El número de uruguayos con título de doctorado que trabajan en el sector productivo del país es “diminuto”, el de quienes se desempeñan en el gobierno es un “poquito” más elevado, mientras que resulta “claramente hipertrofiado” el de los doctores que cumplen tareas en el área académica, sobre todo en la pública. A la vez, las interrelaciones del gobierno, las empresas y la academia son “muy débiles” en Uruguay, y las relaciones con el exterior, en estas condiciones altamente asimétricas, hacen que la enorme fuerza que tiene la academia dentro de fronteras se vuelva “insignificante” con relación a la de cualquier país altamente desarrollado.
Según ese registro oficial, el 71% de los doctores trabajan en la Udelar, el 9,6% en la educación superior privada y el 8,2% en instituciones públicas de Derecho Privado vinculadas a la ciencia, la tecnología y la investigación. Entre estos últimos la gran mayoría (7,2%) es empleada del Instituto Pasteur y del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA). Un 5% cumple funciones en la administración pública y el 4,2% en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable.
Sutz habló el viernes 16 en el marco de un seminario sobre Las trayectorias de las personas con titulo de doctorado: inserción laboral y movilidad internacional en la Facultad de Ciencias Económicas. También participó el presidente de la Agencia Nacional y de Investigación e Innovación (ANII), Fernando Brum, la coordinadora de la Comisión Académica de Posgrados de la Udelar, María Simon, y el economista senior Fernando Galindo-Rueda, por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Los doctores.
En Uruguay, el mundo académico “es muy grande y también resiliente”, aseguró Sutz. Explicó que un 75% de los docentes con régimen de dedicación total tienen doctorado. “Pero si todos los docentes tienen el título y pasan a ser empleados, ¿cuánto más puede absorber la Universidad?”, planteó.
En Europa ya se cuestionan cómo harán las instituciones académicas para absorber a los doctores. “La pregunta es obvia: ¿por dónde pensar las políticas públicas? Está claro que en Uruguay no podemos seguir haciendo crecer el número de doctores si su empleo se llama mundo académico”, porque ese crecimiento tiene “un límite a cortísimo plazo”, afirmó la especialista. Y planteó: “¿A dónde vamos? ¿A la producción o al gobierno?”.
“A mí esto lo que me hace pensar en términos de política muy concreta es en qué espacios laborales vamos a insertar a los futuros doctores”, dijo Sutz.
Sutz explicó que “la colocación de los doctores” no es un problema de “voluntarismo” sino de estructura productiva. “Hay estructuras productivas, como la de Finlandia, que tienen lugar para los doctores, y hay otras donde los doctores pueden ser eventualmente una elucubración de la política, pero no una necesidad real de la producción”, dijo. También afirmó que en el sector empresarial “la posibilidad de que otros doctores tengan realmente satisfacción en el trabajo a escala masiva es muy poca”.
Sin embargo, “en el gobierno hacen falta todos los doctores”, aseguró. “Sí queremos que los historiadores, antropólogos, sociólogos, economistas, que todos los doctorados tengan un espacio de trabajo creativo fuera de la academia, un lugar razonable son los grandes institutos de investigación que podrían crearse”.
¿Esto es ciencia ficción?, planteó la investigadora. A su juicio, no lo es, y puso como ejemplo el INIA, un instituto de investigación para el sector agropecuario creado en 1989, “desde cero, de la nada”.
“¿Hace falta decir en qué áreas necesita Uruguay institutos de investigación multidisciplinarios para recibir a los doctores de afuera y trasladar a los futuros de adentro? Piensen solo en enfermedades neurodegenerativas o en vivienda integral, que tanta falta hace para la inclusión social. ¡Tantas cosas!”.
“Sí queremos que los historiadores, antropólogos, sociólogos, economistas, que todos los doctorados tengan un espacio de trabajo creativo fuera de la academia, un lugar razonable son los grandes institutos de investigación que podrían crearse”.
Solo 13 empresas.
El presidente de la ANII coincidió con el diagnóstico y detalló una serie de “instrumentos” que trabaja la agencia para la inserción de doctores en diferentes sectores. Por año, la ANII ofrece entre 60 y 70 becas de doctorado, de las cuales 85% son nacionales y 15% para el exterior. La tasa de retención es del 93% de becarios, informó Brum. “No tenemos un proceso de pérdida de capital humano muy fuerte”, afirmó.
La principal “regla de juego” de la ANII desde 2009 es que aquellos que consiguen una beca en el extranjero, a su retorno permanezcan el doble de tiempo trabajando en el país. Hay niveles de “flexibilización” si se trabaja en proyectos comunes desde otros países en forma sincronizada con Uruguay. Hoy la comunicación es “mucho más barata” y los proyectos multicéntricos “más viables” para que el investigador que reside en el exterior se vincule a un trabajo local, explicó Brum, y esa tarea se le contabiliza como “residencia intelectual”.
Otra medida adoptada por la agencia es un programa de inserción de investigadores en las empresas, según el cual la compañía que contrata a un investigador para un proyecto recibe un subsidio de aproximadamente el 50% del salario del investigador durante dos años. Según el presidente de la ANII, hasta el momento solo 13 empresas optaron por eso.
Brum dijo que actualmente el sector productivo está incorporando algunos “recursos sofisticados” a empresas de biotecnología, de las tecnologías de la información y la comunicación, y del sector agropecuario. “Se han logrado avances, aunque no son maravillosos”.
De todos modos, insistió en que con los bajos niveles de inversión en innovación que tiene el país es “muy difícil” llevar adelante programas más ambiciosos y políticas más agresivas. “Este es un tema extremadamente importante, más en un proceso electoral. Frente a las propuestas políticas hay que llegar ‘con el caso’, con información sobre el impacto de la investigación en el sector productivo para aumentar radicalmente la inversión”, dijo.
No perderlos de vista.
La decana de Ingeniería, María Simon, destacó que “muchos” doctorados que están en el exterior manifiestan interés en volver al país y “eso quiere decir que todavía hay lugar para hacer políticas de retorno”. Simon se basó en los resultados del primer censo de doctores uruguayos e inmigrantes a Uruguay, presentado días atrás por el Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar.
Por año, la ANII ofrece entre 60 y 70 becas de doctorado, de las cuales 85% son nacionales y 15% para el exterior. La tasa de retención es del 93% de becarios
La decana también observó que es más frecuente quedarse en Uruguay entre aquellos que cursan el doctorado en el país, lo cual “incita a crear más apoyo a los doctorados locales”. Y comentó que las personas altamente calificadas “se mueven más” que el conjunto de la población.
Desde la comisión académica de posgrados, precisó que quienes se presentan a las becas son cada vez “más jóvenes” y hay un mayor pasaje de maestría a doctorado. Su unidad universitaria trabaja “números parecidos” a la ANII, con un mínimo de 50 becas completas a doctores y un total de 200 al año, con lo que dijo cubrir la mitad de la demanda académica.
Luego disparó varias preguntas: ¿queremos que todos se queden? “No. La movilidad de las personas es un fenómeno razonable y desde donde están muchas veces colaboran. Pero sí quisiéramos no perderlos de vista”. ¿Queremos que todos hagan el posgrado en Uruguay? “No, tampoco. Porque somos una comunidad chica y reproducimos prácticamente los mismos temas. También está bien que muchos, ojalá casi todos, estén por lo menos seis meses fuera del país para forjar relaciones académicas y para ver cómo se hacen las cosas en otros lados, que siempre abre la mente”.
¿Y después qué?
“Tampoco aspiramos a que todos los doctores trabajen en la Universidad. Ahí el Estado juega un papel muy importante, porque puede apalancar políticas que hagan que el sector privado cambie algunas estrategias”. Simon indicó que en Uruguay hay “muy pocos” centros de investigación: el Instituto Clemente Estable, el INIA, el Pasteur “y pare de contar”. Eso, a su juicio, “no es lógico”.
El censo de migración calificada mostró que hay 4,5 personas con nivel de doctorado cada 10.000 habitantes. Uruguay supera así al promedio de los países de la región pero se ubica “muy lejos” de los 34 de la OCDE, que en su conjunto representan el 80% del PBI mundial.