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    Rio+20 reveló “cambios en el balance de poder en el mundo”

    “Hace diez días se especulaba como fracaso”, dijo a Búsqueda Susan McDade, coordinadora Residente del Sistema de las Naciones Unidas en Uruguay en referencia a la Cumbre Rio+20 de Naciones Unidas que se realizó en Rio de Janeiro entre el 20 y el 22 de junio, a veinte años de la cumbre que acuñó por primera vez el concepto de “desarrollo sostenible”.

    Finalmente, “Rio fue un éxito” y reveló “un momento político muy importante” porque reflejó “cambios en el balance de poder en el mundo; especialmente se destacaron los megapaíses como Brasil, India y China”.

    Tras días y noches de negociaciones a un “ritmo de trabajo agotador”, en medio de centenares de eventos, lanzamientos de libros, estudios y declaraciones, los países reunidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobaron un documento por consenso con compromisos medioambientales, de desarrollo sostenible y de lucha contra la pobreza, titulado “El Futuro que queremos”.

    Allí, los primeros mandatarios hablaron sobre la necesidad de un desarrollo amigable con el ambiente. McDade, que acudió a Rio+20, destacó que si bien la intervención de Evo Morales —presidente de Bolivia— fue considerada por algunos como extremista, planteó los temas cruciales como no abusar de las limitadas capacidades de la Tierra.

    A continuación un resumen de la entrevista que McDade mantuvo con Búsqueda al finalizar la Cumbre.

    —¿Cómo calificaría el resultado de la Cumbre Rio+20 luego de meses de negociaciones y tras la reunión de jefes de Estado en Rio la semana pasada?

    —Según las expectativas mías y de muchos, el hecho de que los gobiernos lograran aprobar una declaración conjunta ya es un éxito. Al comenzar la conferencia, el documento borrador tenía mucho debate y estaba muy lejos de llegar a un acuerdo. Gracias al liderazgo de la Cancillería de Brasil los países lograron concluir y aprobar una declaración por consenso.

    Aunque un documento parece poca cosa es muy importante que hayan logrado un acuerdo. Hubo conferencias de Naciones Unidas que no lograron un acuerdo.

    —Como en las negociaciones de cambio climático por ejemplo...

    —Sí y no solamente. La Conferencia sobre Derechos de la Mujer también concluyó sin un documento de consenso. Lo que pasó en Rio es una confirmación de que el multilateralismo y de que las Naciones Unidas sirven como el foro legítimo en donde los países pueden discutir temas difíciles.

    Muchos especulaban que iba a ser el fin del multilateralismo y de la relevancia de la ONU pero el resultado no demostró eso. Fue al revés, fue un voto al multilateralismo con un documento aprobado con un fuerte liderazgo del sur.

    Hay un fuerte énfasis en equidad, desarrollo y el alivio de la pobreza y todas las dimensiones humanas y sociales, no solamente de los temas verdes que sí son sumamente importantes. Muchas de las inquietudes de los países en vías de desarrollo de las últimas conferencias referían a que se han enfocado demasiado en medioambiente y no lo suficiente en el ser humano. En Rio+20 sí salieron temas como la justicia social, la lucha contra la pobreza y la inclusión.

    —Usted lo considera un éxito pero quienes critican los resultados dicen que el documento es débil en algunos compromisos, falta definir la financiación y algunas metas son un tanto vagas.

    —Para muchos países fue importante una ausencia de los temas referidos al lenguaje, la natalidad y el crecimiento poblacional. El tema demográfico es una de las amenazas más importantes a la sostenibilidad pero por la complejidad y la falta de consenso sobre salud reproductiva y derechos reproductivos no hubo forma de incluirlos.

    El planeta tiene 7.000 millones de personas que pasarían a ser 9.000 millones en 2050. Es tremendo lo que representa en términos de agua, comida, energía y comestibles. No se puede desvincular el tema de crecimiento poblacional y sostenibilidad.

    —El documento final de Rio+20 indicó fortalecer el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) con fondos estables que antes no tenía. ¿Qué cambios traerá este fortalecimiento a futuro?

    —Hay que separar la decisión de fortalecer Pnuma del compromiso financiero porque eso está por comprobarse. En este momento todas las agencias existentes de la ONU están enfrentando limitaciones serias a nivel global en la ayuda externa por la crisis económica que están enfrentando Europa, Estados Unidos y Japón, que son las regiones de donación más grandes.

    Entonces, una cosa es haber determinado la importancia de fortalecer el Pnuma —estoy feliz por eso—, pero está por verse todavía si eso se traslada en compromisos financieros sostenibles.

    —Entonces no hay una asociación directa…

    —En teoría sí debería haberlo pero las agencias existentes como Unicef, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y el Fondo de Población, que son las agencias más grandes, están enfrentando problemas serios de movilización de recursos.

    Lo que salió también en este foro fue una nueva perspectiva de lo importante que son los “países emergentes”, aunque a mí no me guste esta nomenclatura. Hubo compromisos financieros que hicieron China, Brasil y Sudáfrica. Se están graduando de ser países en desarrollo y son economías mundiales. Por ejemplo, la Corporación Nacional China de Petróleo hizo un compromiso millonario para el desarrollo sostenible.

    Rio fue un éxito porque era una cumbre sobre la que se especulaba como fracaso. No fue así y el gobierno de Brasil mostró mucho liderazgo junto con los países del sur. Es un momento político muy importante porque refleja cambios de balance de poder en el mundo, especialmente por los megapaíses como Brasil, India y China.

    —El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, en su discurso en Rio+20 destacó la participación empresarial y nombró empresas como Renault, Nissan y Microsoft. Llama la atención que destaque el mundo empresarial en un ámbito que antes solía referirse solo a lo gubernamental.

    —Y no solamente fue nuestro secretario general. Empíricamente fue evidente la diferencia en la participación corporativa en comparación a reunión de Johannesburgo en 2002 y la de Rio+0 (1992). En Rio+0 casi no hubo presencia del sector productivo y corporativo mientras que en Rio+20 fue uno de los grupos más poderosos. Además la participación de la sociedad civil, sobre todo vía web, fue tremenda.

    Una de las críticas de la sociedad civil hacia la conferencia fue que muchos de ellos sintieron que hubo mucha presencia de grandes multinacionales. A mi juicio es una señal positiva porque esas corporaciones pueden ser parte de la solución o parte del problema. Si se asocian con ser parte de la solución, deben tener más inversiones verdes y más códigos de conducta, que son más justos y equitativos. Tenemos que no condenarles por la intención de mejorar.

    No es solamente por ser humanitario como empresas. La economía verde para ellos representa más oportunidades de inversión, nuevos mercados y formas de generar rentas. Esperamos que sus conductas sean una contribución al desarrollo sostenible en sus tres dimensiones, no solamente en el entorno ambiental.

    —La creación de un Indice de Desarrollo Humano Sostenible ya estaba sobre la mesa pero ahora toma fuerza tras haber sido incluido en la declaración de Rio. ¿Hubo acuerdo desde un principio? ¿Cómo sigue la línea de trabajo?

    —Hay un consenso casi universal de que la medida de Producto Bruto Interno (PBI) per cápita no mide, no dice nada, ni sobre el nivel de desarrollo, ni sobre el nivel de pobreza, ni sobre el nivel de equidad. Hay un rechazo a la utilidad del PBI per cápita como buen indicador de pobreza. Como es un promedio y solamente mide la producción económica, puede tratarse de una producción con destrucción ambiental o que deje a más gente en la pobreza que antes.

    Entonces hubo mucho entusiasmo por la búsqueda de un nuevo indicador y hasta el momento el indicador de desarrollo humano ajustado por sostenibilidad y equidad es uno de los trabajos que tienen más respaldo.

    Existió desde 1992 el Índice de Desarrollo Humano que incluye: el PBI basado en poder de compra sumado al alfabetismo y al largo de vida como un indicador de desarrollo y bienestar. Ya con los ajustes de incluir equidad y sostenibilidad (Coeficiente de Ginni) sumado al uso de capital natural, resulta un indicador bastante más robusto que sí nos da un mejor indicador de cómo es el progreso de los distintos países.

    Cuando uno ordena a los países en base a índice de desarrollo humano, el orden sale bastante diferente en comparación a hacerlo con PBI.

    En las próximas rondas y en el Consejo Económico y Social de ONU se tendría que hablar. Esperamos que el respaldo continúe.

    —¿Qué le faltó al documento Rio+20 ratificado por todos los países?

    —En el Rio+0 se le prestó mucha más atención a la importancia del desarrollo sostenible para no quitarle opciones a las generaciones futuras. En Rio+20 no tuvo tanto peso como en instancias anteriores.

    Es que en países democráticos es muy difícil a veces tomar decisiones de mediano y largo plazo porque el ciclo político y presupuestario es de 4 o 5 años . Esto llama a la importancia de tener políticas de Estado que sobrevivan cambios de gobiernos.

    Hoy el mundo está en tanta crisis que muchos estamos enfocados en el corto plazo pero no actuando en la toma de decisiones sobre financiación, compras y consumo a largo plazo.