguen siendo altas.

    Eso surge del “Panorama del trabajo decente en Uruguay, con perspectiva sectorial: 2006-2012”, elaborado por Federico Araya, Alvaro Brunini y Martín Lavalleja para el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS).

    Además de plantear una serie de indicadores nuevos sobre la calidad del empleo y su evolución reciente, la investigación muestra que el mercado laboral incidió en la mejora de la distribución del ingreso de los últimos años, los salarios se volvieron más equitativos y los trabajadores en situación de pobreza disminuyeron.

    Por otra parte, las diferencias entre sectores de actividad dan cuenta de grupos de trabajadores muy vulnerables, ya sea por su bajo nivel de ingresos o por los elevados índices de informalidad. Los que se desempeñan en el sistema financiero y los de servicio doméstico, por ejemplo, se ubican en los extremos de la mayoría de las comparaciones.

    Trabajo decente.

    Brunini señaló a Búsqueda que si bien “se confirmó una mejora de todos los indicadores” relacionados con el trabajo decente, queda “un desafío importante” desde las políticas públicas para “reducir las inequidades” y “apostar a que siga bajando la informalidad”.

    El documento se presenta hoy jueves 22 en la Torre Ejecutiva y es el primero que recopila este tipo de indicadores relacionados con la calidad del empleo en Uruguay. A partir de este primer informe está previsto avanzar para poder comparar con la situación de otros países y lograr un consenso sobre los indicadores de trabajo decente, explicó ese investigador.

    Las cifras más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que, en una comparación histórica, el empleo está cerca de sus máximos, mientras que la desocupación se ubica en torno a sus valores más bajos.

    El estudio del MTSS analiza el período 2006-2012, en el que la tasa de desempleo pasó de 11% a 6,5% y la de empleo de 54% a 60%. Esa mayor disponibilidad de trabajos implica más oportunidades, aunque según el documento “resulta relevante” estudiar la tasa de empleo informal, que a su vez disminuyó (de 35% a 27%).

    Los investigadores analizan también el “ingreso adecuado”, para lo cual toman en cuenta el incremento real —por encima de la inflación— de 81% del Salario Mínimo Nacional (SMN) y a su vez miden la proporción de trabajadores privados que ganan por debajo de ese mínimo. En 2006 eran casi 9% y el año pasado algo más de 8%; “en un contexto de aumento sostenido del SMN este resultado es un logro importante”, aunque esa cifra “se considera un problema relevante”, señalan los autores. Uno de cada tres que estaban en esa situación eran informales.

    La cantidad de ocupados en condición de pobreza era casi 25% en 2006 y esa cifra disminuyó a 8% en 2012.

    A su vez, la distribución de los ingresos laborales medida por el coeficiente de Gini —que vale 0 si es perfectamente equitativa y 1 si está totalmente concentrada— pasó de 0,497 a 0,408 en ese período; la distancia entre los que ganan menos y los que ganan más también se redujo en forma constante.

    “Lo que vemos es que el mercado laboral ha contribuido a mejorar la distribución del ingreso”, cuando a priori se “podía pensar que juega el efecto contrario y que eso se debe compensar con políticas”, explicó Brunini.

    Las horas de trabajo también hacen a la calidad del empleo. Los indicadores muestran una baja en el porcentaje de los que trabajaban más de 48 horas a la semana (de 27% a 21%) y por encima de 60 horas (de 11% a 7,5%). Los subempleados, que pretendían más horas laborales, cayeron de 13% a 7% entre 2006 y 2012.

    Los ya ocupados que buscaban otro empleo también disminuyeron de algo más de 25% a 16% en ese lapso.

    Se constató un aumento de los trabajadores sindicalizados; otros indicadores estudiados relativos a la seguridad laboral, la ocupación de las mujeres con hijos o en edad fértil o el trabajo infantil no son tan concluyentes.

    Inequidades.

    Cuando se analizan las oportunidades de empleo, el nivel salarial y la formalidad teniendo en cuenta el sexo, la raza, la edad o la ubicación geográfica de las personas, los resultados muestran diferencias marcadas.

    Las mujeres tenían el año pasado un tasa de empleo (como aproximación a las “oportunidades”) de 51%, mientras en los hombres era 70%. Si bien se produjo un aumento desde 2006 en el empleo femenino (desde 44%), la brecha es mayor a 25% entre ambos sexos. A su vez, el salario medio de las mujeres es menor al de los hombres en todos los sectores de actividad.

    Los más jóvenes también tenían menos oportunidades de empleo: 40% de los menores de 25 años estaban ocupados, cuando los que superaban esa edad llegaban a niveles de 65%. A su vez, el nivel de informalidad era de 36% y 25% para cada uno de esos grupos. Y el porcentaje de jóvenes que ganaban por debajo del mínimo era 14%, el doble que el de los de 25 años o más.

    Algunas zonas del interior muestran tasas de empleo relativamente bajas, niveles de informalidad elevados y mayor proporción de sueldos por debajo del SMN.

    El estudio también confirma que los afrodescendientes presentan mayores niveles de desempleo y una tasa de informalidad 13 puntos mayor que el resto.

    Sectores.

    Varios indicadores muestran la heterogeneidad del mercado laboral entre sectores de actividad.

    Los niveles de informalidad van desde niveles menores a 10% en el área pública, enseñanza o intermediación financiera, a 60%, 50% o 40% en “otros servicios”, “servicio de hogares” y la construcción.

    Los ingresos medios mensuales por sector también varían mucho, desde $ 7.800 en el servicio doméstico a $ 25.700 en la intermediación financiera y servicios profesionales.

    Un 25% de las personas en condición de pobreza trabajaban en el comercio y otro 15% en el servicio doméstico; en este último sector casi dos de cada diez ganaban por debajo de SMN.

    La mayor proporción de empleados con alta carga horaria se observó en el transporte, el agro, el comercio y la administración pública.

    El sector de artes, entretenimiento y recreación era el menos equitativo, seguido del financiero, mientras que en la enseñanza y la administración pública se verificaba la distribución más igualitaria de los ingresos.