En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
A principios del siglo XX, el adolescente T. E. Lawrence, luego conocido mundialmente como Lawrence de Arabia, recorrió Jordania, Líbano y Siria con el fin de visitar los viejos castillos que los cruzados construyeron en la zona. Había elegido para su tesis de historia arqueológica en Oxford unas 35 fortificaciones emplazadas más o menos en el siglo XIII, cuando Occidente y el cristianismo todavía dominaban en Oriente Medio. Gran parte de esos trayectos —cientos de kilómetros— los hizo Lawrence a pie, con su mochila, una guía Baedeker y una pistola Mauser.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En setiembre de 2017, el periodista francés Jean Rolin emprende el mismo viaje, encontrándose con una realidad completamente distinta: la guerra ha dañado todo, edificios históricos, casas, poblaciones, campos. Los viejos castillos sirvieron como reductos de resistencia de la OLP contra el ejército israelí, o bien de guaridas de los rebeldes que intentan derrocar el régimen de Bashar al-Asad. Y cambian de bando mediante las bombas. Cuando hay una relativa tranquilidad —y si los funcionarios de turno se lo permiten—, Rolin los visita y constata lo que queda en pie.
Esas imponentes fortificaciones construidas sobre peñascos o llanuras, como el castillo de Beaufort en Líbano (alcanzado en un solo día de agosto de 1980 por unos 2.480 proyectiles) o el Crac de los Caballeros, el Safita y el Tartús en Libia, sirven de excusa al perspicaz ojo del periodista francés para trazar breves semblanzas sobre la situación social y política circundante, que es un caos total.
Aparecen cantidad de personajes extravagantes, por ejemplo, Orson, el traductor que traduce a medias (parecido a Orson Welles, claro), o un terrateniente libanés “progresista” que conduce un Porsche Cayenne y lleva a Rolin a un bizarro museo de Hezbollah con figuras de látex que representan a los combatientes en poses diferentes y con diversas armas. O microhistorias como la del soldado Yonatan, cuya cabeza fue arrancada limpiamente del cuerpo por una bomba. Sus compañeros, a pesar de buscar días y días en el lugar, nunca la encontraron.
Crac (Libros del Asteroide, 2019, 138 páginas) es un acertado trabajo periodístico, riguroso y serio, que se permite saltar con humor de Lawrence a Saladino, de Robert el Leproso a Indiana Jones, del kebab al mate (sí, en Siria se toma mate). Un viaje necesario a zonas peligrosas y de muy difícil acceso.