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    viernes 07 de junio de 2024

    Pensar un poco más lejos

    Nº 2277 - 23 al 29 de Mayo de 2024

    Todo tiene que ser ahora. Los minutos parecen una eternidad en la era de la inmediatez. Quiero investigar sobre un tema, con unos pocos clics parece ser suficiente. Quiero tener información acerca de hospedajes en otra ciudad, se pueden conocer y reservar al instante. Quiero ver una película, escuchar un programa de radio, repasar una vieja foto, mantener una conversación mirando a la cara a la otra persona, no es necesario moverse ni dos pasos para lograrlo. Todo es aquí. Todo es ya. Todo es urgente… y efímero.

    Como para no tener ansiedad. Como para no ser muchas veces impaciente. Como para no generar frustración. Es muy difícil separarse de esa aceleración cotidiana, que va desde las cuestiones laborales y académicas hasta las más personales o afectivas. Complicado poder pensar un poco más allá de ese horizonte que, de tan cercano que parece, se nos cae arriba. Se puede, pero cuesta mucho más porque los caminos parecen haberse acortado demasiado.

    El problema es que todo eso es una ilusión óptica. Al menos lo es para las cuestiones de fondo, las más importantes. Esas no se construyen, se consumen y se tiran en segundos. Llevan mucho tiempo de dedicación y son más fuertes que cualquier tipo de avance tecnológico o realidad virtual. La paciencia es lo que antecede a la mejor planificación y solo un plan muy bien medido, pensado y ejecutado puede llevar a la excelencia y al éxito.

    Así, por ejemplo, es en la política. Se ve claramente en este año electoral. A muchos los está atrapando la ansiedad. Piensan la jugada para dentro de 15 minutos, como si la carrera fuera de 100 metros y no una maratón, como en verdad es. Y este es además un período electoral muy especial, ya que todos los partidos están atravesando por momentos de renovación de sus liderazgos.

    Solo algunos de los postulantes actuales perdurarán como líderes y muchos quedarán por el camino. Los que tienen asegurado su futuro arriba del escenario son los que verdaderamente están pensando en él, que evalúan todas las posibilidades y resuelven ir eligiendo los planes más duraderos, por más que hoy no sean los más fáciles y ni siquiera puedan mostrarlos. De esos hay en todos los principales partidos políticos, aunque puedan no ser mayoría.

    ¿A qué viene todo esto? A que en este esquema la resolución de la fórmula presidencial, en especial la de los partidos con posibilidades reales de ganar, no es un asunto menor. El cargo de vicepresidente parece no tener un rol central en Uruguay pero basta con analizar las últimas cinco elecciones para darse cuenta de que los que fueron electos presidente siempre estuvieron acompañados por alguien con buena imagen y peso político. Ocurrió con Beatriz Argimón, cuando fue elegida luego de una gestión exitosa al frente del Directorio del Partido Nacional y de haberse posicionado como una de las principales defensoras en su colectividad política del feminismo y de los derechos de las minorías. Antes también había pasado con Raúl Sendic, el dirigente frenteamplista más votado en las elecciones internas de 2014. Y ni que hablar lo que ocurrió previamente con Danilo Astori, líder de primera línea y garante de estabilidad económica; o con Rodolfo Nin Novoa, blanco, del interior y fundador del Encuentro Progresista; o con Luis Hierro, hombre fuerte del sanguinettismo como contrapeso de Jorge Batlle. También hay ejemplos del otro lado, de algunos que eligieron mal a sus compañeros de fórmula y perdieron.

    Según las últimas encuestas, los que tienen más posibilidades de contar con la fórmula presidencial ganadora son el Partido Nacional y el Frente Amplio. En el caso de los blancos todavía no está claro si los dos principales competidores en la interna la integrarán. Álvaro Delgado corre con una amplia ventaja, seguido de lejos por Laura Raffo. Un binomio Delgado-Raffo parece ser un escenario lógico. Raffo está a favor de que así ocurra pero Delgado tiene dudas y prefiere esperar a lo que muestren las urnas. En cualquier caso, el liderazgo del actual presidente Luis Lacalle Pou dentro del Partido Nacional y también dentro de la coalición republicana no parece estar en discusión. Al menos por ahora.

    En el Frente Amplio ocurre algo distinto. Allí la de este año es una competencia, además de electoral, por los nuevos liderazgos. Los dos principales postulantes presidenciales, Yamandú Orsi y Carolina Cosse, ya se perfilan como probables abanderados de los espacios vacíos que dejaron los viejos líderes fallecidos, Tabaré Vázquez y Danilo Astori, y el otro líder en retirada, José Mujica. Entonces parece bastante lógico que tanto Orsi como Cosse opten por intentar ocupar los principales lugares en esta instancia electoral y ser parte del binomio presidencial. El orden lo decidirán las urnas, como ambos ya lo dejaron claro en diversas oportunidades. Lo han dicho con tanto énfasis, la última vez por parte de Cosse la semana pasada en Desayunos Búsqueda, que parece difícil que después de las internas, en la noche del domingo 30 de junio, puedan dar vuelta atrás. Aunque en política casi todo es posible.

    ¿Por qué Orsi o Cosse aceptarían ir de segundos si pierden?, se preguntan muchos. Porque hasta noviembre de este año serán esos los lugares de mayor exposición del Frente Amplio y ellos quieren transformarse en nuevos referentes de esa fuerza política. Si ganan, compartirán el triunfo y también el gobierno. Seguro que, al que le toque, se encargará de demostrar que el vicepresidente no es un florero, como muchos creen, y hará valer sus votos desde el primero hasta el último día.

    Por más que no haya muchos antecedentes al respecto, la Constitución de la República habilita en su artículo 152 al vicepresidente a postularse a la presidencia en el siguiente período electoral, salvo que haya suplido al primer mandatario en su cargo por más de un año o que no haya renunciado tres meses antes de la elección nacional. Son excepciones muy sencillas de esquivar con planificación previa, eso tan importante en la política. Así que dentro de la fórmula también puede estar más cerca el 2029.

    ¿Y si pierden? Ahí todo cambia. Al actual presidente Lacalle Pou le va a surgir un competidor en el liderazgo de la coalición republicana que seguramente será Álvaro Delgado, aunque eso probablemente no haga más que fortalecer sus ganas de volver en 2029. A su vez, el Frente Amplio tendrá que asumir rápidamente la frustración de la derrota para prepararse para la próxima disputa. Ahí sí tiene sentido que Cosse intente ser reelegida en la Intendencia de Montevideo, donde solo pidió licencia y no renunció.

    Seguro que todos ellos saben y tienen en cuenta todo esto. Pensar lo contrario es subestimarlos. Y nadie llega a competir con posibilidades ciertas por la presidencia de Uruguay si no es capaz de pensar un poco más lejos.