El éxito arrollador del Pepe Mujica en su nueva actividad histriónico-audiovisual ha llevado al hábil negociante de su productor, el serbio Emir Kusturica, a proyectar nuevas actuaciones de la refulgente estrella cinematográfica.
El éxito arrollador del Pepe Mujica en su nueva actividad histriónico-audiovisual ha llevado al hábil negociante de su productor, el serbio Emir Kusturica, a proyectar nuevas actuaciones de la refulgente estrella cinematográfica.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn una de las últimas vueltas en góndola que dieron ambos por el Gran Canal de Venecia, don Emir le informó al Pepe que había tenido una negociación con Netflix para incorporar a la plataforma de streaming una serie con el Pepe de protagonista, que llevará por nombre La Casa de Pepel.
Se tratará de una serie de seis capítulos unitarios, cada uno dirigido por un cineasta diferente, pero todos producidos por Kusturica. Ya está confirmado que el primer capítulo lo dirigirá el veterano Clint Eastwood, y el segundo estará a cargo de Steven Spielberg.
El Pepe se mostró muy interesado por la información que estaba recibiendo, y, para disfrutarla más, vació el mate tirando la yerba a punta de bombilla en las cristalinas aguas del canal, ante el asombro del gondolero, al que tranquilizó diciéndole “pa que coman los pescaos”, tras lo cual se dispuso a armar otro mate, porque todavía le quedaba agua caliente en el termo.
—Vo —le dijo el Pepe al Emir—, ¿cuánto vamo y vamo en ejtaventura, papá? Mirá que ahora se me acabó la changa del senao, y hay que parar la oya, hay que parar…
Kusturica lo tranquilizó diciéndole que cada capítulo le redituará un millón de dólares libres de impuestos, y que se los van a depositar en la misma cuenta en Suiza en la que le giraron el cachet de El Pepe, una vida suprema.
—La misma que abriste cuando el asalto al Casino San Rafael en 1969, ¿no te acordás? —le dijo Kusturica.
—No me viacordá… —contestó el Pepe, entrecerrando los ojos.
Kusturica le aceptó un mate recién armado y le contó a grandes líneas el libreto del primer capítulo. El Pepe encarnará a un gaucho revolucionario en un país ficticio de América del Sur, llamado Urulandia, gobernado de facto por un grupo de coroneles norteamericanos que comandaron una tropa invasora de soldados yanquis, tras haber derrocado al cacique indígena Democracio. El Pepe acaudilla a un grupo de campesinos armados que desean restaurar al indio Democracio en el trono. Hay batallas, enfrentamientos armados, secuestros, engaños, traiciones, robo de armas, no falta nada en esta trama tan apasionante como justiciera, y todo acaba cuando el gaucho reconquistador que encarna el Pepe, llevando en ancas de su tordillo Emepepé a su china, la Lucía, expulsan a los invasores yanquis y reponen al indio Democracio en el poder.
—Ta lindo, ta —reflexionó en Pepe—. Menomal que la pushijte a laburá a la patrona tamién, ¡porque ejta changa ej pacompartí, papá! Shobre todo cuando eya she quede shin laburo tamién… Contame del shegundo capítulo, el de Espilber…
Kusturica le informó entonces que, en este unitario, el Pepe sería un astronauta tripulando la cápsula Garpolo XI, la que se dirige a la reconquista del planeta Urugano, que ha sido invadido por unos extraños alienígenas rosados descendientes de una civilización decadente. En efecto, continuó Kusturica, la civilización de los Blankolorad es fruto de la unión endogámica entre el patriarca Blankacho y su prima hermana, la princesa Batllina. Toda la descendencia tiene la piel rosada, y se trata de homínidos visiblemente retardados mentales, que deambulan por el planeta sin destino preciso y sin saber qué hacer. El heroico Pepe comanda una escuadrilla de naves espaciales que van al heroico rescate, y que integran también una audaz astronauta, la princesa Konstanzamor; el valiente guerrero libertario, piloto astronauta Juankastil; y el luchador y ganador del torneo espacial de los Titanes en el Ring, el príncipe Bokandrad.
Kusturica le informó al Pepe que esta superproducción lo haría viajar varias veces a los Estados Unidos, que una parte de las batallas espaciales se filmaría en una zona desértica de Siberia, y que los enfrentamientos terrestres entre los invasores libertadores y los tarados rosados se grabaría en las zonas boscosas de Nueva Zelanda, y la batalla final, en la que los astronautas rescatadores terminan por aniquilar a los infelices rosados, tendría lugar en una zona de África todavía no especificada.
—Ta bien, ta todo bien, a mí no me importa viajá, vo vijte que toy acá dijpué de haber viajao a España pa recibí un premio de poeshía y tatata, unoj dijcursho por acá y por ayá, y vamo pa Veneshia y acá tamo, navegando en la góndola, papá, quién habría penshao que al Pepe le iba a tocá una vida tan intereshante, ashegurame que cuando ejté toda la serie filmada noj venimo pacá pa preshentarla en Veneshia…
Pero Kusturica le tenía otra respuesta preparada.
—No, Pepe, la vamos a presentar en el Festival de Cine de Piriápolis, en tu propia tierra, me imagino que esta es una gran sorpresa para ti, y una gran alegría…
—¡Pa nada, papá! ¡A mí traeme de nuevo pacá, en Europa donde vojquiera, pero ayá no! ¡Acá lojtengo convenshido a todo que shoy una estrella, y ayá la mitá me aplaude y la otra mitá me putea!