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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSe está consolidando la privación del derecho del uso y disfrute de un espacio público
(una plaza) a la mayoría de los ciudadanos, para dárselo a una parte de ellos. Práctica incorporada desgraciadamente desde tiempos inmemoriales a la cultura de los uruguayos. Los que creen desde el llano tener el derecho de apropiárselos y los que creen desde el poder, tener el derecho de disponer de ellos para otorgárselos discrecionalmente.
Los espacios públicos abiertos, parques y plazas, son considerados muchas veces por las autoridades nacionales o departamentales como tierra disponible para otorgar en uso exclusivo por más o menos largos períodos de tiempo, a distintas agrupaciones de ciudadanos. Las llamadas ‘concesiones’. Yo las llamaría privatizaciones, que aunque temporales, es lo que son.
Esto es particularmente grave en el caso de la plaza Oribe, donde se encuentra su monumento.
Esta plaza, hace muchos años dejó de ser tal cuando se llenó de precarias instalaciones de venta de diversas mercancías que la ocuparon al punto de hacerse difícil la circulación a través de ella.
Ahora se da un paso más en la consolidación de la ocupación de la plaza, desplazando, en todo el sentido de la palabra, el monumento al Gral. Manuel Oribe a una ubicación en el pequeño espacio frente al Ministerio de Salud Pública. En mi opinión esta ubicación, en apariencia en un lugar más destacado, es inadecuada por lo estrecho del lugar, e injusta con el honorable compatriota.
La plaza, antes de la ocupación, como todo espacio urbano prestigiado por esa denominación, permitía estar en ella. Sí, las plazas son espacios donde estar, y disfrutar del ocio y la contemplación del lugar, de su arbolado, y en este caso del monumento.
La equilibrada conformación de un lugar como este debe ser para disfrute de todos los ciudadanos, no de una parte de ellos por más justas que sean sus aspiraciones al derecho de ganarse dignamente la vida. Con los techitos verdes la ciudad perdió esa plaza. Los ciudadanos todos perdimos ese espacio urbano de calidad.
La proliferación de espacios abiertos como lo era esa plaza son los que dignifican y dan calidad de vida a la ciudad.
La calidad que ese espacio no construido, recuperado momentáneamente al haber quitado los techitos verdes aporta a la ciudad, es indiscutible aun visto así, en obra. No hay argumento más contundente que ver la realidad de ese espacio liberado, para concluir que no deberían haberse ubicado allí los quioscos ni deberían volverse a ubicar.
Existen alternativas de ubicación en edificaciones en estado de abandono en el área central, donde se puede alojar este tipo de comercio. Estas pueden ser de propiedad municipal, o pasibles de expropiar. A modo de ejemplo, muy cerca se acaba de desalojar un importante predio en estado de abandono en la esquina de Fernández Crespo y Paysandú, que estaba ocupado por distribuidores de drogas y montones de basura de todo tipo. Tiene un área suficiente y posibilidades ciertas de ser acondicionado para alojar allí los locales de venta.
Las plazas o parques, son eso, espacios libres equipados con árboles en primer lugar, y arbustos y flores, y monumentos y fuentes y bancos y todo aquello que contribuya a estar y disfrutar. Son los pulmones de la ciudad y por lo tanto no deberían ocuparse con edificaciones para uso comercial.
Para terminar quiero destacar otro lugar cercano donde el camino de transformación no fue la pérdida de un espacio libre de calidad que la ciudad tenía. En este sitio sucedió exactamente lo contrario. Me refiero a la plaza Gral. Líber Seregni, que pasó de ser una manzana edificada en pésimo estado de conservación con un uso residual a ser un espacio de intenso uso por parte de numerosos ciudadanos que disfrutan de esa plaza, en la que no se descuidó, como debe ser, el valiosísimo aporte de los árboles, que siempre dignifican.
Arq. Esteban Dieste Friedheim
CI 1.108. 642-7