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    Por su propio peso

    Sr. Director:

    Hay un viejo chiste, por supuesto que de gallegos, que discurre en un cuartel de entrenamiento de reclutas. Ahí, un sargento de artillería, le está explicando a un grupo de novatos la trayectoria de las balas, condicionada por la ley de gravedad. Uno de los muchachos, que quiere hacerse el listo, lo interrumpe: “Mi sargento, y qué pasa si falla la ley de gravedad?”. Caliente por la interrupción, el sargento le ladra su respuesta: “¡Qué bruto eres! Si falla, la bala caerá igual. Por su propio peso!”.

    Pues confieso que en esto de la inflación me pasa un poco lo del sargento.

    De acuerdo a todo (que tampoco es muchísimo), lo que he leído de economía, cuando ocurren grandes inyecciones de dinero en una economía, los precios se ponen a subir y nunca, que yo sepa, se ha volcado tanto circulante como en los Estados Unidos, desde hace unos años.

    Ya cuando la crisis del 2008-2009 aquella política del helicóptero, desparramaba cientos de millones de dólares y los precios ni chistaron. Fue curioso. Pero se dijo entonces que la “ley de gravedad” no había ocurrido porque el dinero de la Fed había ido a parar a los bancos y prácticamente no circuló en el mercado (las empresas usaron su liquidez para comprar sus propias acciones). Todo bien.

    Pero ahora, con la pandemia, primero Trump inyectó algo de 3 billones de dólares en estímulos fiscales y luego vino Biden que subió la postura en 1.9 trillones más. Pavadita lo del ojo.

    Aún con todo esto, los gurús económicos seguían sosteniendo que no habría ley de gravedad y los hechos parecen darles la razón: precios estables y tasas de interés por el piso.

    Hasta ahora.

    Los precios minoristas en marzo tuvieron la mayor suba desde el 2012 y las proyecciones lineales de inflación duplican la meta de la Fed (2%). Claramente, el rebote de la economía americana es mucho mayor al previsto.

    La Fed sigue diciendo, oficialmente, que no ve señales preocupantes. Pero ya hay analistas que están preocupados: con la inflación y también con la Fed, que viene de anunciar que incluirá en sus objetivos al cambio climático y a la inequidad. La ortodoxia siempre sostuvo que la fuerza de la autoridad monetaria radicaba en buena medida sobre lo limitado y estricto de sus objetivos: inflación y empleo. Manteniendo el foco y no dejándose dispersar, sus decisiones mandan mucha fuerza.

    En definitiva, ¿tendrá razón el sargento y la inflación terminará imponiéndose por su propio peso?

    Dejaría de ser un chiste de gallego para convertirse en una pésima noticia. Las bajas tasas de interés son casi lo único bueno del panorama económico mundial. Sobre todo para los países pobres.

    Ignacio de Posadas