N° 1939 - 12 al 18 de Octubre de 2017
N° 1939 - 12 al 18 de Octubre de 2017
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo siempre querer es poder. Ni siquiera cuando se ejercen las más altas jerarquías políticas de un país. Vázquez quiere, Astori quiere, Nin quiere. Es probable que otros integrantes del gabinete ministerial también quieran. Sin embargo, no pueden.
¿Qué quieren? Lograr una mayor inserción económica internacional a través de acuerdos comerciales que mejoren las condiciones de acceso de la producción nacional a la mayor cantidad de destinos.
Vázquez, Astori, Nin y otros miembros del gabinete quieren que el Parlamento ratifique un acuerdo de libre comercio suscripto hace meses con Chile. Quieren lo más pronto posible un acuerdo que libere el comercio con China. Insisten en negociar un acuerdo (cuotas contra cuotas) que mejore el comercio con la Unión Europea. Quieren además una vinculación más estrecha con la Alianza del Pacífico.
¿Quiénes lo impiden? ¿Qué intereses se le oponen?
Las voces contrarias no surgen de la oposición. Muy por el contrario, casi unánimemente esta le reclama al gobierno más celeridad, mayor capacidad de concreción. Tampoco los agroexportadores que quieren mercados más abiertos para mejorar las condiciones de colocación de su producción.
Se oponen, previsiblemente, quienes al amparo de políticas estatales proteccionistas o mediante acuerdos entre estados, han encaminado actividades rentables que quieren resguardar. Beneficiados de las condiciones que les favorecen, aspiran a que no haya cambios que afecten su negocio. En su defensa, invocan los puestos de trabajo creados, las divisas que perdería el país, la pérdida de recaudación que tendría el Estado. Argumentos que inciden en el razonamiento de gobernantes y políticos que no pueden abstraerse de las necesidades, del deseo de prosperidad, y de los padecimientos de sus compatriotas. Que deben sopesar qué se gana y qué se pierde por uno u otro camino. La cuenta de la libreta de almacén.
Cuando en 1992 el país decidió asociarse a Argentina y Brasil en el Mercosur, decisión que respaldaron legisladores de todos los partidos, lo hizo pensando en los beneficios que obtendría. Evaluó que los beneficios del mercado ampliado eran mayores que los perjuicios que causaría la decisión (actividades afectadas por la competencia de los dos países vecinos, cierre de empresas, puestos de trabajo perdidos, etc.). Si los objetivos procurados se lograron o no es harina de otro costal. El alto Arancel Externo Común aplicado, requerido por los socios mayores para protegerse del resto del mundo, condicionó el éxito comercial del bloque.
Tras el fracaso de la negociación en Doha del multilateralismo, la respuesta ha sido el avance del bilateralismo (suscripción de acuerdos de libre comercio entre estados o bloques comerciales). Pero el Mercosur ha sido ajeno a todo este proceso.
Es obvio que cerrar la economía de un país supone una actitud oscurantista que lo margina de la evolución del resto del mundo. Un suicidio civilizatorio que nadie se anima a proponer ni defender.
Sin llegar a tales extremos, no solo quienes defienden sus intereses económicos se oponen al libre comercio. No solo empresarios y trabajadores, conscientes de que navegan en el mismo barco, defienden sus intereses corporativos.
Se oponen también quienes pretenden acuerdos que solo reporten beneficios o que estos sean muy superiores a los eventuales perjuicios. Y lo hacen quienes por razones políticas o ideológicas rechazan la economía de mercado y abrazan las ideas socialistas. Se oponen porque todo avance del libre comercio los aleja de poder concretar su utopía. Porque debilita un discurso político y sindical que les ha permitido tener protagonismo, acceder a sus posiciones de poder para incidir en la toma de decisiones.
Conscientes de los perjuicios que implica quedar al margen de acuerdos que establecen nuevas corrientes comerciales, en las que por no participar se corre el riesgo de perder mercados (como, por ejemplo, los acuerdos de China con competidores directos como Australia y Nueva Zelanda), Vázquez, Astori, Nin quieren lograr una mayor inserción internacional.
Pero como ocurre en tantos otros temas, los sectores que conforman una amplia mayoría en el Frente Amplio (MPP, PCU, un sector del PS, PVP, Casa Grande, Confluencia Frenteamplista) no comparten su punto de vista y, por la vía de los hechos, neutralizan, en este como en tantos otros temas, la gestión del gobierno.
Tampoco la tienen fácil con sus socios regionales. Al tiempo que, para no distanciarse mucho del resto de sus correligionarios, insisten en el estribillo “más y mejor Mercosur”, el gobierno quisiera avanzar en acuerdos que liberen comercio. Pero Brasil y Argentina, que no sin dificultades procesan sus transiciones desde sus antecesores “progresistas”, fieles aún a sus tradiciones proteccionistas, no le sueltan la mano. Ni le permiten negociar por su cuenta ni aceptan marchar a diferentes ritmos.
La semana pasada Búsqueda publicó una nota sobre un informe que remitió a la Cancillería el embajador uruguayo en Beijing dando cuenta de que Brasilia había transmitido al gobierno chino su preocupación ante un eventual TLC bilateral con Uruguay.
Los desencuentros en la negociación Mercosur-Unión Europea son tan antiguos como conocidos. Las negociaciones se iniciaron hace 18 años y los avances son escasos por más declaraciones de optimismo de ambas partes. Las ofertas intercambiadas en estos días en Brasilia han sido consideradas “insuficientes” por una y otra parte. Y aunque se insiste en que se espera llegar a un acuerdo antes de fin de año, la tradición proteccionista de ambos bloques, sobre todo en áreas “sensibles”, son un obstáculo difícil de superar.
El caso del TLC con Chile es paradigmático. Hace exactamente un año, para dar mayor relevancia a la firma de dicho acuerdo, el presidente Vázquez pidió que la ceremonia de suscripción por los cancilleres Nin y Muñoz se celebrara en la sede de la Presidencia de la República y no en la Cancillería como estaba originalmente programado. El texto del acuerdo, “un TLC de última generación” según en su momento definiera Nin, fue remitido en marzo al Parlamento para su ratificación. Recuperada la mayoría legislativa propia en Diputados, Vázquez aspira a que el tratado sea sancionado antes de fin de año. Sin embargo, una vez más, el Partido Comunista emerge como punta de lanza de la oposición al tratado. Su representante en la Comisión de Asuntos Internacionales del FA, Rony Corbo, presentó a la autoridad partidaria un informe pidiendo no acompañar la ratificación del tratado. El diputado socialista Roberto Chiazzaro, considera que “no hay necesidad” de firmar un acuerdo porque ya hay tres y consideró “muy malo” que las controversias sean resueltas en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a las Inversiones (Ciadi), institución que es severamente cuestionada por quienes son mayoría en el oficialismo.
Ante el temor de que se expanda una burbuja crítica en la bancada de Diputados, Vázquez encomendó al flamante subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ariel Bergamino, hombre de su confianza, quien acaba de regresar de su misión al frente de la Embajada en Cuba, alinear la tropa y evitar exhibir las diferencias y contradicciones. Apenas una expresión más de las pugnas habituales que paralizan o retrasan a un gobierno que hace años dispone de mayoría legislativa. ¿Qué cabe esperar? Más de lo que ya hemos visto.