N° 1854 - 11 al 17 de Febrero de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTras una década de ejercer responsabilidades de gobierno la administración frenteamplista tiene claro que para avanzar hacia estados superiores de desarrollo es imprescindible regenerar una cultura del trabajo. Cultura que el país tuvo en el pasado y que en el último medio siglo se fue perdiendo progresivamente como consecuencia de un conjunto de cambios políticos y sociales, del deterioro de ciertas instituciones y de una crisis de valores.
Durante la campaña electoral del 2014 Tabaré Vázquez y Raúl Sendic pusieron el tema sobre la mesa y a mediados del año pasado el ministro de Trabajo, Ernesto Murro, actuando como portavoz del Consejo de Ministros, consideró “estrategia principal de su cartera” establecer un “sistema de formación profesional permanente” destinado a “profundizar en la acreditación de conocimientos y competencias” de los trabajadores. A fin de “mejorar la calidad del trabajo” y “seguir avanzando en derechos y obligaciones”.
En tiempos en que el oficialismo tiene planteada una polémica en la que al menos dos corrientes discurren sobre cómo encarar el futuro económico, el ministro creyó del caso aclarar que lo que se pretende “no es más explotación”.
La preocupación oficial no es nueva. Responde a un dato de la realidad que sectores empresariales advierten desde mucho antes de que el Frente Amplio llegara al gobierno. Aluden a las dificultades que enfrentan a la hora de contratar personal.
El 1º de mayo del 2013, durante la oratoria del acto del “Día de los Trabajadores”, Richard Read, dirigente del gremio de la bebida y por entonces integrante del Secretariado Representativo del PIT-CNT, denunció “el atorrantismo, la vagancia, el ausentismo laboral, la falta de apego al trabajo, la pérdida de hábitos”, como lo recordó recientemente al semanario “Crónicas” (29/1/2016).
Read, cuya vinculación al Frente Líber Seregni no es un secreto para nadie, recordó que “sonó extrañísimo que un dirigente sindical (…) denunciara eso un 1º de mayo, pero era lo que todos percibíamos, lo que yo vivía en mi fábrica”. Indicó que ni el movimiento sindical ni el gobierno de Mujica, que más de una vez cuestionó la disposición y el rendimiento en el trabajo de los uruguayos (“no les gusta trabajar mucho”, son “atorrantes”), se hicieron eco de sus palabras.
“Ahora —añadió el sindicalista— después de tres años, el gobierno parece que descubrió la pólvora y dice que hay que desarrollar la cultura del trabajo”.
Read, uno de los dirigentes que refundó el movimiento sindical en los estertores de la dictadura, hoy distanciado y discrepante con la dirección del PIT-CNT, advirtió que quienes quieren recrear una “cultura de trabajo” no se preguntan “dónde se rompió, en qué momento”. Si hicieran eso, opinó, “quizás aparezcan responsables, porque encontrar cura sobre el diagnóstico es muy fácil, pero creo que hay causas en la gestión de gobierno. En estos últimos diez años de gobierno se creció en economía, pero no se creció en sociedad, por lo que hay una responsabilidad también desde el gobierno, y un déficit enorme en la educación”.
El gremialista dijo que “muchos dirigentes sindicales que no tienen exposición pública (…) opinan igual que yo” y lamentó que a “muchos (…) que realmente trabajan, que se sacrifican, los ponen en la misma bolsa de los que no hacen nada”. Read señaló también la responsabilidad de empresarios que, siendo conscientes, “poco hacen”.
Consideró que será “muy difícil (…) modificar hábitos”, porque estos no se “resuelven por decreto”. Ello requiere “voluntad” y “agregarle pienso, presupuesto y decisión política”.
“Ojalá que —alertó— no quede solo en un discurso atrapador de votos, un discurso para la tribuna, ojalá que tenga una propuesta con contenido de modificación”.
Aporte valioso el plantear cómo y por qué se llegó a la situación actual, cómo y por qué se perdió una cultura del trabajo que el país tuvo hasta la primera mitad del siglo pasado. Un país con una sociedad laboriosa, orgullosa de sus múltiples logros en diferentes campos de actividad. Hay un tema de responsabilidades que los uruguayos hemos tratado de soslayar.
Como en todo, no hay una sola causa ni un único responsable. Un proceso que por otra parte se inició mucho antes de que la izquierda llegara al poder.
Al explicitar en junio los planes del gobierno, el ministro Murro atribuyó la pérdida de la cultura de trabajo a la dictadura y a la crisis económica del 2002. Es solo una parte de la explicación. Es una forma hemipléjica de ver el problema, una forma de evitar asumir las responsabilidades de la izquierda.
En sus diferentes versiones políticas, la izquierda marxista y filomarxista, anticapitalista, “revolucionaria”, no puede eludir su responsabilidad respecto del impacto que, sobre la pérdida de la cultura del trabajo, tuvo su discurso y su militancia pre y post dictadura. Militancia que desde fines de los años 50 machacó en la denuncia de la explotación de los trabajadores por una “oligarquía” parasitaria y por multinacionales que responden a poderosos grupos económicos.
Prédica que ganó espacios en un país estancado en tiempos en que la economía internacional registraba altas tasas de crecimiento, en el que los políticos se mostraban incapaces de encontrar un camino superador de sus diferencias, en el que florecieron la agitación y las tensiones sociales, y en el que luego sobrevino la violencia política, la represión, la dictadura y el inevitable ajuste económico.
A partir de dicho discurso tenía “lógica” concluir que no había por qué mejorar el desempeño laboral si en la sociedad capitalista impera una “lucha de clases”, si el patrón es un explotador que se apropia de “la plusvalía”. ¿Por qué esforzarse si el camino para progresar en la vida no depende de mi esfuerzo y capacitación sino de la afiliación y lealtad al sindicato?
¿Podrá este discurso ser ajeno a la desidia, al ausentismo, al bajo rendimiento, a la falta de apego al trabajo, al atorrantismo que denunció Read en el acto del 1º de Mayo del 2013?
A un mes y medio de la elección presidencial de octubre de 2014, durante un acto de campaña, Raúl Sendic sostuvo que “el trabajo enaltece al individuo, genera valores, conocimientos, habilidades y experiencias que nos permiten ser cada día mejores seres humanos”, porque “el trabajo como actividad contiene un potencial liberador y es una fuente de expresión de riqueza social”.
Una afirmación que entronca con un enfoque que la izquierda sustentó en la primera mitad del siglo pasado. Pero cualquiera diría que hay un cambio en el discurso que las generaciones más jóvenes escucharon de los políticos de izquierda. La diferencia habrá que buscarla en la responsabilidad que tienen tras una década en la que, pese a privilegiar los intereses de los trabajadores, el gobierno encuentra en el ámbito laboral y en el sistema educativo un freno en vez de un impulso a su estrategia de desarrollo.