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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUruguay en el mundo. Una vez más, la idea es que todo quede como está. El lunes 7, el Poder Ejecutivo nos informa que la presencia del país como potencial firmante del Acuerdo de Comercio en Servicios (TiSA) ha sido desechada. Parecería que la consigna nuestra sigue siendo “más y mejor Mercosur”. Donde claramente hemos involucionado en estos últimos años.
Creo que a esta altura hay dos hipótesis que parecen indiscutibles para la inmensa mayoría:
1) La única manera de crecer para una economía de menos de 3 y medio millones de habitantes es el comercio exterior. Ya bienes, ya servicios. Uruguay encerrado no tiene razón económica de existir.
2) La estrategia comercial de nuestros socios mercosurianos no tiene nada que ver con lo podría ser deseable para nosotros. Estamos entre dos de los países más proteccionistas del planeta. Nada tiene que ver la estrategia comercial de un país continente como Brasil, con sus 200 millones de habitantes de mercado interno, con lo que aspiramos nosotros. Ellos tienen sus tiempos y hoy profundos problemas de todo tipo para solucionar. A Uruguay no le sirve ser el furgón de cola de Brasil, sencillamente porque nuestros intereses no coinciden. De Argentina qué decir… Un país quebrado, que no ha respetado ni un acuerdo con nadie y que, además, como lo dijo reiteradas veces la señora Fernández, no cree en la libertad de comercio (“el comercio es una forma de dominación”, ha dicho). En este momento el tratado de Libre Comercio con la Unión Europea se ha frustrado por la oposición argentina y no hay esperanzas de avance en el futuro inmediato.
Mientras Uruguay y sus socios mercosurianos siguen cavilando y deshojando margaritas, el mundo sigue para adelante. La reciente firma del Tratado de Libre Comercio entre Australia y China prende, si hacía falta, otra luz roja en el horizonte. Se prevé que el 85% de los productos australianos entren libres de gravámenes a China y luego de un período de transición alcanzar al 95%. Esto complementa el acuerdo de 2008 entre Nueva Zelanda y China.
Uruguay tiene como principal destino de sus exportaciones China donde, otra vez, competirá con sus bienes en desigualdad de condiciones.
Como si fuese poco, están avanzadas las tratativas entre Estados Unidos y la Unión Europea por el Tratado de Libre Comercio (TTIP), el Acuerdo Trans Pacífico (TPP) y el Acuerdo Asociación Económica Regional Integral (RCIP), con lo que quedaría dentro de esos tratados, liberalizado, el 70% del comercio agroindustrial mundial.
Según el canciller Nin, Uruguay debió pagar más de 600 millones de dólares de aranceles durante 2014 para poder ingresar a determinados mercados. Y con respecto al TiSA, donde se podrían excluir de la nómina los sectores vulnerables, la idea es simplemente ni hablar. Es hacer como el avestruz.
Hay sectores como los productores de software que se verían sumamente beneficiados con un tratado de este tipo. Vender conocimiento al mundo; eso nos haría un país de primera. Pero no.
Michael Power, uno de los principales analistas de mercados emergentes, vaticina que “el entorno actual es una tormenta perfecta para los exportadores de commodities con déficits de cuenta corriente”.
Nuestros primeros 10 bienes de exportación son agroindustriales. Y con destinos donde enfrentaremos cada vez mayores problemas, de seguir esto así. El inmovilismo del Uruguay y del Mercosur, junto con los costos internos, sólo nos hará perder presencia en el hiper competitivo mercado global. Según parece, seguiremos con las discusiones ideológico bizantinas mientras nuestros competidores andan a velocidad de jet.
Ec. Guillermo Hernández