“Desensillar hasta que aclare”. Esa es la actitud que están adoptando los argentinos respecto a la compra de campos en Uruguay, donde en los últimos años habían realizado fuertes inversiones que generaron un empuje en el agro nacional.
“Desensillar hasta que aclare”. Esa es la actitud que están adoptando los argentinos respecto a la compra de campos en Uruguay, donde en los últimos años habían realizado fuertes inversiones que generaron un empuje en el agro nacional.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAsí lo señalaron a Búsqueda ejecutivos de empresas que intermedian desde Argentina en la adquisición de predios rurales en Uruguay, en línea con la percepción que tienen sus colegas locales: los negocios de inversión de argentinos están virtualmente frenados.
Según el director de la empresa Compañía Argentina de Tierras, Claudio Mejía, las inversiones de argentinos en el agro uruguayo perdieron brío a raíz de las restricciones dispuestas por el gobierno de ese país para contener la salida de dólares y la reciente firma de un acuerdo de intercambio de información tributaria con la administración del presidente José Mujica. Eso hizo que el “eventual inversor argentino no empuje con la misma fuerza y esté como desalentado a la espera de que esto pase”. Hay, de todos modos, interesados en dedicarse a la ganadería en Uruguay, lo que supone una novedad ya que en los últimos años las inversiones de argentinos se volcaron sobre todo a la agricultura.
Además, hubo una “suba generalizada de los precios” y “la presión impositiva se hizo presente”, dijo por su parte el presidente de la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales, Roberto Frenkel.
“Hay una gran incertidumbre entre los inversores que, por más que tengan plata, están esperando a ver qué pasa, (y) quieren ver signos claros y concretos de Argentina”, relató ese ejecutivo. “Lo que pase acá afecta mucho a Uruguay con las decisiones. Siempre hay un efecto rebote”, advirtió.
Mejía coincidió con su colega en que para los inversores argentinos “hay nuevos impuestos”, como el que desde este año grava la Concentración de Inmuebles Rurales. Dicho tributo, que recae sobre las extensiones mayores a 2.000 hectáreas con un índice Coneat 100 (productividad media del país) o su equivalente, es cuestionado en su validez jurídica por productores uruguayos y la Asociación y la Federación Rural convocaron el martes 12 a que se presenten acciones de inconstitucionalidad.
Otro factor que incide en el mercado de compraventas de campos en Uruguay es la merma en la cantidad de predios disponibles, tras la fuerte operativa que se dio en los años previos. En un mercado que comparativamente es “chico”, la oferta “mermó mucho”, y “los precios aumentaron vertiginosamente y se acercan a su techo”, comentó ese operador. Por ello, señaló, “hay menos negocios”. Dijo que “el recambio de propietarios de tierras se saturó y los nuevos inversores (potenciales) están demorando más en convalidar los actuales valores”.
En los últimos 12 años unas 6,8 millones de hectáreas cambiaron de dueños en 28.564 operaciones de compraventa, según registros del Ministerio de Ganadería (MGAP). Esa área representa el 41,4% de la superficie de suelos agropecuarios del país.
Más allá de los factores vinculados a medidas adoptadas por los gobiernos en Argentina y Uruguay, los inversores actúan con cautela ante el riesgo que supone un eventual agravamiento de la inestabilidad económica en Europa y sus efectos en los mercados agrícolas.
En los últimos años la mayoría de los compradores de tierras fueron argentinos y los vendedores tanto argentinos como uruguayos y de otras nacionalidades, principalmente europeos, indicó Mejía.
Recordó “la avalancha” de empresarios de su país en 2003 interesados en hacer agricultura, principalmente plantar soja. Las hectáreas dedicadas a ese cultivo pasaron de 16.000 en 2000 a casi un millón en 2011.
“Los grupos familiares o personas físicas extranjeras siempre han optado en mayor medida por invertir en Uruguay más que en Argentina, quizá por la conducta jurídico-política uruguaya que es mejor a la argentina”, opinó.
Planteó la posibilidad de que para los que invirtieron en tierras en Uruguay a partir del año 2000 haya llegado “el momento de hacer una toma de ganancias”, es decir vender para obtener una diferencia por haberlo comprado más barato.
En 2011 el precio medio de la hectárea de campo en el país fue de U$S 3.196, ocho veces más que en 2002, según el MGAP.
Un hecho que hasta ahora pasaba un tanto inadvertido desde el mercado uruguayo de campos es la incidencia que pueda tener la ley de extranjerización de tierras recientemente promulgada en Argentina.
Al respecto, Frenkel dijo que “los extranjeros que en algún momento pensaban comprar tierras en ese país están inhabilitados de hacerlo por esa norma, que hasta ahora no fue totalmente reglamentada” por la administración de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Ese trámite “demorará mucho y por lo tanto, el extranjero no va a comprar hasta que no tenga eso claro”, sostuvo.
En teoría, Uruguay sería favorecido por esa situación atrayendo inversores, principalmente europeos. Frenkel no descartó que eso pueda ocurrir, pero acotó que “en general los inversores hacen un combo con la compra de campos en Argentina y Uruguay, y algo en Paraguay”. Por eso razonó: “Si ya no puede comprar acá es como que también les perjudica la inversión en otros países de la región”.
Otro aspecto a tener en cuenta es que al desalentarse las inversiones extranjeras en el mercado de campos de Argentina “la expectativa es que los precios bajen”, comentó. Y si en el mercado uruguayo suben los valores, “entonces a igualdad de precios muchos argentinos se quedan en su país”, analizó.
“Ese es el gran parate que tiene en ese sentido, los precios ya no son los mismos de antes, la presión impositiva se hizo presente en Uruguay”, resumió. Es conocido que en años recientes “muchos productores uruguayos vendieron sus campos y fueron a producir a Paraguay, donde los costos son menores”, acotó.
El director de la Compañía de Tierras mencionó como “novedad” que los empresarios argentinos tradicionalmente interesados en campos agrícolas para sembrar soja y trigo, actualmente buscan acceder a predios ganaderos en Uruguay. “Tenemos pedidos de búsqueda de campos ganaderos, que no son la niña bonita del mercado, aunque la ecuación ganadera es buena y nos está costando encontrarlos”, comentó.
Es que las tierras para ganadería tienen valores inferiores a las agrícolas, que requieren otra aptitud del suelo, y la creciente demanda de carnes en el mundo mantiene el atractivo por la pecuaria, tanto de vacunos como ovinos, dijo.
Según datos de la Compañía Argentina de Tierras, los precios de los campos uruguayos varían entre U$S 4.500 y U$S 5.500 la hectárea para la producción agrícola en Paysandú, y de entre U$S 7.000 y U$S 11.000 en los departamentos de Soriano y Río Negro.
En las inmediaciones de la ciudad de Colonia del Sacramento los campos llegan a valores de entre U$S 9.000 y U$S 18.000 la hectárea. Y en otras zonas del departamento de Colonia los precios fluctúan entre U$S 6.000 y U$S 12.000 la hectárea, específicamente de campos para la producción de granos y de leche. En San José los valores son de entre U$S 5.000 y U$S 12.000 por hectárea en áreas tradicionalmente destinadas a la producción de citrus, leche y papas.
Los valores más bajos —de entre U$S 2.500 y U$S 4.000 la hectárea— se registran en las zonas del norte y noreste del país. En la zona de la costa de Maldonado y Rocha están los más altos, de entre U$S 8.000 y U$S 25.000 la hectárea, según datos de la firma argentina.
Desde el mercado local, el operador Fernando Indarte dijo a Búsqueda que actualmente los precios para la producción ganadera promedian los U$S 3.500 la hectárea con buenas aptitudes y los U$S 2.700 para los suelos “más duros”, como ocurre en las zonas del norte del país.
“A esos valores no se concretan los negocios”, dijo Indarte, en el entendido de que ninguna de las partes está dispuesta a ceder.
Indarte consideró que las escasas compras de campos realizadas este año fueron concretadas por inversionistas argentinos y en algún caso estadounidenses y brasileños.