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    Premio Nobel de la Paz

    Sr. Director:

    El suscrito, Dr. José A. Loinaz Barbosa, C.I. 2.646.957-1, se pone a redactar esta segunda carta abierta embargado por una profunda emoción ciudadana y un gran orgullo de haber nacido en la tierra de Artigas por el sorprendente y total éxito popular de mi primera carta abierta publicada el mes pasado en toda la prensa nacional, y desde entonces he recibido centenares y centenares de llamadas telefónicas y por otros medios de comunicación (YouTube, etc., etc.) de total apoyo a mi propuesta del otorgamiento del Premio Nobel de la Paz al presidente Lacalle Pou, lo cual me ha llevado a poner en marcha un gran movimiento uruguayo de respaldo ciudadano a dicha iniciativa, invitando a los orientales a participar activamente en el mismo, en principio, poniéndose en contacto telefónico conmigo.

    Cabe destacar que muy pocas veces en la historia política del Uruguay se registra un hecho similar al que me toca vivir, donde una iniciativa de un simple ciudadano, como dice un sabio refrán, “común y corriente”, ha tenido tanta repercusión popular, y todo ello tiene una sola y excluyente explicación: la brillante labor presidencial del Dr. Lacalle Pou, que está recogiendo una altísima aprobación de la ciudadanía uruguaya, nunca antes alcanzada por los anteriores presidentes, lo cual lo hace merecedor del Premio Nobel de la Paz, también por todo lo que a continuación expresaré en esta misiva abierta.

    La actuación presidencial del Dr. Lacalle Pou en el inolvidable caso del crucero australiano con Covid-19, rechazado por varios países (Chile, Argentina, Gran Bretaña y Reino Unido, entre otras naciones), en marzo de 2020 hasta el 31 de mayo 2020, y el “corredor humanitario” que encontró en Montevideo, alcanza por sí sola para que el Comité Noruego del Nobel (autoridad que elige el candidato a premiar con dicha distinción), otorgue en diciembre (más precisamente el día 10 de dicho mes), de este año 2021, el preciado Premio Nobel de la Paz al Dr. Lacalle Pou.

    El mencionado crucero Australiano llamado Greg Mortimer tenía a bordo nada menos que a 217 pasajeros y miembros de la tripulación de distintas nacionalidades, y de ellos 128 dieron positivo al Covid-19; como nadie internacionalmente quiso brindarle ayuda humanitaria, Uruguay, con su presidente a la cabeza, salvó la vida de más de 200 personas, en una acción humanitaria que se agiganta formidablemente por ser única en el mundo, y que tuvo una extraordinaria difusión noticiera de toda la prensa, oral radial y televisiva Mundial, elogiando al Uruguay y a su presidente Dr. Lacalle Pou por dicha inédita acción humanitaria, y que ningún uruguayo podrá olvidar las escenas muy emotivas, que a muchísimos de ellos provocó lágrimas, de ver “Gracias Uruguay” estampada en la sábana desplegada desde el crucero australiano cuando partía el 31 de mayo 2020 del puerto de Montevideo en agradecimiento al país que les brindó ayuda, y cuando muchos tripulantes y pasajeros del mismo besaron la tierra uruguaya, en una conducta muy conmovedora, nunca antes vista en el mundo, que colocó al Uruguay en primer lugar como país humanitario internacionalmente en el enfrentamiento al coronavirus, la peor epidemia en la historia de la humanidad.

    Es muy oportuno señalar que el Premio Nobel de la Paz fue instituido por el fabricador de armamentos, inventor e industrial sueco Alfred Nobel, junto con los premios de Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura, y se otorga anualmente desde 1901 a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, según el testamento del propio Alfred Nobel. Por voluntad de Nobel, quien lo recibe es seleccionado por el Comité Noruego del Nobel, un comité de cinco personas determinado por el Parlamento noruego.

    Y precisamente, la conducta de nuestro presidente, Lacalle Pou, en el caso del crucero Greg Mortimer, encaja perfectamente dentro de lo exigido por Alfred Nobel para otorgar dicho premio, porque nada mejor que trabajar en favor de la fraternidad de las naciones es salvar decenas de vidas de personas de varias naciones del mundo (recordar que en el crucero con más de 200 tripulantes y pasajeros a su bordo provenían de varios países del orbe). Y a ello, sumando, reitero, que se trata de un caso único en el mundo en el combate al Covid-19, el Comité Nobel Noruego, en Oslo (Capital de Noruega), aplicando la justicia y el derecho debe otorgar el Nobel de la Paz a nuestro presidente Dr. Lacalle Pou el próximo 10 de diciembre.

    También debe sumarse, a la gran acción humanitaria internacional del Uruguay con su presidente Lacalle Pou, el caso del barco británico Argos Pereira, encallado en el puerto de Montevideo con más de 28 casos positivos de Covid-19 el reciente 13 de febrero 2021, quienes salvaron sus vidas gracias al gran trabajo sanitario de las autoridades del Ministerio de Salud Pública y la Armada del Uruguay, la cual recibió una vez más un gran destaque elogioso internacional. Para que no quede la menor duda de la total justicia y derecho de mi proposición del Premio Nobel de la Paz para que sea otorgado a nuestro presidente Lacalle Pou, es absolutamente necesario volver a leer el contenido de mi carta abierta anterior (la primera, publicada en toda la prensa nacional el mes pasado), en la cual destacaba la singular entereza y la envidiable valentía, la gran inteligencia y el admirable y equilibrado ejercicio de la presidencia, con tan solo 47 años y apenas con 13 días del inicio de su mandato, cuando llegó al Uruguay el Covid-19, cuando para hacer frente a dicha pandemia recurrió sabiamente a la libertad responsable de los orientales, los cuales haciendo honor a las estrofas de nuestro Himno Nacional “sabremos cumplir” cumplieron patrióticamente con el dramático pedido de su presidente, lográndose el milagro que al poco tiempo en el caso casi único en América y gran parte de Europa empezaron a funcionar las escuelas y luego los liceos y demás organismos de la enseñanza, y más adelante empezaron a marchar las obras en la construcción, las actividades industriales y comerciales, etc., encontrando hoy al Uruguay de pie, en pleno funcionamiento humano, lo cual ha provocado el justificado asombro del mundo, reconociendo para legítimo orgullo de la ciudadanía oriental que el presidente Lacalle Pou es de los mejores estadistas del planeta en conducir con todo esto a un país (Uruguay) en medio de la peor pandemia de la historia de la humanidad, el Covid-19.

    Es muy trascendente destacar que en el Uruguay viven miles de ciudadanos de otros países, que se han visto gratamente beneficiados con la vida en el Uruguay a partir de marzo 2020 hasta ahora, infinitamente mejor con la vida que hubieran desarrollado allí en sus países de origen, lo cual encaja perfectamente en la exigencia de Alfred Nobel para otorgar el Premio Nobel de la Paz “a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las Naciones”.

    Lo recién escrito agrega un fundamento humano y jurídico más a mi propuesta del Premio Nobel de la Paz, año 2021, para ser otorgado a nuestro gran presidente Lacalle Pou.

    Al respecto es muy oportuno recordar que en todos los países de América hay graves situaciones de violentas protestas populares, multitudinarias marchas de indignados ciudadanos por faltas de alimentos, medicamentos y por millones casos de pobreza extrema, en especial en estos días en Chile, Paraguay, Argentina, entre otras naciones, en especial el increíble caso de la provincia Argentina de Santiago del Estero, la más pobre de Argentina, donde recientemente se inauguró un espectacular Estadio Modelo de Fútbol con un palco presidencial digno para ser ocupado por la reina Isabel, lo cual obviamente ha provocado un serio estallido popular. Gracias a Dios, nada de ella sucede en el Uruguay, lo cual lleva a que nuestro país sea considerado mundialmente un país modelo en el medio del Covid-19.

    Antes de terminar esta misiva abierta cumplo con un mandato sagrado para mí, porque proviene de mi querido e inolvidable padre, “se debe ser agradecido en la vida”, y en tal sentido vaya mi más profundo y emocionado agradecimiento a todos los miles de ciudadanos que me expresaron su pleno apoyo a mi propuesta del Premio Nobel de la Paz, al presidente Lacalle Pou y también a todos quienes seguramente adoptaran idéntica conducta en el futuro después de leer esta segunda carta.

    Termino la redacción de la presente misiva igual a como cerré la primera carta: como ferviente cristiano creyente pido todos los días a Dios haga realidad la inédita y quijotesca proposición contenida en esta carta.

    Que así sea para felicidad de todos los orientales.

    Dr. José Loinaz Barbosa