• Cotizaciones
    miércoles 18 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Peleado con el mundo

    Pasado el frenesí informativo y la catarata de simpatía proveniente del Vaticano, el tema excluyente durante la cena en lo de Fortunato fue el de la verborragia agresiva “urbi et orbi” que ha derrochado a amígdalas llenas el presidente de la República.

    —“Dijo que estábamos ‘infestaos’ de contadores y escribanos, se enojó e insultó a los estancieros, volvió a descalificar a los de Pocitos y Carrasco llamándolos ‘cajetillas’, dijo que los abogados eran unos picapleitos ladrones que le corroían las entrañas a la patria, les dijo despreciativamente ‘los viejos esos’ a los ministros de la Suprema Corte, despreció a los encuestadores y dijo que no se tomaba la pastilla del Sordo, le mandó una  grosería al pobre Oddone porque le advirtió que las señales económicas no eran buenas…”—iba diciendo la esposa, cuando uno de sus hijos la interrumpió.

    —“Vieja, a Oddone le dijo que nunca se había subido a un arado, y yo me pregunto por dónde se sube a un arado, si a los arados no hay cómo subirse…” —dijo con ironía el muchacho.

    —“Se ve que el hombre anda ‘retobao’, como le gusta decir a él, y no le cierra nada. Los ministros se le desbocan, dicen cualquier disparate y no le dan pelota, los planes nunca se cumplen, las promesas tampoco, Astori reivindicó la disciplina del trabajo y le criticó a sus ‘boys’ asistencialistas de la OPP y del Mides, tuvo que salir Tabaré a decir que las sentencias de la Corte había que respetarlas y a condenar la asonada en el Palacio Piria, y que los impuestos deben salir del Ministerio de Economía, el gobierno argentino no le lleva el apunte, Cristina lo llevó al velorio de Chávez pero no lo trajo de vuelta, los asesinatos y las rapiñas suben más que los precios, que también suben sin parar y la inflación se dispara, el tiempo se le va acabando, en la vida y en la presidencia, en la chacra empieza a hacer frío de noche, y parece que hasta la Manuela se le retobó el otro día y le mordió la mano…” —dijo Fortunato.

    —“¿En serio?” —replicó rápidamente su esposa.

    —“¡No! ¡Fue una broma! ¡Pero es lo único que le falta!” —dijo Fortunato, aprontándose para ir a sentarse frente a la tele, y ver el informativo de cierre, en medio del cual siempre se queda inexorablemente dormido, y cuando se despierta y llama a su mujer para comentarle algo, nunca sabe si lo que está contando lo vio o lo soñó. Así de complicado está el panorama nacional. Cuando cierra la jornada, uno no sabe si lo que vivió es una realidad, o una pesadilla.

    Apareció el informativista diciendo que la oposición le estaba reclamando al presidente que moderara su lenguaje y le aflojara en sus críticas e insultos indiscriminados a los profesionales, a los empresarios, y a su propia gente, y que diera un poco más la impresión de que era el presidente y no otra cosa.

    —“Incluso esta noche se conocieron nuevas declaraciones del presidente sobre otros grupos de profesionales que hasta ahora no habían sido objeto de sus duras críticas, y aquí tenemos la nota” —dijo desde la pantalla, dando paso a una grabación hecha a la salida de la Torre Ejecutiva, cuando Mujica se subía a su automóvil.

    —“Presidente, ¿tuvo información sobre el accidente en Montes del Plata?” —preguntó una periodista, aludiendo a la caída de tres operarios desde un andamio en la obra civil de la papelera de Conchillas.

    —“¡Claro que shí!” —respondió el primer mandatario, acometiendo contra un nuevo grupo víctima de sus fastidios —“¡shon etoshingeniero, que son unas bejtia, yo no shé de dónde lojtrajeron, shi ejtudiaron acá o en Calamuchita, pero van a acabá con loshobrero, porque le ponen eshoshandamio que she rompen a cada rato, en fija que é pa no mandarlojal sheguro de paro, ashí shi she mueren lejshale má barato shacárshelo densima, animale, asheshino, vamo a tené quejpulshar alguno del paí, papá!” —remató, mientras otro notero intentaba explicarle que el andamio no se había roto, y que los operarios se habían caído porque no llevaban los cintos de seguridad. Pero el presidente agarró velocidad, y aprontó más dardos para seguir pinchando.

    —“Y a lojerido lo yevaron pal sanatorio ahí en Colonia, y lo médico, que son mashasheshino que lojenfermero aqueyo del anio pashao, casi lojdejan morí, porque she ve quejtaban jugando al truco, o comiendo un ashao, y demoraron como una hora patenderlo, claro, porque eyo tiene  la pansha yena y duermen en cama calentita, igual que loshasheshore de Ajtori y de Lorensho…” —continuó, mientras la periodista que lo había interpelado al principio le explicaba que los médicos de guardia habían demorado solamente diez minutos en llegar para atender a los heridos.

    —“¡Mirá, pebeta!” —acometió Mujica —“cuando vo ta lasjtimada, queré que te atiendan ensheguida, y acá lo médico esho en fija quejtán complotaos con lojingeniero, pa que she mueran lojobrero, ¿mentendé?” —redondeó.

    —“Presidente, ¿por qué hizo alusión a Astori y al equipo económico que él supervisa para decir que los médicos son unos cómodos?” —dijo otro periodista que estaba en el grupo.

    —“Porque ya lo dije el otro día, cuando me shalieron a criticá  a la barra de la OPP y al Oleske, que el trabajo y qué sé yo, que no hay que andá repartiendo plata pa lo pobre, claro, ¡shi eyo también son uno comodone, papá!” —enfatizó Mujica. “¡Y tampoco eyo she subieron nunca a un arao, ni en pedo! ¡Y no me vengan con el Lisheo Jubilá, ni con el curita eshe rubio y pintún que eshamigo del Papa, que son lojcajetiya de la Curia que andan dejtruyendo la ensheniansha vendiendo ejpejito y repartiendo ejtampita, y que no salga Cotunio ahora a criticá tamién, ¡todo me critican a mí, ya me tienen repajpao, papá!” —enfatizó el presidente, mientras algún audaz periodista trataba de decirle que más bien era él el que criticaba a todo el mundo.

    —¡Vieja, vení que a Mujica ya no le queda títere con cabeza para voltear!” —dijo Fortunato desde su sillón. “¡Se la agarró con los ingenieros, con los médicos, y hasta con la Curia!”

    —“Mejor vení vos a dormir en la cama, que hace rato que estas roncando ahí frente a la tele” —aconsejó su señora, agregando –“¡Ya se le va a ocurrir a quién criticar mañana, no le quites el protagonismo!”

    // Leer el objeto desde localStorage