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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSe llama Nelly Fernández y tiene 93 años. Hoy vive en un residencial geriátrico y padece demencia senil severa. Su mundo mental es impenetrable y aunque por instantes conecta con la realidad es por algún estímulo externo muy potente y en general vinculado a un pasado muy lejano en el tiempo. Fue funcionaria de Ancap durante más de 50 años y se jubiló en 1998 a los 70 años de edad. Cinco años antes y cuando presentó su primera solicitud de jubilación, quien era por entonces presidente de Ancap, el economista Eduardo Ache, le dijo, palabras más palabras menos: “Nelly, usted no se puede jubilar ahora. Ancap tiene diferencias del 40% en el inventario de portland. Usted me lo tiene que resolver”. Entonces de la gerencia de Compras de la División Combustibles pasó a la gerencia general de la División Portland.
La primera actividad en su nuevo cargo fue irse sola en su auto a la planta de Manga a las tres de la mañana. Y en 10 minutos descubrió el origen de las diferencias de inventario. Los camiones que llegaban a cargar portland se pesaban en la balanza con las cuatro ruedas sobre ella, pero cuando salían dos ruedas iban sobre la balanza y las otras dos por fuera. Al día siguiente contrató a una empresa de videovigilancia y de nuevo de madrugada se instalaron de manera discreta las cámaras que durante una semana grabaron este modus operandi. No recuerdo cómo terminó esta historia desde el punto de vista administrativo y judicial. Tampoco es importante. Sí sé que se terminaron los faltantes de portland.
El gráfico que sigue muestra el resultado de su gestión al frente de la división entre 1995 y 1998 y durante un período de 10 años.
Mirarlo me llena de orgullo. Si pudiera verlo y entenderlo ella también estaría orgullosa. Ancap y su familia fueron las cosas más importantes en su vida.
Si el final de su carrera fue exitoso el inicio marcó su impronta. Proveniente de un hogar humilde de inmigrantes españoles, a los 19 años se presentó a un concurso de oposición y méritos. El tribunal lo integraban tres prestigiosos funcionarios fundadores de Ancap. En su exposición oral uno de los jurados no le dio el puntaje máximo. Ella lo enfrentó con fundamentos y personalidad. No aceptaba que lo suyo no fuera de excelencia. El jurado que se negó a cambiar su calificación terminó enamorándose de esa joven inteligente y valiente. Y ocho años después nací yo.
El próximo 15 de octubre se cumplen 90 años de la fundación de Ancap. Desde estas líneas vaya mi más sentido y profundo homenaje a mi madre, a mi padre, don Arnoldo Delgado Parodi, y a todos los servidores públicos que ejercieron y ejercen su función desde la honestidad, el compromiso, el apego a la ley y a las normas y la eficiencia como faro de la gestión. También mi agradecimiento al actual presidente de Ancap, el ingeniero Alejandro Stipanicic, por haber colaborado a facilitar la información de base.
Arnoldo Delgado Fernández
CI 1.227.394 - 4