En este verano tan atípico, lluvioso y aburrido que nos ha tocado vivir este año, ha irrumpido, gracias a la indiscutida creatividad oriental, un nuevo entretenimiento de verano.
En este verano tan atípico, lluvioso y aburrido que nos ha tocado vivir este año, ha irrumpido, gracias a la indiscutida creatividad oriental, un nuevo entretenimiento de verano.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo consiste en ir a la bañarse a la playa, ni a ver y escuchar festivales musicales al aire libre, ni en participar en alguna corrida, o en una cata de cerveza artesanal.
Se trata del Sunset Crime.
Para practicarlo, la gente se reúne a la caída del sol en alguna playa, e intercambia en forma grupal anécdotas y propuestas sobre las actividades delictivas cotidianas, y sus siempre originales y novedosas consecuencias.
La mejor anécdota de la jornada (que se cierra cuando se pone el sol) es premiada por volumen de aplausos con un nuevo cóctel, que viene haciendo furor, el Cepecé frappé. Lo del nombre está tomado de las iniciales del nuevo Código de Procedimiento Penal, CPC. También se premia la propuesta de castigo más creativa, es decir, qué clase o tipo de pena le corresponderá al criminal cuyo caso aún no haya sido sometido al veredicto de la licuadora sancionatoria llamada por el CPC “juicio abreviado”. Al ganador se le invita con otro nuevo cóctel, el Tarot Judicial, así bautizado por su creador, el popular exfiscal y hoy político, pianista y barman Gustavo Llano Zubía, quien considera que entre la justicia actual y la cartomancia no hay grandes diferencias.
El caso ganador de esta semana ha sido el de Braulio Elmal Ditto, carpintero de profesión, quien, tras cortar una gran tabla de roble, atornilló sobre la misma a su desdichada esposa, fijándola con unos grandes tornillos, que pasó a través de la yugular de la víctima, provocando su lento desangrado. El relator del caso contó cómo el asesino, tras consumar su tropelía, huyó del lugar en compañía de una vecina con la que mantenía una relación adúltera desde hacía años, deshaciéndose del destornillador en un aljibe de la zona.
Si bien en principio el asesino habría sido acusado de homicidio especialmente agravado por la brutal ferocidad, su calidad de primario sin antecedentes, sumado al hecho de que el destornillador no pudo ser hallado, con lo que faltaría el arma homicida, completado por el hecho de que la víctima, Arminda Delce Pillo, lo habría sometido durante años a malos tratos y escarnio público, llamándolo “carpintero de pacotilla” delante de sus amigos y familiares, sumado al hecho de haber huido del lugar llevándose consigo a su vecina, despreciable sujeta que tiraba todos los días la basura fuera del contenedor, quien asimismo le había matado a escobazos el gato al almacenero de la cuadra, determinó que el resultado del juicio abreviado consistiera, con el reconocimiento del imputado de los delitos por los que se le acusaba, pidiéndole disculpas a los hijos del matrimonio, quienes en todo momento mostraron comprensión por la actividad de su padre, en una condena a seis meses de estudio de carpintería avanzada en la UTU, prohibiéndosele el uso de tornillos en sus trabajos, más un año de servicios sociales arreglando las bibliotecas de las escuelas de la zona.
Una salva de aplausos coronó el triunfo de esta anécdota, superando largamente al que llegó en segundo lugar.
Este fue el caso de una ejecutiva de banca privada, la economista Zoila Master de Finanz, quien realizó un tremendo desfalco en la institución en la que prestaba servicios, desviando 27 millones de dólares a una cuenta de su marido, un ludópata incurable que se instaló en el Hotel Enjoy de Punta del Este, patinándose la mitad del dinero en la ruleta, y la otra mitad en punto y banca. Al verse descubierta por una auditoría realizada por la DGI, la estafadora secuestró al inspector de la Impositiva, sumergiéndolo en una bañera con ácido nítrico, en la que el infortunado inspector se disolvió hasta desaparecer.
Como, según relató la participante que ganó el segundo premio, la desfalcadora-homicida disolvente confesó su delito, y se propuso devolver los fondos si la dejaban seguir trabajando en el banco, agregándose que además le pidió disculpas a la familia del inspector de la DGI, quien, por otra parte, era una persona muy poco apreciada por la comunidad debido a su antipática profesión, el resultado del juicio abreviado consistió en el envío de la estafadora por un año a una escuela de finanzas bancarias de Zurich —bajo libertad vigilada—, para que se la reeducara en las buenas prácticas de manejos financieros, manteniéndosele el sueldo, pero reteniéndole el 50% con cargo, un 25% a la devolución de lo hurtado, y el otro 25% como compensación a la familia del auditor por concepto de daños y perjuicios.
Dentro de los casos aún no resueltos por juicio abreviado, el premio a la propuesta de pena más ingeniosa fue el de don Zenón Elcuchi Llero, un peón rural que incendió mil hectáreas de soja en los campos de su patrón don Aristóbulo Latifún Dista, porque el patrón se atrasó una semana en pagarle sus jornales. Cuando se comprobó que don Zenón había mirado mal el almanaque, estando en tiempo su patrón de pagarle lo que le debía, se le detuvo a la espera del juicio, aún sin resultado. Quien propuso la pena más ingeniosa fue uno de los participantes, que sugirió que se enviara a don Zenón como voluntario por un año al cuerpo de Bomberos, con libertad vigilada, más seis meses cargando bolsas de soja en el puerto.
En momentos que el ganador se tomaba el cóctel que le había correspondido tras el atronador aplauso, un tipo afanó una de las bicicletas que estaban apiladas en la entrada de la playa, perteneciente a uno de los asistentes. Los muchachos de la Prefectura lo reconocieron, y les recomendaron a los asistentes, que se aprestaban a correrlo y detenerlo, que no lo hicieran: era el mismo que había robado otra bicicleta hacía dos semanas, y lo habían dejado ir por primario tentativamente inocente.
Total, para qué. No valía la pena.