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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa decisión de no expropiar la estancia El Hervidero, en Purificación, donde Artigas había instalado su cuartel y en cuyo entorno se desarrolló una villa, es un acierto y un modelo a imitar.
La significación de lo sucedido en Purificación no pasa por la tierra, por la geografía, el paisaje, sino por las interpretaciones históricas y políticas dentro del malogrado proceso de materializar la gran federación. Para esto no se necesita ningún pedazo de tierra, pues estamos frente a una historia pródiga en documentos escritos de todo tipo.
Ante el insistente gesto del propietario de la estancia de donar dos hectáreas para homenajear a Artigas, la ministra María Julia Muñoz dijo, con tino, que con una es suficiente. Quedó así anulada la expropiación iniciada en el año 2011, que tenía para el Estado un costo de 5 millones de dólares.
Este espíritu es el que debería reinar en los actos de gobierno que están pendientes desde la administración anterior. Por ejemplo, la nueva sede proyectada para el Banco República es excesiva e injustificada en una época en que la operativa bancaria se apoya en las pequeñas sucursales y en la informática. El edificio proyectado hace unos años tenía un costo de 50 millones de dólares, que hoy ya son más. Sin embargo, es probable que ciertos lobbies consigan concretar la obra. Esgrimirán razones urbanísticas, como si el terreno elegido no admitiese otro destino, un destino compartido entre públicos y privados.
Pero más relevante aún: se debería cuestionar de raíz la idea de Antel Arena. Buenos Aires tiene millones de personas con capacidad económica de consumo en entretenimiento y cultura y no cuenta con un Arena. La ex presidenta de Antel, Carolina Cosse, dijo al diario “El Observador” que el total de funciones o aperturas anuales rondará las veinte. No informó sobre el aforo máximo, el promedio de espectadores en esas veinte funciones ni la recaudación esperada. A ojo de empresario del entretenimiento, no es posible amortizar esa obra ni financiar su costoso funcionamiento, que además exigirá inversión constante en renovación tecnológica. Son 80 millones de dólares de fondos públicos más el gasto anual de funcionamiento para un puñado de montevideanos de clase media y alta, que junto con los que puedan venir del interior representan menos de un 15% de la población. En otras palabras: el Estado uruguayo, con dinero de todos, le dará la oportunidad a un 15% de participar en alguno o más de uno de esos veinte espectáculos anuales. Para el restante 85%, lo que suceda en Antel Arena está fuera de sus intereses, aspiraciones y posibilidades.
Para terminar, volvamos a lo netamente cultural. El Museo del Tiempo está proyectado sobre las ruinas de lo que fue la Compañía del Gas. El costo de la obra es de 18 millones de dólares. La temática gira en torno a la ciencia, pero con una museografía y una didáctica especial, precisa y amigable. Ahora bien, mientras desde hace décadas los museos de todo el país piden a gritos que se invierta en ellos, que se tenga una visión estratégica que maximice las posibilidades de compartir los acervos —que es lo más importante para los ciudadanos— y con sinceras ganas de tener más público pero sin saber cómo lograrlo, se quiere imponer una visión centralista, montevideana, arropada de mucho marketing catalán. Nuevamente ciertos lobbies harán lo imposible para que el proyecto se concrete.
Se decía y se sigue diciendo “La cultura da trabajo”. Sí, también se puede decir “Alur da trabajo”, pero todo con una exagerada subvención estatal. Lo que se debe preguntar ante cualquier proyecto de esta envergadura es si es eficiente, si es necesario, si tiene perspectiva a mediano plazo de bajar significativamente la subvención, si contribuye a una distribución equitativa de recursos en el territorio, si en alguna medida colabora a generar situaciones con retorno económico, de formación, de incremento de la calidad científica o artístico-patrimonial. Esas preguntas se deben responder con indicadores y no con discursos tecno-académico-políticos.
Gracias, ministra Muñoz, por liquidar una aparatosa y poco significativa propuesta como la de Purificación. Ojalá otros integrantes del equipo de gobierno se orienten a impulsar obras y servicios públicos para la mayor cantidad de ciudadanos de todo el país y a costos razonables, propios de un Uruguay que, está claro, económica y políticamente no es el mismo que gestionó la administración anterior.
San Jorge