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En reciente nota editorial1, con el título Demasiados Antel Arena, Búsqueda informó que la Fiscalía archivó la investigación en torno a la construcción del Antel Arena.
El costo final de la obra, ubicado en torno a los 120 millones de dólares, triplicó el monto de la inversión prevista al inicio. El desfasaje de 80 millones de dólares luce injustificable si se acepta el uso de las mejores prácticas profesionales en la formulación, evaluación y ejecución de los proyectos de inversión.
Según el semanario, la Fiscalía estableció en su sentencia que no pudo detectar que los jerarcas públicos hubieran delinquido, aunque sí existieron fallas en el proyecto de la obra.
El editorialista opina que el caso ejemplifica una conducta inconveniente, de larga data en los estamentos políticos de nuestro país. Se estaría refiriendo a que, para lograr sus objetivos electorales, algunos candidatos usan como plataforma de lanzamiento las acciones que desarrollan en cargos relevantes que han ocupado en las empresas públicas.
En la parte final de su nota, el autor afirma que las empresas estatales deberían ser manejadas como verdaderas empresas. Por lo tanto, en la provisión de sus cargos de conducción se debería ubicar a profesionales con formación especializada en la dirección de organizaciones.
Esta opinión periodística trajo a mi memoria hechos pasados, ocurridos durante las últimas casi dos décadas en que gobernaron las dos agrupaciones que estructuran la política partidaria en el país: el Frente Amplio y la coalición multicolor.
En medio de múltiples recuerdos sobre los que ya he escrito, retornó el Dr. Tabaré Vázquez en Consejo de Ministros del año 2006, donde anunció que en un año su gobierno alcanzaría la reforma del Estado, a la que calificó como “madre de todas las reformas”.
Otro hito que llegó a mi mente fue la recapitalización de Ancap en 2015-2016, para compensar parcialmente pérdidas por 800 millones de dólares acumuladas en varios ejercicios. Según el ministro de Economía de la época, los resultados negativos eran atribuibles a falencias registradas en la gestión del ente.
También recordé el Compromiso por el país, acordado el 5 de noviembre de 2019 por quienes hoy gobiernan. En el apartado 3, titulado Las empresas públicas al servicio de la gente, los firmantes asumieron la responsabilidad de poner en práctica medidas como las siguientes:
Aplicar a las empresas públicas las mejores prácticas de gobierno corporativo.
Aprobar un manual general de principios de gestión de empresas públicas y de protocolos para la selección de integrantes de los directorios.
Promover la designación de directorios profesionales y establecer la obligación de coordinar con el Parlamento la presentación y el seguimiento de los planes estratégicos.
Como si deseara dar mayor fuerza y certidumbre a la implementación de estas decisiones, pocos días después nuestro actual presidente afirmó que iba a terminar con el carnaval de las promesas del gobierno del Frente Amplio.
En este punto quiero dejar constancia de que coincido absolutamente con la orientación del editorial de Búsqueda, con las tres acciones planteadas en el Compromiso por el país de la Coalición Republicana y, también, con la advertencia del Dr. Lacalle Pou.
Lo he sostenido en innumerables oportunidades y está reiterado en mi reciente libro Alforja con mis recuerdos, editado sobre fines del año pasado2. El relato XIV, guardado en la segunda bolsa, se titula: Recuperar a las instituciones públicas: advenimiento de la dirección profesional. Seguidamente, transcribo algunas frases tomadas del texto.
• Es urgente ubicar en el camino correcto a las entidades públicas que, tal como funcionan, se apartan del logro de sus fines.
• La acción para recuperarlas debe comenzar con la profesionalización del gobierno corporativo de dichas instituciones.
• Ello implica que sus integrantes actuarán apoyados en los conocimientos teóricos y prácticos que aporta la ciencia de la administración.
• Resulta imprescindible que los directores cuenten con formación terciaria en administración de las organizaciones.
• No es estéril destacar que con sus decisiones ellos procurarán el bienestar de los ciudadanos, desterrando por completo la satisfacción de sus propios intereses.
• Si no se comienza a trabajar de inmediato en el diseño de un programa que profesionalice la gestión de las empresas públicas, solo tendremos promesas políticas y esperanzas ciudadanas, pero no proyectos en ejecución.
Para poner en marcha ese programa la autoridad política, con el asesoramiento de científicos en administración, podría crear una unidad ejecutora de la reforma, que definiría la orientación para los equipos que se encarguen de los proyectos que se diseñen. También sería conveniente tramitar el muy probable financiamiento de un organismo multilateral para cubrir el costo asociado a una iniciativa de esa naturaleza.
Dada la coincidencia de propósitos puesta de manifiesto por las dos grandes colectividades políticas del país, el tiempo disponible hasta el próximo cambio de gobierno permitiría instalar la infraestructura que daría posterior impulso a la refundación institucional.
Sería un excelente mensaje que el estamento político enviaría a todos los ciudadanos en período preelectoral, lapso que por lo habitual solo conoce intolerancia y agresiones mutuas entre las partes.
Lo del título: no hay peor gestión que la que no se hace.
Julio César Porteiro
CI 792.451-8
1 No 2.266, 29 de febrero al 6 de marzo de 2024.
2 Alforja con mis recuerdos. Primera edición: noviembre de 2023. Páginas 193 a 207.