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    Seguridad Social y “pilar cero”

    Sr. Director:

    La ignominia del lenguaje es una ofensa grave que puede sufrir el honor o la dignidad de una persona. Últimamente, la llamada Comisión de Expertos está trabajando en lo que se presenta como un novedoso “pilar cero”. Pero ocurre que todas las palabras portan valor o desvalor. Pasada la novedad en el Uruguay común y corriente, caemos en la cuenta de que el cero anula, quita identidad, en el mejor de los casos neutraliza, y un pilar así llamado podría terminar convirtiéndose en el nicho al que irían a caer los desdichados y desdichadas del actual “mercado de trabajo” y actual sistema jubilatorio contributivo1: los y las que quedarán por fuera de él no porque no hayan trabajado, sino porque sus patronos no registraron sus actividades “en caja”, a veces total o parcialmente, por ausencias de trabajo remunerado pero abundancia del que no lo es, como en el caso de las mujeres, u otros ejemplos con una aportación por debajo del salario efectivamente ganado.

    El pasado 15 de enero la ATSS presentó a la CESS una propuesta que subsana el problema de fondo, posibilitando el acceso real a esas jubilaciones a más de medio millón de compatriotas, dándole entera realidad al principio de la verdad material de los hechos como elemento determinante, a través de la intervención de dos cuerpos de inspectores del BPS, distintos, admitiendo las probanzas al igual nada menos que el Poder Judicial (que valida las pruebas testimoniales como el propio Dr. Saldain lo acepta en la página 305, nota al pie número 331, de su libro La era de los nuevos viejos…).

    No es lo mismo —cualquiera de nosotros sabe que subjetiva, emocional y materialmente no es lo mismo— decir estoy jubilado o jubilada que ser beneficiario de un pilar que anula o en cierto modo “deja en el aire” la realidad de mi vida laboral. Porque el cero, en el mejor de los casos, pone una frontera entre el trabajador y la trabajadora “reales” (los que logran registrar su historia laboral), y los que alguien desde “la serenidad del gabinete” considera “avivados” o “avivadas”.

    Profundizar en el análisis de este punto comienza por reconocer que el famoso “pilar cero” ya existe embrionariamente con la asistencia por edad que paga el Mides a los 65 años, o la pensión a la vejez que paga el BPS a los 70. Que lo que se trata es de unificarlos, darles valor de derecho de ciudadanía sin estigmas y no de cuasi dádiva sujeta a algoritmos de pobreza crítica o a la comprobación de ridículos “topes de ingreso” de familiares obligados2. En tales sentidos, el nombre que Gustavo Viñales y Fernando Filgueira de Cinve y la Oficina del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) presentaron a la CESS es más preciso: “Seguro Económico Universal en la Vejez”. Aparece como más apropiado, restando ver aún el diseño definitivo: monto o valor del seguro, edad a partir de la cuál cumplirá su función de protección social efectiva, papel e incidencia en él de los años efectivamente registrados y si contemplará algún tipo de prueba de ingresos del titular o de su núcleo familiar. (Es decir, quedan nebulosas aún por resolver).

    Nombrar es de las tareas más difíciles del ser humano. No pongamos el cero en el lugar que debería proteger a cientos de miles de compatriotas. En seguridad social no debería tener lugar nada parecido a una limosna, ni creer que inventamos el fuego cuando hace miles de años nuestros antepasados y antepasadas descubrieron que alcanzaba con frotar dos palitos para dar abrigo y luz en las noches más oscuras. Los más privilegiados deben ser quienes han trabajado toda su vida, mirando con lupa la situación de las compañeras mujeres, sus trabajos no remunerados, sus lagunas laborales por tareas de cuidado no compartidas, la ausencia de verdaderos créditos laborales que cubran sus presuntos vacíos de “inactividad”, la extensión del tiempo de licencias maternales y paternales, etcétera. Dejemos de hablar del “pilar cero” y erijamos en su lugar un pilar solidario básico digno3 con cargo a Rentas Generales.

    Lo demás —la mirada que todo lo integra— es pensar con los ojos de la justicia social, binomio que cada vez más se extiende por nuestro continente mestizo, sobre el cual todavía no parecen tomar nota por lo menos la inmensa mayoría de nuestros dirigentes políticos, de todos los partidos.

    Adolfo Bertoni

    Expresidente de ATSS

    CI 3.289.304-5

    Notas:

    1) Según un connotado experto, cuando hace unos años le planteamos los problemas de los cincuentones y las cincuentonas, y los cientos de miles de candidatos a no jubilarse nunca, nos manifestó que lo lamentaba, pero que se trataban de “daños colaterales inevitables” de la Ley 16.713 que impuso las AFAP.

    2) Solo para tener una idea: si un señor o una señora de 70 años o más, no tiene ingresos, pero convive con un hijo o hermano soltero que gane más de $ 11.636 pesos, no tiene derecho a la pensión a la vejez.

    3) Debería discutirse también el concepto de “no contributivo”, considerado como equivalente de cotización. En un derecho humano fundamental como el que hablamos el concepto que importa es el de equidad social: no cuánto coticé y cuánto debo recibir, sino con cuánto contribuí yo con mi trabajo a la riqueza del país, y cuál debe ser mi derecho a una vejez verdaderamente digna garantizada por el Estado.