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    Santitos

      El cuento de Pepenieves y sus seis alqaeditos me tiene patilludo.

    De entrada nomás, este “presente griego” —el origen del término proviene del famoso Caballo de Troya— es un innecesario aporte a la riqueza inmigratoria del Uruguay, que sin duda no precisaba de seis musulmanes terroristas para confirmar sus brazos abiertos a la llegada de extranjeros a nuestras (todavía) despobladas tierras.

    Cuando se anunció que estos botijas se venían a vivir acá, hubo todo tipo de explicaciones e informaciones acerca de sus antecedentes, y el gobierno, (en especial el Pepe) ayudado por la persuasiva y seductora vocecita ronca de doña Julissa con su cadencia caribeña, coadyuvaron en tratar de convencernos de que se trataba de un grupito de desdichados perseguidos injustamente acusados de cualquier atrocidad, merecedores de la amplitud solidaria de la Patria Artiguista.

    Es más, el día que llegaron, en el informativo central de Teledoce, a las 8 de la noche, mientras las imágenes mostraban el hospital donde los están controlando a los chochamu, una voz en off leyó un informe que tuve que rastrear a ver de dónde venía, —me costó, porque en la página web del canal al menos yo no lo encontré— y al fin di con lo que creo que fue el origen. Lo publica Infobae el mismo lunes 8, y leyendo alguno de los tramos uno termina por convencerse de que estos chicos son unas injustas víctimas de la ciega persecución gringa.

    Fíjense, si no: Wha´ el Dhiab, que es uno de ellos, “se dedicaba al manejo de camiones, trabajo que desarrolló en la Fuerza Aérea Siria. También supo ser vendedor callejero en Arabia Saudita.” Otro de ellos, Mohammed Taha Matan, según este mismo informe, “decidió dejar su país en 2002, según su abogada Lauren Carasik, para escapar de la violencia y la pobreza, al ser el segundo de 15 hermanos. Su destino era Afganistán, sin embargo a medio camino, en Pakistán, un hombre le recomendó buscar ayuda en una casa en la que residían estudiantes árabes. Finalmente, tras una redada de fuerzas pakistaníes, fue derivado a Guantánamo”. Angelito, qué disgusto, ¿no? ¡y qué injusticia! Y una preguntita que me salta cada vez que leo lo que dicen los abogados de los nuevos inmigrantes. ¿Quién paga los honorarios de todos esos abogados norteamericanos que no se caracterizan por cobrar barato, con horas-servicio que andan en promedio de U$S 500? ¿El Pit-Cnt? Abdel Hadi Faraj, según el informe de Infobae, “entre los distintos trabajos que realizó, supo ser carnicero, empleado en una cantera y vendedor de frutas y verduras”. Ahmed Adnan Ahjam, por su parte, “creció en la ciudad siria de Alepo, donde su padre tenía una fábrica textil, y donde aprendió el oficio de joyero”. Abdul Bin Mohammed Ouerghi, según el informe, “de pequeño vendía ropa de segunda mano en Túnez”.

    Llegamos pues a la conclusión de que estas inocentes criaturas son una bendición para el flujo inmigratorio, y que tiene razón el Ñato Fernández Huidobro cuando dice –lo escuché textualmente en la televisión- que estos jóvenes “son como mi abuelo y mi abuela, que también vinieron al Uruguay buscando un futuro mejor”.

    Claro, uno desconfía un poco de tanta inocencia, y entonces se va a buscar los documentos oficiales publicados por las autoridades norteamericanas, recogidos por la prensa de los Estados Unidos, y lo que aparece allí no necesariamente coincide con el informe de Infobae, o de quien sea y repetido por Infobae.

    Ahmed Adnan Ahjam “fue detenido en diciembre de 2001 por ser parte de las células terroristas que escaparon de las autoridades sirias y huyeron a Afganistán. Participó en las hostilidades contra las fuerzas de ese país. Recibió capacitación sobre operaciones suicidas en Siria, y figura en documentos de Al Qaeda como uno de los que recibió formación en el uso de armamento como pistolas, fusiles AK47, M16, granadas propulsadas por cohetes y granadas de mano”. ¿Pero cómo? ¿Este no era el que aprendió el oficio de joyero? ¡Qué joyita!

    La cosa no queda ahí. Mohammed Taha Mahan (aquel al que agarraron injustamente alojado en una residencia de estudiantes árabes cuando huía de la pobreza de su numerosa familia), según las autoridades americanas “fue detenido en casas de seguridad pertenecientes al grupo terrorista Al Qaeda donde también se capturaron a otros miembros de la organización. Durante su detención, Taha Mahan declaró que odiaba a todos los enemigos del Islam, incluyendo a los estadounidenses, judíos, cristianos y musulmanes´ (por suerte no incluyó a los uruguayos en su odio genérico), es poco cooperativo y desafiante”. Acá, si se hace hincha de Peñarol va a aflojar rápido, van a ver.

    Otro de los recién llegados, Abdel Hadi Faraj, aquel que era carnicero, trabajaba en una cantera y además vendía frutas y verduras, “se le señala como integrante de una célula terrorista siria”, “se le adjudica haber participado en las hostilidades contra las fuerzas estadounidenses y de la coalición”, “recibió entrenamiento suicida, retiene datos de su organización extremista y de sus asociaciones Al Qaeda en Siria y Afganistán”. ¿En qué quedamos? ¿Vendía frutas y verduras o se entrenaba para atentados suicidas? ¿Qué nos trajiste, Pepe?

    Y así sigue la cosa. Alí Husain Shabaan “integró una célula terrorista, recibió entrenamiento suicida y formación para el manejo de armas”, Abú Wael Dhiab es “miembro del Grupo de Siria, compuesto por células terroristas, por sus actividades terroristas fue condenado a muerte en ausencia. Fue miembro de la red global de Al Qaeda desde fines de 1990”, y Adel Bin Mohammed Ouergui “fue detenido como miembro  de Al Qaeda y del Grupo Combatiente Tunecino. Poseía información sobre el ataque a las torres gemelas, además de planificación de otros ataques suicidas. Se le considera entrenador senior en explosivos de la organización terrorista”…y pensar que de pequeño vendía ropa usada en Túnez…

    Yo, en realidad, a estos gringos no les creo nada. Los escracharon a estos angelitos del Islam, que, a pesar de que el subsecretario Porto diga que no se pueden dar datos de ellos porque son secretos, yo les voy a contar lo que van a hacer cuando los rajen del hospital.

    Ya sabemos que la generosidad sin límites del Pit-Cnt los contendrá en una casa para que se reúnan con amigos, coman asados y aprendan a tomar mate. Después, uno de ellos va a dar clases de manualidades en un centro escolar, y otro ingresará al cuerpo de ballet del Sodre, donde bajo la severa dirección de Julio Bocca, se volverá un brillante bailarín. Otro más se integrará al Movimiento Tacurú, y les enseñará a los muchachos las técnicas de recoger en bolsas negras grandes toda clase de objetos inertes. Los que tienen entrenamiento para atentados suicidas, que en fija que es mentira, pero son ágiles y fuertes, se unirán a los grupos de guardavidas de las playas, para sacar del agua a los que se estén ahogando.

    Y a fin de año, todos los años, se juntarán para armar un arbolito de Navidad en la chacra del Pepe, para agradecerle el favor recibido.

    Y colorín, colorado…

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