En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Había cierta expectativa por conocer este episodio en la vida de Alfred Hitchcock, “Hitch” para sus amigos, “el maestro del suspenso” para la propaganda, uno de los mejores directores de la historia del cine para los críticos y cierto público especializado. El telefilme de HBO “The Girl”, exhibido recientemente, mostraba a Toby Jones caracterizado como Hitchcock y acosando sexualmente a Tippi Hedren (Sienna Miller) en la filmación de “Los pájaros”. La mediocridad de esa barata realización no permitía que asomara un atisbo de talento en el genial director británico, rebajándolo a la triste figura de un gordo libidinoso obsesionado por una rubia que lo rechazaba. La verdad de esa historia quedaba reducida a una verdad a medias, que desaprovechaba ahondar en todos y cada uno de los oscuros instintos del auténtico Hitchcock.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Esta nueva película de Sacha Gervasi toma otro instante de su vida (y de su carrera), previo a “Los pájaros”, en 1960. Es cuando Hitch, luego de haber expuesto sus obsesiones sexuales en “Vértigo” (que no fue un éxito de público), se desquitó filmando una aventura de espionaje llena de humor y de acción (“Intriga internacional”) que recuperó su cartel de director taquillero. Ahora, sin embargo, se enfrenta a los jerarcas de la Paramount que no ven con buenos ojos su próximo proyecto porque temen otro fracaso como “Vértigo” y aspiran a que el director haga otra “Intriga internacional”, que le había hecho ganar dinero a él pero no a la Paramount, porque la distribuía la MGM. Pero Hitch se para en los pedales e insiste en filmar “Psicosis”, una novelita barata de Robert Bloch que viraba el estilo de cine de suspenso hacia el terror gótico, con un asesino serial que descuartizaba mujeres. ¿Quién querría ver eso?
Todo el asunto de Hitch-cock se centra en esa historia. Al principio es difícil aceptar a Anthony Hopkins detrás de un espeso maquillaje que sin embargo no hace que se parezca en lo más mínimo a Sir Alfred. Su rechoncha figura era ya muy conocida por el público, primeramente porque aparecía en la TV presentando “La hora de Alfred Hitchcock” una vez por semana, pero también porque era el único director cuya imagen encabezaba los afiches publicitarios y a la vez muchos espectadores se entretenían esperando el momento en que Hitch hiciera su “cameo” en cada película. Todo el mundo conocía su perfil, era alguien familiar, inconfundible e inimitable. Así que pese al esfuerzo denodado de Hopkins, hay que esperar un buen rato para que su talento propio como actor haga olvidar que no se parece a Hitchcock aunque convenza finalmente de que es Hitchcock. Y lo logra solo de a ratos. En otros, se parece más a Hannibal Lecter.
Pero más que la historia de la filmación de “Psicosis”, hay otro tema que se superpone a ese. Es la relación entre el consagrado director y su esposa Alma Reville (Helen Mirren), compañera fiel de toda la vida, madre de su única hija Patricia (que aparecía en “Psicosis” aunque acá el dato se omita) y colaboradora en los guiones de todos sus filmes, los que pulía cuidadosamente sin aparecer en los créditos. También aportaba ideas e intervenía en el corte final, porque su primer oficio en Inglaterra (y a través del cual ambos se conocieron, allá por los años 20, y se casaron en 1926) era el de asistente de montaje, y de eso sabía mucho. Claro, no se parecía a Helen Mirren. La madura pero aún muy atractiva actriz británica tiene poco que ver con la pequeña y deslucida Alma, siempre tímida y en segundo plano, con aspecto de mosquita muerta tras sus lentes y su poco agraciado rostro.
Dos enormes hándicap para Hitchcock, entonces. Hay que creer (pero no sentir) que esos dos buenos actores están haciendo un buen trabajo, solamente porque son ellos: no son Hitch ni Alma. Entonces hay que seguir adelante con la trama, donde se alienta la idea de que Alma se siente atraída hacia el escritor Whitfield Cook (Danny Huston), quien igualmente le hace indisimulados avances. Según el libro “Alfred Hitchcock: A Life in Darkness and Light”, de Patrick McGilligan, ese romance existió, aunque diez años antes. Cook era íntimo amigo de la pareja y Alma, que no tenía vida sexual con su marido, frecuentaba su compañía y colaboraba en sus trabajos, tal como se ve acá. Pero Hitchcock no se sentía celoso porque pensaba que Cook era homosexual y que su mujer no era en absoluto una dama sexualmente deseable. En todo caso, Hitch era complaciente con su mujer, a quien quería como una hermana y de quien dependía enormemente tanto en el terreno profesional como en el personal. Ese es el distintivo de esta película: la relación entre el director y su mujer, donde ella adquiere una importancia enorme, incluso en el terreno creativo y artístico. No tenía siquiera celos de las famosas rubias porque creía que su marido era impotente, algo probablemente cierto.
Es ella quien lo impulsa a seguir adelante con “Psicosis” pese a la oposición de la Paramount. Aporta ideas fundamentales y hasta acepta hipotecar su casa para producir la película en forma independiente. En la realidad, Hitchcock decidió producir “Psicosis” con muy poco dinero (unos U$S 800.000) porque pensaba rodarla en el estilo barato de su serie de televisión, en blanco y negro y escasos decorados. Hay pocos detalles de esa filmación, salvo la lucha con censores que no admitían desnudos en la escena del asesinato en la ducha y objetaban que se mostrara un inodoro en primer plano, esencial para la trama. Lo más audaz sin embargo era matar a la protagonista (Scarlett Johansson, muy en papel como Janet Leigh) en el medio del filme y tratar el escabroso caso de la doble personalidad de Norman Bates (James D’Arcy, muy bien como Anthony Perkins) y los sangrientos asesinatos producidos en el motel y en la siniestra mansión de la colina. Todo eso es una subtrama que corre por detrás de la relación Hitch-Alma y la incidencia de ella en toda la culminación de “Psicosis”.
Hay cosas que funcionan mal, sin embargo. Las visiones que tiene el director del asesino serial Ed Gein (que inspiró a Bloch para su novela) hacen que ese personaje (Michael Wincott) asedie a Hitchcock en sus pesadillas, pero todo el asunto parece postizo. Otros detalles, como la entrada del libretista Joseph Stefano (un fugaz y reaparecido Ralph Macchio) quedan en el aire y no se explican demasiado. Se cuenta lo que pasó con Vera Miles (Jessica Biel), que decepcionó al director al quedar embarazada y perder el rol principal de “Vértigo”, pero se olvida que la actriz tuvo que trabajar en “Psicosis” con una peluca porque su cabeza había sido afeitada para “Cinco mujeres marcadas”, que había filmado recientemente en Italia. Acá aparece con todo el pelo, a pesar de que ese hecho fue muy comentado. Y es ridícula la escena en que el director concurre al estreno y dirige los gritos de horror del público como si fuera una orquesta.
Lo que queda claro es que la relación de Hitch con Janet Leigh no fue la misma que la que tuvo con otras rubias anteriores. Ya con Kim Novak en “Vértigo” se había liberado (al menos en la ficción) de su obsesión por ellas. En “Psicosis” llega al extremo de acuchillarlas furiosamente, pero Leigh nunca se quejó de acoso alguno y por el contrario siempre mantuvo una cordial relación con el director (en esa época estaba felizmente casada con el actor Tony Curtis), aunque el filme comete la gaffe de hacerle decir que después de trabajar con Orson Welles, nada podía ser peor. En “Sombras del mal”, Welles se portó muy bien con el elenco (Charlton Heston incluido) y todos hablaron maravillas de él. Pero esa es una de las tantas invenciones de un libreto que se va siempre por las ramas y elude lo principal: mostrar a un director genial en un momento especial de su carrera. La genialidad, empero, quedó afuera. Se dice todo el tiempo y no se muestra nunca.
“Hitchcock”. EEUU, 2012. Dirigida por Sacha Gervasi. Escrita por John J. McLaughlin sobre el libro “Alfred Hitchcock and the Making of ‘Psycho’”, de Stephen Rebello. Duración: 98 minutos.