“Es retomar el concepto de los acuerdos comerciales”, dijo. “Yo aceleraría todo lo que pudiera con la Alianza del Pacífico, retomaría la posibilidad de hacer algo con China y con Estados Unidos”.
Lacalle Herrera, que en estos días le enviará una copia del libro a su hijo, opinó que “va a ser duro” convencer al gobierno argentino de seguir ese camino, pero consideró que terminará por aceptarlo porque se le va la vida en mejorar su economía.
—En su libro usted dice que el “balance” del funcionamiento del Mercosur desde su creación es “sensiblemente negativo”. ¿Por qué?
—El libro no es una obra académica, no es una obra de un experto en derecho internacional, es la obra de un observador y partícipe —a veces principal y a veces menos importante— de ese proceso. Como surge de la lectura del libro, el Mercosur tiene dos tiempos: desde su fundación y hasta la aparición del Mercosur político aupado por Chávez y todo lo que organizó el Foro de San Pablo. Me parece que el más grande desvío fue, justamente, transformar en política y en política de identidades ideológicas una organización que era fundamentalmente económica y comercial. Cuando se convirtió en una especie de “club” de gobiernos de similar tendencia, es cuando para mí terminó el Mercosur como lo habíamos concebido.
—¿Este balance implica que se arrepiente de haber impulsado la creación del Mercosur?
—No, arrepentimiento no. El impulso de su creación fue lógico, lógico geopolíticamente. Mirando el mapa, los ríos articulan comercialmente una vasta región de América del Sur, creo que ahí se reconoció una realidad geopolítica y mientras se mantuvo dentro de lo que era económico y comercial, creo que tenía una lógica. Lo que quizás no evaluamos en aquel momento era la inercia del mayor peso de Brasil y Argentina, que creíamos que con esto lo licuábamos o lo ordenábamos en una organización de cuatro. Y luego la ola de ideologización que trajo el comandante Chávez, como sucesor de Fidel Castro, y que, repito, convirtió a la organización económica y comercial en una organización de corte ideológico.
—En el libro usted dice que “soplan sanos vientos de cambio” en el Mercosur. ¿A qué se refiere?
— Creo que hay un ánimo al menos de tres países —Brasil, Paraguay y Uruguay— de hacer el Mercosur más pragmático, llevarlo al plano del comercio y ahí lograr lo que se buscaba, que era mayor prosperidad a través del mayor comercio.
Hay que bajar del plano de las afinidades o no afinidades políticas al plano del comercio. ¿Cómo pueden entenderse un Brasil y una Argentina que están tan distantes en lo que es la visión del mundo? Desde lo comercial. Tanto al Brasil de Bolsonaro como a la Argentina de Fernández el tema comercial les tiene que interesar, porque se les va la vida en esa relación que es muy intensa. Esto vale para los otros dos países del Mercosur también.
—Pese a esa luz de esperanza, también escribió acerca del “empuje de concepciones diversas” que resurgió entre Argentina y Brasil. Usted dice que Uruguay debe mantenerse como fiel de la balanza. ¿Es posible con Bolsonaro en un extremo y Fernández en el otro?
—Sí. Uruguay no puede pretender hacer más de lo que su situación de pequeñez y de escasa población y escasa relevancia económica le pueda permitir. No creo que Uruguay deba ser componedor entre esos países, pero sí tratar de convencer. Mi opinión —ponga esto en mayúscula, porque son solo mis opiniones, no tengo ninguna responsabilidad política ahora— es que se puede lograr convencer a una Argentina, que vaya si necesita oxígeno de carácter económico, de que más allá de los pensamientos de las cúpulas políticas, la nación argentina, la nación brasileña, y Paraguay y Uruguay necesitamos el comercio para lograr prosperidad.
—El entonces presidente José Mujica decía que Uruguay tenía que subirse al estribo de Brasil aprovechando su crecimiento económico y la cercanía con sus gobernantes. Hoy Bolsonaro parece estar dando señales de cierto interés de tener como aliado a Uruguay. ¿No habrá que subirse otra vez al estribo de Brasil?
—A mí me pareció muy lamentable esa opinión de Mujica. Uruguay no tiene que ir al estribo de nadie, tiene que contemplar sus intereses, y sus intereses no son copiar ni estar en el estribo de nadie, ni de Brasil ni de Argentina. Uruguay tiene que buscar, desde el punto de vista de los intereses nacionales, la mejor manera de que esto funcione. Otro de los extremos es que se habilite la posibilidad de eliminar la resolución 32/00, que es la que impide que se hagan acuerdo bilaterales como el que tenemos con México. El gobierno actual del Uruguay está muy claro en eso, y no es en el estribo de nadie.
—Eliminar la resolución también habilita que Brasil, por ejemplo, pueda negociar por su lado. ¿No supone un riesgo para Uruguay?
—No creo. Primero, la realpolitik nos dice que Brasil ya está en un cambio sustancial de su manera de encarar la organización. Creo que eso Uruguay lo tiene que aprovechar, pero esto no implica ir a su estribo ni hermanarse con nadie. Si Brasil está en una sintonía que a nosotros nos conviene y Paraguay está en la misma sintonía, bueno, somos tres dentro de cuatro. Por la regla de unanimidad que rige al Mercosur no se pueden tomar medidas sin el acuerdo de todos, pero creo que un razonamiento de conveniencia, a la propia Argentina le tiene que convenir.
—Usted es muy crítico con el Parlamento del Mercosur. ¿Por qué?
—Creo que el capítulo es bastante, bastante claro que no es un Parlamento. Del momento en que no puede aprobar normas que sean obligatorias, llamémosle leyes en el ámbito interno, se ha convertido en una reunión de gente con buena voluntad. Pero si mira las resoluciones que adopta son totalmente periféricas, no tienen nada que ver con lo que es un Parlamento.
—¿Esos vientos de cambio que percibe se expresan en el cierre de las negociaciones con la Unión Europea y en las otras posibilidades sobre la mesa?
—Lo de la Unión Europea tampoco es tan fácil, porque hay 27 países que lo tienen que aprobar en Europa y tengo dudas de que todos lo hagan, pero eso es una especulación. En general, es retomar el concepto de los acuerdos comerciales. Yo aceleraría todo lo que fuera con la Alianza del Pacífico, retomaría la posibilidad de hacer algo con China y con Estados Unidos. Fíjese que Chile tiene como 70 u 80 tratados de libre comercio, nosotros tenemos tres o cuatro, con Israel, los palestinos y alguna cosa muy pequeña. En este momento estamos pagando en China como US$ 200 millones de aranceles por ingresar nuestros productos, esos son los grandes obstáculos que tiene el país para crecer.
—¿Salir del Mercosur es inviable?
—Cuando era senador planteamos una pausa y reflexión, parar un poco el funcionamiento para ver si íbamos bien, si había que rectificar el rumbo, ver si hay que transformar el mercado común en una zona de libre comercio.
—Más allá de que sea una experiencia no satisfactoria, según su evaluación y la de algunos gobiernos, Uruguay nunca pegó el portazo y se fue.
—Bueno, el gobierno que terminó el 29 de febrero tenía una política exterior muy teñida de ideología. Acuérdese cuando Estados Unidos ofreció el tratado de libre comercio, hubo dentro del gobierno discrepancias que llevaron a que ni se considerara. Creo que ahora hay un pragmatismo mayor, hay una manera de encarar las cosas desde el punto de vista del interés nacional, al que se le sirve mejor buscando el objetivo de la prosperidad a través del comercio.
Dentro del Mercosur hay una tarea de convencimiento de uno de los socios, en este caso, de que conviene a los intereses nacionales —nacionales, no de los gobiernos que son pasajeros por definición— el abrir el comercio para que haya más prosperidad.
—Las señales que dio el gobierno de Alberto Fernández han sido ambiguas respecto a la apertura comercial. ¿Le preocupa una vuelta al proteccionismo en Argentina?
—Me preocupa si lo miro desde el punto de vista del interés uruguayo, porque creo que no coincide con el interés nuestro. Pero es una cuestión soberana, la Argentina puede hacer lo que quiere. Yo no soy quién para indicarle quién tiene que gobernar Argentina, de la misma manera que nos resultó siempre muy desagradable que viniera el señor Fernández a entrevistarse con los candidatos del Frente Amplio, en una intromisión que los integrantes del Frente Amplio hicieron con las elecciones de Brasil. Esas cosas tendrían que estar prohibidas.
—¿Pero va a ser difícil convencer a Argentina?
—No estoy planteando futurología, digo lo que se debería hacer. ¿Que va a ser duro? Bueno, ¿qué no es duro en vida política internacional? La política comercial es de las más duras expresiones del poder y no porque sea dura la vamos a dejar de intentar.
—¿Imaginaba cinco años atrás a un gobierno blanco apoyando la reelección de Luis Almagro en la Organización de Estados Americanos?
—Este no es un gobierno blanco, es un gobierno de la coalición y creo que todos sus integrantes han resuelto que continúe Luis Almagro. Es un personaje, una persona que ha cambiado muchísimo de opinión, ese es un tema que él deberá explicar, pero me parece normal que se apoyara a un compatriota que está ocupando un cargo tan importante.
—Algunas cosas incluidas en el libro podrían ser hasta sugerencias para el gobierno.
—Creo que desde la primera parte, donde hago el análisis del nacimiento del Uruguay, las circunstancias en que ha vivido, las dificultades que le ha significado ser un país pequeño entre dos grandes, muestro que se requiere una política exterior vigorosa, independiente y guiada por el interés nacional.
—Más aun en una época de cambio internacional a partir de la influencia de China cada vez mayor…
—Sí, también volvemos a una bipolaridad que durante mucho tiempo existió. En mi libro anterior América Latina, entre Trump y China, bosquejaba esta posición de un mundo bipolar, en el cual, a veces, los países pequeños tienen mayor latitud para moverse desde el punto de vista que hay dos centros de poder principales.
—¿No hay un riesgo de apoyarse en uno y hacer enojar al otro?
—Ni China ni Estados Unidos son frailes descalzos, ¿no? Se mueven en función de enormes intereses. Como siempre ha pasado, la política exterior ha sido una política de poder y los grandes países, las grandes potencias, de un poder descarnado. Lo que creo es que hay opciones y eso siempre es bueno.
Información Nacional
2020-03-12T00:00:00
2020-03-12T00:00:00