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La cúpula del Poder Ejecutivo manifestó a la Suprema Corte de Justicia (SCJ) su preocupación por la escalada de violencia entre bandas de narcotraficantes, que se refleja en el aumento de los homicidios por “ajustes de cuentas”, y su temor de que el enfrentamiento entre esos grupos alcance un nivel superior y amenace la seguridad de jueces, fiscales y policías, dijeron a Búsqueda fuentes oficiales.
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El lunes 17 el presidente José Mujica, el secretario de la Presidencia, Homero Guerrero, y el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, se reunieron en el Palacio Piria con los integrantes de la SCJ para discutir una serie de temas que han generado rispideces entre los dos poderes del Estado. En ese marco, Bonomi planteó a los ministros de la Corte que la preocupación del gobierno está en el “problema de los homicidios” y en particular de “los ajustes de cuentas” entre narcotraficantes.
“Están pasando cosas complicadas”, resumió uno de los participantes en la reunión.
El problema de los homicidios violentos se volvió prioritario para las autoridades, que al comienzo de la gestión se habían planteado como una de sus metas en materia de seguridad bajar las rapiñas.
Después de haber logrado desacelerar su crecimiento, el gobierno se había propuesto como objetivo que las rapiñas que se cometen en el país no aumentaran durante el 2013. Sin embargo, los datos que divulgará el Ministerio del Interior en marzo indican que el número de robos con violencia o amenaza de violencia aumentó cerca del 8% el año pasado en comparación con el 2012, dijeron a Búsqueda fuentes de esa secretaría de Estado.
Si bien en Montevideo, donde se cometen la mayoría de los delitos en Uruguay, se registró un incremento de las rapiñas, el fuerte crecimiento en el 2013 se explica por un aumento pronunciado en Canelones, precisaron los informantes.
En 2012 las rapiñas habían crecido 2,7% en comparación con 2011, lo que había alimentado la expectativa de las autoridades de alcanzar la meseta el año pasado.
“Guerra”.
Bonomi insistió en la reunión con el concepto que maneja el Ministerio del Interior de que existe un proceso de “feudalización” en algunos barrios de Montevideo y Canelones, por el que los narcotraficantes intentan sustituir al Estado, amedrentan a los vecinos honestos para que se vayan y así tienen un centro de operaciones en el que trabajar con tranquilidad.
Parte de estas advertencias ya las había realizado el director de la Policía Nacional, Julio Guarteche, el año pasado, en una reunión que mantuvo con jueces penales en el Centro de Estudios Judiciales del Uruguay.
Entre fin del 2013 y el comienzo del 2014 hubo varios asesinatos que la Policía atribuye a “ajustes de cuentas”, dijeron a Búsqueda fuentes del Ministerio. Los informantes pusieron como ejemplo el asesinato a mediados de diciembre de Gustavo Eduardo Alvariza, el líder de la banda de “Los Hermanos Alvariza”. Una de las hipótesis que maneja la Policía acerca de ese homicidio es que Alvariza fue asesinado en el marco de un enfrentamiento con el grupo de Luis Alberto Suárez, conocido como el “Betito”, el narcotraficante uruguayo más peligroso, según las autoridades.
“Pero los enfrentamientos no se limitan al ‘Betito’ con los Alvariza, sino que cada vez más se están matando entre las bandas”, explicó un oficial que accede a los informes policiales, y puso como ejemplo el homicidio de Víctor Lisandro, considerado por la Policía como uno de los narcos más importantes del barrio Colón.
Otro dato que preocupa a las autoridades es el aumento de los robos a policías con el objetivo de apoderarse de sus armas reglamentarias y de sus chalecos antibalas, lo que para la Policía es una señal de que se están “pertrechando” para la “guerra”.
Para las autoridades el problema puede llegar a ser más grave si los narcos uruguayos siguen el camino de sus pares de países como México, donde las bandas no solo se atacan entre ellas sino que empezaron a matar a jueces, fiscales y policías.
En la reunión, Bonomi planteó que para el gobierno es prioritario mejorar el control de las armas, porque eso permitirá disminuir la violencia. (Más información en página 11)