Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Sí, compatriotas, sean civiles o militares, todos somos chilenos…”. Ha muerto Patricio Aylwin, ex presidente de Chile, el que tuvo a cargo la puesta en marcha de la transición de la dictadura a la democracia y que se condujo con una máxima “suave pero firme”, que le sirvió a su gobierno y a su país para un tránsito de mucho riesgo.
Aylwin presidió Chile desde 1990 y debió sostener los primeros andamios de la reconstrucción republicana dominando los demonios del régimen que no se quería resignar y las urgencias lógicas, justificadas, naturales que demandaban la plenitud democrática ya. Seguramente contó con un gran equipo y el gran apoyo parlamentario de los partidos de la Concertación, liderados por la Democracia Cristiana Chilena, pero sin su liderazgo, serenidad y firmeza hubiese sido muy difícil y quizás imposible generar la matriz de un objetivo: un Chile plenamente democrático.
La frase del título de esta sencilla nota de respeto por su memoria, es una de las más tensas que se escucharon el día de su asunción como presidente de Chile, en el Estadio Nacional, un lugar cuyos rincones memorizaban cárcel y tortura, y que se vestía de pueblo y de fiesta para alumbrar la esperanza de la democracia. Y Don Patricio, como le dicen sus compatriotas, la pronunció elaborada, leída pausada pero firmemente, y ante la silbatina inesperada para palabras de un presidente recién estrenado, electo contra muchos de los pronósticos e intereses del continuismo, repitió con vehemencia “…Sí, compatriotas, sean civiles o militares, todos somos chilenos…”. Esa frase entrañaba una filosofía, una lógica de razonamiento y acción que iba a conducir su mandato y el estreno de un nuevo camino, largo, sinuoso, amenazante en ocasiones, pero cuyo objetivo era la reconciliación nacional.
Aylwin fue un capitán de tormenta admirable. Chile hoy, con sus avances políticos, sociales, económicos y sus ejemplos en la región, muestra que a sus pasos iniciáticos le continuaron la madurez necesaria para preservar lo que había de bueno en el pasado y derrotar y construir sobre lo malo.
97 años en plenitud son admirables, y si bien su muerte no deja de causar dolor y resignación a sus familiares, compañeros políticos y a todo Chile, alegra que un ser humano magnífico haya podido brindar tanto para su país y ofrecer ejemplo para la región y el mundo.
Que en paz descanse, Don Patricio.
Jaime Mario Trobo
Diputado Partido Nacional