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    Mercado de campos se dirige a un “estancamiento” de los precios y menos cantidad de operaciones

    Un campo agrícola en la zona de Young que estaba tasado en U$S 13.000 por hectárea, se vendió en U$S 11.300. Ese y otros negocios registrados en los últimos meses son considerados por operadores del mercado de campos y técnicos del agro como una señal de que el precio de la tierra se estancó y avizoran para los próximos años que la tendencia es más bien “a la baja”, ya sin el empuje del boom agrícola.

    Y lo mismo podría suceder con los valores de las rentas (arrendamientos) de tierras, en especial las asociadas al cultivo de granos, que también tendrán un ajuste en 2015, vaticinan.

    En otoño se negocian los contratos entre los propietarios y los agricultores de cara a la siembra de invierno (trigo, cebada y canola) y verano (soja, maíz y sorgo). Considerando la caída de los precios de los granos en el mercado internacional que se verificó en los últimos tiempos, un empresario agrícola dijo a Búsqueda que los arrendamientos “tienen que disminuir por lo menos 30% o, en caso contrario, los productores van a dejar de hacer agricultura”.

    Entre 2000 y 2013 unas 7,5 millones de hectáreas cambiaron de dueño en 32.492 operaciones de compraventa de campos, que sumaron U$S 10.365 millones, según datos del Ministerio de Ganadería. El precio promedio de la hectárea aumentó 685% en ese período, al pasar de U$S 448 a U$S 3.519. Fue un ciclo estimulado por el arribo de argentinos y otros capitales extranjeros que encontraron en Uruguay campos relativamente baratos y menos restricciones en su país para desarrollar su actividad, en un contexto de altos valores de los commodities que empieza a ser historia.

    En los últimos dos años disminuyó la cantidad de compraventas de predios rurales y el valor promedio moderó su aumento. “Fue más leve, de 8,6% en 2012 y de 1,3% en 2013, lo que evidencia un amesetamiento”, señaló a Búsqueda el técnico de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (Diea) de esa cartera y encargado del relevamiento de datos del mercado, Fernando Rincón.

    “En la superficie transada la tendencia es más contundente, quedando en unas 350.000 hectáreas vendidas” en los años recientes, comentó.

    La Diea todavía no publicó información sobre el valor de la tierra, pero los datos “serán muy parecidos” a los de 2013, estimó Rincón.

    En 2014 la cantidad de operaciones “es claramente inferior a otros años” y “el precio en dólares corrientes se estabilizó”, complementó el técnico y ex director de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria Martín Buxedas, en un reciente trabajo sobre el tema. Ese informe, basado en el registro de compraventas de campos mayores a 500 hectáreas del Instituto Nacional de Colonización (INC), compara las transacciones concretadas en el primer semestre de los últimos años: hubo 53 en 2012 que involucraron 54.342 hectáreas, fueron 38 negocios por 129.095 hectáreas en 2013 y las cifras cayeron a 17 y 19.993 en 2014.

    En 2012 y 2013 el precio medio por hectárea —en base a los registros del INC— fue de U$S 4.200.

    Respecto a los motivos que incidieron en la disminución de la cantidad de operaciones, Buxedas plantea que podría explicarse por la convergencia de varios factores que han actuado una vez superados los problemas generados por la crisis económica internacional de comienzos del milenio. “Los resultados de las empresas, en algunos casos asociados al aumento de la productividad, estimulan la permanencia y desaconsejan” la venta de los campos, señala.

    Otro factor es que “los propietarios locales que permanecen en el agro tienen mayor arraigo a la actividad agropecuaria, o a la condición de arrendadores, que la mayor parte de los que vendieron sus campos en los años del boom de precios de la tierra”, sostiene Buxedas.

    Además, dice que “las expectativas de los potenciales vendedores de tierras se formaron durante el gran auge de los precios en años anteriores, y ahora les resulta menos atractivo vender activos que se espera continúen valorizándose”.

    Explica que en un escenario de “menores expectativas” de los inversores a escala internacional, en Uruguay “se redujo el atractivo relacionado con la brecha de productividad y los bajos precios de la tierra y los arrendamientos”. Y concluye: “Si se consideran válidas esas argumentaciones, podría anticiparse la continuación de una caída o moderación de las transacciones de tierras y un estancamiento de los precios”.

    Las expectativas de los empresarios del agro no son las mismas debido a la baja de los valores de los granos y otros productos primarios en el mundo.

    Teniendo en cuenta que “el principal fundamento del valor de los campos es la renta esperada por parte de los posibles demandantes, tomando en cuenta el riesgo y el costo de oportunidad de la inversión”, el precio de la tierra “podría disminuir algo”, evalúa Buxedas.

    Aclara que, no obstante, en el corto plazo operan “factores inerciales como la menor oferta (ya que nadie está apurado por vender)” y otros, como la especulación sobre la valorización de activos y su condición como reserva”.

    Arboles y granos

    Las compras de grandes extensiones de tierras para la plantación de árboles vinculadas a emprendimientos forestales fueron una constante en años anteriores, pero luego decayeron al encarecerse los campos y debido a un cambio de estrategia de desarrollo de las empresas.

    Las forestadoras apuestan a realizar acuerdos con productores propietarios de tierras que estén dispuestos a destinar parte de su predio a la silvicultura, pudiendo establecer una asociación en esa actividad y el reparto de la venta de los árboles o ceder en arrendamiento una porción del campo.

    Respecto a qué puede pasar en los años venideros en el mercado de campos, algunos empresarios del agro consultados por Búsqueda coincidieron en que habrá una ralentización de los negocios y del ritmo de alza que venía registrando el valor de la hectárea. Lo que podría generar una nueva movida en el mercado es la instalación de una tercera planta de celulosa en el país, dijeron.

    El vicepresidente de operaciones en América del Sur de la forestal Weyerhaeuser, Álvaro Molinari, consideró “probable que la tierra siga apreciándose pero en forma mucho más lenta” que en años previos. Esa firma tiene una industria de tableros contrachapados en Tacuarembó y posee 138.700 hectáreas distribuidas en ese departamento, en Rivera, en Treinta y Tres y en Cerro Largo.

    “La tierra es un bien escaso en el mundo y por lo tanto, la inversión en campos sigue siendo una buena opción como refugio del capital a largo plazo”, opinó el presidente de la Cooperativa Agraria Nacional (Copagran), Matías Mailhos. Coincidió con Molinari en que las compraventas no tendrán el dinamismo alcanzado en el pasado reciente.

    En los últimos 10 años se dio una “carrera de alza creciente de precios de los productos del agro que, ayudados por el clima y la tecnología, permitieron alcanzar una actividad rentable y atractiva, que atrajo a muchos capitales del exterior y de afuera del sector”, argumentó el ejecutivo.

    Este año, uno de los negocios que involucraron una extensión importante de tierras fue la venta de la empresa El Tejar, de origen argentino, a la sociedad local Union Agriculture Group (UAG), conformada con fondos de inversión y pensión de Canadá, Estados Unidos y Francia. Ese negocio se concretó en febrero y comprendió unas 67.000 hectáreas.

    La compañía Olam, propietaria de la firma New Zealand Farming Systems Uruguay, vendió en abril casi 8.000 hectáreas a dos empresas agrícolas y se quedó con 28.700 hectáreas en las que produce miles de litros de leche. Ese grupo procedente de Singapur anunció en setiembre la inversión de U$S 80 millones para instalar una industria láctea en el mercado uruguayo.

    Y en los meses recientes hubo algunas transacciones que involucran a empresas forestales para hacerse de campos en zonas más cercanas a la planta de producción de pasta de celulosa de Montes del Plata, ubicada en Punta Pereira, departamento de Colonia, contaron a Búsqueda operadores del mercado de inmuebles rurales. Señalaron que esa firma, conformada por Stora Enso (Suecia-Finlandia) y Arauco (Chile) vendió algunos predios que tenía en Tacuarembó porque estaban lejos de su emprendimiento industrial.

    Tierra versus productos

    La escalada en el precio de los campos durante la última década superó a la valorización de lo que en ellos se produce, como puede observarse en la relación entre los kilos o litros que precisa un ruralista para adquirir una hectárea de tierra.

    Una década atrás el ganadero necesitaba 575 kilos de carne para comprar una hectárea y en 2013 precisó 1.823 kilos, mientras que en el caso del tambero ese costo aumentó de 3.186 a 8.379 litros de leche, según datos de la Diea.

    A su vez, para comprar una hectárea de campo en 2003 el agricultor precisaba 2.143 kilos de soja, 2.838 kilos de trigo y 2.320 kilos de arroz. Diez años después el productor requirió 7.052, 11.315 o 13.229 kilos, respectivamente.

    En esa relación el mayor aumento se dio al comparar el precio de la tierra con el valor de la madera, que pasó de 9.773 kilos en 2003 a 41.959 en 2013.

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