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    Salir de la crisis es un “combo privado-público” dice jerarca de Industrias, que espera un “aluvión” de proyectos para apoyar

    Con cautela y optimismo, la directora nacional de Industrias, Susana Pecoy, espera que el crecimiento que registró en los últimos meses la producción fabril se mantenga en el corto plazo y aspira a que algunas ramas que arrastran una situación “complicada” se reactiven con las ventajas aprobadas en el mercado de las compras públicas. “Pero esto es un combo privado-público” de “empezar a salir al mercado y poder ampliarlo”, y no solamente público “con sus posibilidades de ayudar”, dijo.

    Lo que sigue es una síntesis de la entrevista que la jerarca del Ministerio de Industrias mantuvo con Búsqueda.

    —Con los datos alentadores de mayo, ¿cree que la recuperación de la producción es sostenible?

    —Hay una recuperación, aunque la coyuntura todavía no ha dicho todo; hay que esperar un poco más para ver realmente qué cosas pueden fortalecerse o solidifcarse en las tendencias. Pero veo con optimismo el repunte.

    Aunque claramente la actividad exportadora fue la que más creció, también se empieza a ver cierto grado de recuperación en la actividad local de manera un poco más lenta. Si bien hay otras que están mucho más complicadas, como las curtiembres, que ya venían con una situación estructural, lo mismo la textil y calzado, porque les resulta muy difícil competir en precio con lo que viene del exterior. Son industrias que todavía siguen en un proceso complejo y en las que estamos trabajando para ayudar a que se reconviertan o mejoren su posición. También con las industrias de la imprenta.

    —Para las textiles se aprobaron mejoras en el régimen de compras públicas. ¿Qué se prevé para las demás?

    —Con el nuevo decreto de textil les estamos dando en las compras públicas un margen de 30% de preferencia y una reserva de mercado de hasta el 10%. Eso puede ayudar a reactivar. Para el sector calzado está para la firma en el Ministerio de Economía un decreto espejo. La contraprestación de parte de las industrias será demostrar la fabricación nacional y un sostenimiento de las fuentes laborales.

    Y la mesa interinstitucional sigue activa estudiando sector por sector.

    —En el período anterior hubo subsidios para alguna de esas ramas, ¿no fueron eficientes? ¿Esta nueva herramienta servirá?

    —(Los subsidios) ayudaron a sostener el momento, todavía queda mucho por hacer, sobre todo hay que transitar el camino en conjunto, porque el Estado a veces no puede dar más de lo que da.

    Este instrumento de las compras públicas permite una sostenibilidad y estabilidad anual y en los puestos de trabajo, porque son sectores muy zafrales.

    —De cara a la próxima ronda salarial la Cámara de Industrias alertó sobre la “fragilidad” de las empresas, los problemas de competitividad y de generación de empleo para los próximos dos años. ¿Lo comparte?

    —Sabemos de las dificultades de la coyuntura, pero también de las que venían de antes, con la contracción industrial. Estamos en un momento complejo que debe atenderse y entenderse. En el tema de la ronda salarial, no quiero meterme.

    Pienso que en toda crisis hay oportunidades y en la medida que podamos saber leer… Hay que animarse, abrir mercados y a algunas industrias también hay que ayudarlas a exportar. Pero esto es un combo privado-público, no solamente público con sus posibilidades de ayudar, ya sea desde tener más eficiencias en las empresas públicas y poder traducirlas a tarifas, sino un combo de empezar a salir al mercado, poder ampliarlo y generar más puestos de trabajo.

    —Para eso los industriales reclaman reducir el “costo país” y también se precisa invertir más. Sin embargo, tienen expectativas poco alentadoras según relevamientos de la gremial…

    —Hablando de las pequeñas industrias, el año pasado el fondo industrial tuvo muchas más postulaciones que el anterior y dio más dinero, porque entendimos que había que concentrar los recursos para la ayuda directa. Pero ese dinero no va solo por nuestra cuenta, requiere una contraprestación. La convocatoria del fondo industrial cierra el 30 de julio y tenemos expectativas de que habrá un buen aluvión de proyectos.

    Por otro lado, hubo 97 proyectos por US$ 220 millones en el sector que se presentaron ante la Comap (Comisión de Aplicación del régimen de promoción de inversión) y evaluamos aquí. A pesar de la coyuntura, todavía hay margen, ganas y una apuesta por invertir y por seguir creciendo.

    —¿Con qué otras políticas se impulsará la inversión y la reconversión?

    —El fondo de biotecnología que estaba pensado para un solo año lo extendimos y está en el presupuesto quinquenal, porque esa industria tiene un diferencial. Habrá un fondo nuevo de electrónica y robótica que tiene una parte para incubación de proyectos y otra vinculada a la reconversión. También estará el de economía naranja, dirigido a las industrias creativas, porque queremos apostar al diseño, una rama que tiene un potencial fantástico a escala de valor agregado y es transversal a toda la industria.

    Y estamos trabajando en un fondo de vinculación tecnológica que apunta a una transformación real, a acompañar a las industrias pequeñas a la reconversión que les permita una mejor eficiencia productiva, por ejemplo, financiando parte de una consultoría y acompañando el proceso de implementación de la mejora, que puede ser la compra de maquinaria u otra tecnología.

    —Con ello apunta a fomentar la innovación. Un sector nuevo es el del cannabis medicinal, ¿cree que Uruguay puede ser competitivo?

    —Sí, más allá de lo que hoy está funcionando, tenemos potencial de crecimiento para meternos en la industria real del cannabis, para eso es bueno ganar mercado rápido. Estamos articulando con otros ministerios, recorriendo las industrias. Tiene un agregado en biotecnología muy interesante, hay mucha genética y trazabilidad aplicada, tecnología en el diseño de maquinaria específica, diseño para la cosecha, semillas, hay mucha investigación y trabajo detrás de lo que antes podía pensarse como una industria primaria.

    Susana Pecoy. Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda

    —Los altos costos y regulaciones pueden frenar la diversificación de ese sector o de otros y tornar difícil el salto tecnológico. ¿Usted qué dice?

    —En los últimos tiempos Uruguay ha tenido una tradición innovadora y de mucha inversión en este tipo de cosas y los momentos de crisis nos obligan más a apostar. Se están viendo cosas muy interesantes, los diseños de sistema de riego, de fertilización, la inversión y trabajo en silvicultura, y eso contagia y está bueno.

    —Empresas innovadoras como UPM también generan reclamos entre los industriales por los beneficios que obtienen en relación con las condiciones de competitividad del resto…

    —Siempre una industria con alta tecnología le deja mucho al país porque apura los procesos de crecimiento, modificación y de capacitación.

    El año pasado visité el barrio donde se estaban construyendo las casas para los operarios de la planta de UPM y la metalúrgica de la calle de enfrente era la que lo había hecho. Era una industria que ganó el fondo industrial, que tiene un brazo robótico por ese apoyo. A esa industria pequeña, que no tiene nada que ver con la celulosa, le cambió la vida.

    —¿Prevé que, más allá de la celulosa, la industria pueda ganar participación en la economía con nuevos sectores como el de cannabis o la biotecnología?

    —Sí, y con otros que podrán desarrollarse y que hoy no los tenemos en el radar. Lo bueno de la industria es que es de una gran dinámica. El mayor valor agregado está en la cabeza de la gente. Las oportunidades están, hay que ver dónde está la vuelta de tuerca para insertarse.

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