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    Miles de beneficiados por el Plan de Emergencia siguen en “condición vulnerable” y acuden a servicios del Estado, dice informe oficial

    Cerca de la mitad de las personas que siete años atrás asistían a los comedores o merenderos que formaban parte del Plan de Emergencia siguen aún hoy “estando en una condición vulnerable”, según un informe elaborado por el Banco de Previsión Social (BPS).

    “No puede dejar de considerarse con cierta preocupación que siete años después de terminado el Plan de Atención Nacional a la Emergencia Social (Panes) muchos de sus beneficiarios estén aún en situación de vulnerabilidad socioeconómica”, sostuvo Leticia Pugliese, de la Asesoría en Políticas de Seguridad Social, en un documento que analiza las características de los beneficiarios de programas de asistencia alimentaria divulgado por el organismo a fines de enero.

    Hoy hay unos 30.000 hogares que el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) considera el “núcleo duro” de la pobreza y que reciben una atención especial mediante programas como la Tarjeta Uruguay Social, que les otorga una partida de dinero de hasta $ 4.500.

    El Plan de Emergencia fue una de las principales medidas tomadas durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez (2005-2010). Estaba dirigido a la población más vulnerable y consistió en brindarles prestaciones monetarias, salidas laborales, atención urgente de las viviendas en peor estado y atención en salud y educación. El Panes —que se aplicó entre 2005 y 2007— tuvo un costo de unos U$S 226 millones. Unos 230.000 hogares se presentaron como aspirantes a integrar el plan, pero por diversas razones se descartaron 129.000.

    El documento elaborado por el BPS analiza el impacto de dos programas: el de comedores y el de la canasta alimentaria. Para ello tomó en cuenta la Encuesta Longitudinal de Protección Social (2013), que abarca un universo de 2,7 millones de personas (uruguayos mayores de 14 años).

    Según surge del informe, unas 13.000 personas han concurrido a un comedor o merendero. De ese total, el 42% vivió en un hogar que cobraba alguna ayuda monetaria del Panes. “Esto da cuenta que cerca de la mitad de usuarios de este programa se encontraban siete años atrás en situación de extrema pobreza, y aún hoy siguen estando en esa situación”, sostuvo el estudio.

    Las modalidades de merenderos son variadas. La más conocida es la del Instituto Nacional de Alimentación, donde concurre el 42,5% de la población que utiliza ese servicio. El 26,7% asiste a los comedores municipales, 15,6% a merenderos de organizaciones no gubernamentales y 14,5% a los que administra la Iglesia. Luego, con porcentajes menores, figuran comedores de clubes de niños y el comedor universitario.

    Por otra parte, unas 72.500 personas reciben una canasta alimentaria —destinada a familias más pobres, con foco en madres embarazadas o en periodo de lactancia, y en aquellas que presentan riesgo nutricional.

    El 27% de las personas que reciben ese beneficio vivieron en un hogar que cobraba alguna prestación monetaria del Panes. “En el diseño de las actuales políticas sociales (Panes entre 2005-2007 y Plan de Equidad desde 2008 en adelante) el componente alimentario es parte integrante de la red de asistencia, por lo que se alcanza a la misma población, por distintos programas. No obstante, se destaca que algo más de la cuarta parte de los beneficiarios de este programa siguen estando en situación de vulnerabilidad social, a pesar de la reducción de la extrema pobreza a la que contribuyó dicho plan, de acuerdo con evaluaciones realizadas por el Instituto de Economía de la Udelar”, escribió la autora.

    El tipo de canasta que más se reparte es para niños con bajo peso o riesgo nutricional (35,7%), y luego las destinadas a los pensionistas (15%) y diabéticos (6,2%).

    El informe señaló que al tomar en cuenta la variable sexo “no se encontraron diferencias significativas en los usuarios de comedores o merenderos”. No obstante, entre quienes reciben la canasta alimentaria, la mayoría son mujeres (58%).

    “Los tipos de hogares en los que están más representados los usuarios de comedores y merenderos gratuitos, con relación a los no usuarios, son los que no tienen núcleo conyugal (...), los biparentales con hijos, y los unipersonales”, afirmó Pugliese en el documento. En cambio, los hogares monoparentales y extendidos, si están en condiciones de vulnerabilidad social, “parecen ser más proclives a pertenecer a la población objetivo del programa alimentario nacional con entrega de canastas alimentarias que al del sistema nacional de comedores”.

    El estudio también analizó la variable ocupacional. “Es principalmente en las categorías ocupados, desocupados, e inactivos, donde se hacen notorias las diferencias entre beneficiarios (mayormente desocupados e inactivos) y no beneficiarios (mayormente ocupados) de programas de asistencia alimentaria. La ocupación, entonces, sería una importante condición para salir de la situación de vulnerabilidad socioeconómica en la que se encuentran quienes tienen que recurrir a programas asistenciales para cubrir sus necesidades de alimentación”, concluyó.