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En la cárcel de Maldonado Las Rosas, uno de los centros más problemáticos del país, los prisioneros no reciben suficiente comida para cubrir los requerimientos mínimos de energía, grasas, fibra, hierro y calcio. Además, la recepción, el almacenamiento, la elaboración y la distribución de los alimentos se realizan en malas condiciones y hay problemas con el control de plagas. Por otro lado, una cuarta parte de los 740 presos que pueblan la cárcel padecen problemas de salud mental que no son debidamente atendidos. También hay dificultades para el tratamiento de las personas portadoras de VIH y quienes padecen patologías crónicas no son controlados.
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Estas son algunas de las conclusiones de un informe elaborado por la Institución Nacional de Derechos Humanos (Inddhh), a través del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, que, pese a las carencias detectadas, también observó progresos en el tratamiento de las personas presas. En especial, el organismo destacó la mejora en la atención ginecológica de las mujeres y registró algunos avances en materia de seguridad interna.
Es la segunda vez en el año que la institución realiza críticas y recomendaciones a las cárceles que administra el Ministerio del Interior a través del Instituto Nacional de Rehabilitación. A comienzos de enero, la Inddhh constató que los presos recluidos en la cárcel de Canelones no acceden a una alimentación de calidad, no cuentan con elementos básicos de higiene y en algunos sectores los problemas edilicios “representan un riesgo” para su “integridad física” (Búsqueda Nº 2.005).
En un nuevo informe finalizado días atrás —y al que accedió Búsqueda— el organismo sostiene que la Unidad Nº 13 Las Rosas es uno de los lugares del interior del país “que presentan mayores problemas”. Entre octubre de 2018 y marzo de este año, la entidad realizó tres visitas a la cárcel para evaluar el seguimiento de las recomendaciones que se habían realizado en abril de 2017.
Entre los problemas detectados estuvo la falta de funcionarios, de operadores penitenciarios, de médicos, psiquiatras y psicólogos. También se observaron carencias de infraestructura y logística adecuada, falta de móviles policiales para realizar traslados, y ausencia de diferenciación entre los perfiles de presos para atender situaciones particulares.
Previo al informe de este año, la Inddhh había constatado en ese centro de detención superpoblación y hacinamiento, problemas de higiene, carencias de abastecimiento de agua, falta de espacios para la dispersión y ausencia de actividades laborales y educativas. El instituto comprobó que en algunas celdas se alojaban hasta 9 personas, y que muchas de ellas dormían sin colchón.
A partir de octubre de 2018 la Inddhh observó una baja “sensible” en la cantidad de personas en las celdas, ya que disminuyó la cantidad de ingresos. Eso permitió bajar la “tensión” que había dentro del establecimiento.
De todas formas, el organismo señaló que siguen existiendo problemas de seguridad interna. Por ejemplo, la institución mostró sus dudas respecto a que se hagan traslados por temas de seguridad cuando un preso lo pide: “Se debería analizar si esta medida no traslada los problemas a otros lugares del sistema penitenciario en cuanto a condiciones de habitabilidad y, además, se afectan los derechos al contacto con su familia”. Esos problemas demuestran que los reclusos “no son tratados con humanidad y con el debido respeto a su dignidad”, evaluó.
“Muchos de los hechos que se relatan por los reclusos que viven esta situación pueden considerarse actos de tortura o malos tratos en contravención de la prohibición expresa contenida en el artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”, sostuvo la Inddhh.
Una de las principales críticas realizadas tiene que ver con los problemas en la alimentación de los reclusos. Las características de la planta donde se provee el servicio de alimentación son “inadecuadas, tanto en el estado de conservación como de mantenimiento e higiene”.
Respecto a los alimentos, el organismo señaló la falta de variedad de hortalizas y frutas. “En cuanto a la cantidad y calidad de alimentos, la ingesta real estimada es insuficiente para cubrir los requerimientos energéticos, de grasas, fibra, hierro y calcio tanto de los hombres como de las mujeres”, dice el informe. La alimentación de proteínas e hidratos de carbono para las mujeres sí es “suficiente”, añade.
Según la institución, es necesario mejorar las condiciones edilicias y de higiene de todos los sectores vinculados con la alimentación. “Asimismo, se deberían establecer controles de plagas de forma periódica, dejando los registros correspondientes”, recomendó. También sugirió que se capacite en manipulación de alimentos a los presos y planteó realizar de forma urgente el mantenimiento del desagüe de la unidad de elaboración de alimentos.
En cuanto a la situación de salud de los presos, la Inddhh observó algunos avances pero también planteó críticas. Destacó, por un lado, que exista un control ginecológico a cargo de especialistas, pero por otro lado cuestionó que una cuarta parte de la población carcelaria padece problemas de salud mental y no es atendida por profesionales ni se controla a las personas que tienen patologías crónicas.
En ese sentido, la Inddhh recomendó que se contrate más personal profesional en el área de la salud y que se ajusten las coordinaciones médicas y quirúrgicas, que se mejore el seguimiento y control de personas con patologías crónicas y que se les brinde un tratamiento adecuado a los portadores de VIH.