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Río de Janeiro (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina). Cuando Juan Manuel Santos inicie su segundo mandato de cuatro años como presidente de Colombia hoy jueves 7, podrá ostentar algunas cosas. Su reelección tuvo el apoyo de 51% de los votantes, su país es el que crece más rápido entre las grandes economías latinoamericanas y la negociación que él impulsó con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para poner fin al conflicto de medio siglo ha avanzado como ninguna otra. Sin embargo, cualquier mensaje triunfalista podría sonar apresurado: todo indica que lo más difícil aún está por venir para él.
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A punto de cumplir los 63 años, Santos tiene una agenda de retos peculiares para lidiar hasta 2018. En el Congreso deberá aprender a sobrellevar la oposición de bloques de derecha e izquierda (incluyendo en el primer caso una bancada de 20 senadores liderados por el hábil ex presidente Álvaro Uribe), lo cual marca un escenario inédito en la historia reciente colombiana. Y en el campo enfrenta una sorpresiva ola de ataques y atentados de las FARC, que marca el momento más delicado desde que se inició el diálogo de La Habana con la guerrilla en noviembre de 2012.
Fue precisamente la defensa del proceso de paz la carta de victoria de Santos en las elecciones de junio, cuando el apoyo circunstancial que obtuvo de la izquierda le permitió derrotar a Óscar Iván Zuluaga, el candidato de Uribe que había salido adelante en la primera vuelta y recogió 45% de los votos en la segunda con un discurso de confrontación con la guerrilla.
La negociación entre el gobierno y las FARC ha logrado acuerdos sobre temas complejos como reforma rural, drogas ilícitas y participación política de los guerrilleros. Pero restan asuntos clave como la reparación de las víctimas y la entrega de las armas. Esta semana ambas partes anunciaron que el 22 de agosto comenzará a trabajar una comisión especial para analizar un “cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo”. Otro grupo con expertos independientes preparará informes sobre los orígenes del conflicto y sus víctimas.
Sin embargo, los combates entre las partes han continuado y las FARC lanzaron en el último mes una serie de ataques con explosivos contra torres de energía, acueductos, puentes, carreteras y bases militares que han dejado víctimas civiles e importantes pérdidas económicas. Esto llevó al propio Santos a cambiar su estrategia de silencio público ante las acciones del grupo guerrillero. “Ustedes continúan con eso, están jugando con candela y este proceso (de paz) puede terminar porque no podemos seguir indefinidamente en esta situación porque el pueblo colombiano se confunde”, advirtió el martes 29. Pero al día siguiente un nuevo atentado de las FARC contra el Ejército alcanzó una vivienda, matando a una niña de dos años e hiriendo a su familia.
En el departamento de Putumayo, al suroeste del país, los guerrilleros comenzaron a parar camiones cisterna cargados de petróleo y obligarlos a vaciar sus tanques en el mismo lugar, en procura de que sus empresas acepten pagar extorsiones. El martes fueron incendiados cinco de esos vehículos provenientes de una refinería local.
Expertos en defensa y seguridad sostienen que la ofensiva del grupo rebelde apunta a tener un impacto en el diálogo de La Habana. “Es casi una constante en la cultura política de las FARC: piensan que cuando la negociación está llegando a un punto importante tienen que dar muestra de fortaleza, para estar en una mejor posición”, dijo Armando Borrero, un ex consejero presidencial colombiano. Sin embargo, advirtió que las tácticas de la guerrilla están provocando desde las elecciones de junio una creciente frustración en la sociedad. “Esto ha acabado con los procesos (de paz) anteriores. Si continúa, puede llegar a un punto en que el costo político para Santos sea tan alto que le resulte más rentable levantarse de la mesa. ¿Cuándo se llega a ese punto? Creo que está muy cerca”, sostuvo en diálogo con Búsqueda.
La otra agenda
Pese a su conflicto interno y gran desigualdad social, la economía colombiana ha crecido en los últimos tiempos a tasas bastante superiores que la mayoría de los países de la región. En el primer trimestre del año el PBI se expandió 6,4% respecto al mismo período del año pasado, y la proyección oficial es que el salto de 2014 sea de 4,7%, en gran medida gracias a las fuertes inversiones que está recibiendo, exportaciones de petróleo y carbón, y una caída del déficit fiscal (hoy por debajo de 1% del PBI).
El gobierno ha estimado que un acuerdo con las FARC podría añadir otro punto porcentual al crecimiento del país. Pero tal vez lo más difícil para Santos llegaría después de cerrar las negociaciones con los guerrilleros. “Los acuerdos en La Habana colocarían un fin al conflicto armado, (…) pero allí se haría la verdadera construcción de paz en Colombia, (que) pasa por unas reformas importantes aplazadas en el Congreso y que el Ejecutivo tendrá que impulsar”, indicó Patricia Muñoz, investigadora en Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.
A su juicio, la lista debería incluir transformaciones en áreas sensibles como la política, la justicia, la salud y la educación, además de la reforma rural. “¿Qué puede hacer un Ejecutivo frente a tantos retos? La respuesta es una sola: priorizar”, sostuvo Muñoz. Sin embargo, aclaró que todo dependerá de la naturaleza de los acuerdos que haya logrado con la guerrilla, que hasta ahora es una incógnita.
Durante sus primeros cuatro años como presidente, Santos logró impulsar algunas leyes importantes, como la de reparación a víctimas del conflicto armado y restitución de tierras (que ha tenido dificultades para implementarse). Sin embargo, el presidente llegó a tener un apoyo de hasta tres cuartos del Congreso y ahora esa situación ha cambiado. Una duda es si Uribe logrará desde el Senado obstaculizar la gestión de quien eligió como su sucesor y hoy es su principal adversario. Analistas como Muñoz calculan que Santos podrá reunir de todas formas una mayoría absoluta de legisladores y, para ratificar un eventual acuerdo de paz, contaría con el apoyo de la izquierda. “Todavía tiene un margen importante”, concluyó.