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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la sesión del Senado de la República del 9 de julio de 1896 estaba en discusión el destino que habría de darse a la que fuera residencia de Joaquín Suárez, cuando Francisco Bauzá, haciendo referencia al destrato con las cosas del pasado, habló del doloroso avance de “una especie de vandalismo ilustrado que asusta”. Al hacerlo, estaba reviviendo un término acuñado en otra instancia pública —en la Asamblea General de la Francia convulsionada de 1794— cuando el abad Henri Grégoire presentaba sus famosos Informes sobre las destrucciones operadas por el vandalismo y los métodos para reprimirlo.
Uruguay acaba de presentar ante Unesco la candidatura de nuestra arquitectura renovadora del entorno de los años 30 para su inclusión en la lista del Patrimonio Mundial. Uno de los mejores ejemplos de esos tiempos es la actual sede del Instituto de Profesores Artigas, en la avenida del Libertador Lavalleja, obra de los arquitectos De los Campos, Puente y Tournier, renovado ejemplo de una especie de vandalismo ilustrado que asusta (y viendo que aquí se enseña a los que enseñarán mañana… asusta un poco más).
La nota que precede fue publicada en mi blog Patrimonios varios en abril de 2012 y viene a cuento en momentos en que desde la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo se hace una dura crítica sobre la intervención del artista José Gallino en una fachada lateral de la sede del IPA; intervención que, según el presidente de ANEP, Robert Silva, fue aprobada por unanimidad por el Codicen y tuvo la intención de homenajear a Antonio Grompone en su condición de fundador y primer director de esa institución.
Tratándose de un edificio incluido en listado de Bienes de Interés Departamental de la Intendencia de Montevideo, dos cosas llaman la atención: por un lado, una larga desidia en el control de las condiciones de mantenimiento del sitio —más los imprevistos silencios de expertos y académicos—, habilitando de hecho la transformación de la noble fachada en telón de fondo de cuanto mensaje quisiera allí instalarse; por otro, la falta de mínima coordinación entre ANEP y la Intendencia para evaluar en conjunto —y de acuerdo a sus respectivas competencias— la viabilidad del emprendimiento en la sede del IPA.
Es de esperar que la discusión abierta sobre el tema permita avanzar hacia una política consensuada de mantenimiento y puesta en valor del patrimonio de la ciudad, patrimonio que incluye tanto bienes materiales como la memoria de referentes —a veces olvidados— de nuestra cultura.
Nery González