Es tiempo de pelusitas de los árboles. Con los vientos primaverales, llegan las alfombras amarillas.
Es tiempo de pelusitas de los árboles. Con los vientos primaverales, llegan las alfombras amarillas.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Y el “barrido primaveral”? Las pelusitas y la basura continúan su danza, son un clásico.
Largas páginas se han escrito en las cartas de lectores de la prensa donde año tras año (el eterno retorno, el perpetuo cambio estacionario), los montevideanos aúllan enumerando sus alergias, sus estornudos, sus ojos hinchados, sus caños tapados.
Todos protestan contra la pelusa de los árboles, pero luego, cuando se la lleva el viento y la lluvia, la olvidan.
Podemos encontrar un culpable. ¿Quién fue el nabo que plantó este tipo de plátanos? Tal vez quienes los plantaron no tendrían idea de que algún día Montevideo sería tan mugriento. Tal vez su idea de urbanismo traía consigo la imagen de un barrendero perpetuo.
Me propongo conversar con algún colega de Biología, consultarle si es posible modificar genéticamente esos bellos árboles cuya sombra amamos en verano. Seguro que me dice que es un disparate.
(Por cierto, las salas de profesores son una verdadera universidad. En los cinco minutos de recreo un profesor puede preguntar a sus colegas datos de Ecología, de Historia, de Ortografía). Siempre habrá un docente dispuesto a aclarar dudas.
Y así uno se entera de que esa gente que es considerada por los políticos como “el Eje del Mal” —como señaló el desplazado director de Educación, maestro Mir— es una rica fuente de conocimiento. A menudo me sorprendo cuando descubro que los docentes no solo son titulados del IPA sino que pueden ser licenciados en su disciplina. Otros tienen posgrados, maestrías o, además de profesores son, por ejemplo, psicólogos, ¡o músicos, o actores!
Pero resulta que toda esta gente que está en la primera línea de fuego de la pobreza y la conflictividad social, que convive día a día, codo a codo, con las nuevas generaciones uruguayas (y del mundo del siglo XXI), ha de ser modificada genéticamente.
De ningún otro modo me explico la metáfora “cambiar el ADN de la educación”. Hacer profesores transgénicos. Porque la educación la llevan a cabo, desde tiempos inmemoriales, seres humanos. Llámese maestro y discípulo, educadores y educandos, profesores y alumnos, docentes y estudiantes.
Es en esa relación de a dos, que dura mucho tiempo (el aula es espacio y también tiempo), donde se juega la memoria de las generaciones, el legado y también el cambio.
Cada vez que voy al médico me atienden en cuatro o cinco minutos. Rara vez me miran a los ojos, pues suelen estar firmando recetas de otros pacientes. Entran constantemente las enfermeras a plantear problemas administrativos, me echan pronto del consultorio con dos o tres papelitos en la mano.
Pero ahora, algunos médicos uruguayos están convencidos de que a la educación hay que hacerle cambios genéticos.
¿Qué harán de nosotros?
¿Seremos como el aceite de las góndolas de ofertas del súper? Los aceites de soja están allí, en fila, transgénicos y baratos.
Así los médicos planifican la educación.