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    Siempre fue así

    N° 1995 - 15 al 21 de Noviembre de 2018

    Las fake news (noticias falsas) son un problema real, permanente en la agenda de los medios en todo el mundo y un motivo de preocupación más que justificado. Pero esto siempre tiene una contracara que puede llegar a traer males mayores. Los dolores de cabeza más intensos vienen cuando un tema como estos cae en manos de algunos dirigentes políticos y se convierte en una oportunidad para manipular la realidad y llevar agua para el molino equivocado. Así llegan tanto proyectos de ley que pretenden castigar desde criterios peligrosamente subjetivos y con cárcel a quienes difundan fake news, como acusaciones de hacer supuestas campañas a cadenas de televisión con una importante trayectoria.

    Vale la pena apuntar que esta oleada de fake news nace como consecuencia de un modus operandi que es muy diferente a lo que debe perseguir el periodismo responsable: las nuevas tecnologías no premian la buena información, aquella que fue verificada y comprobada, sino al tránsito y la difusión de algunos datos, no importa si son verdaderos o falsos. Ahora lo trascendente son los “me gusta”, lo viral, y en general la noticias falsas se adaptan mejor a este nuevo ambiente de información.

    Un tuit —difundido en una red social, que también tienen su costado positivo— del doctor Andrés Scavarelli, presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Libertad de Expresión del Centro de Estudios para el Desarrollo de las Telecomunicaciones (Certal), nos recuerda que para tener libertad, tenemos que —incluso— convivir con las noticias falsas. “No estoy de acuerdo con la tipificación de las posverdades y las ‘fake news’ como delitos. Es un peligroso camino qué autoridad estatal determine qué es verdad y qué no. Esto corresponde a la sociedad y no al Estado. La mentira se combate con discusión e información”, escribió Scavarelli.

    ¿De qué lugar parte el senador frenteamplista Marcos Otheguy para presentar un proyecto de ley que considera delito la divulgación de noticias falsas? No lo sabemos, pero puede ser interpretado como un “vamos a controlar lo que se dice, hay que evitar que vuelva la derecha al gobierno como en el resto de América”. También tenemos el ejemplo del presidente norteamericano, Donald Trump, que si tuviera una ley así entre sus manos, intentaría llevar a la cárcel a los principales periodistas de la CNN y de muchas otras cadenas o diarios de su país.

    Algunos políticos, en especial los que no creen en la libertad, siempre buscarán la forma mediante la cual intervenir lo más posible en todos los contenidos. Esos son los que generan que una parte importante de la opinión pública se fastidie con el tema porque simplemente percibe el juego interesado de quienes deberían legislar con seriedad. 

    Marc Amarós en su libro Fake news: La verdad de las noticias falsas —un estudio completo sobre el asunto— nos explica que el concepto no es nuevo, “lo que es nuevo es el fenómeno”. La mentira y los rumores existen desde siempre, solo que ahora las redes les dan plataformas de difusión masiva. 

    En 1815 los periodistas de la época tuvieron que convivir con los pocos escrúpulos del diario Le Moniteur. Cuando Napoleón logró escapar de su destierro y comenzó su avance hacia París, en aquel mes de marzo, día a día esta fue la evolución de los titulares de ese medio:

    —“El Monstruo se escapó de su destierro”.

    —“El Tigre se ha mostrado en el terreno. Las tropas avanzan para detener por todos lados su progreso”.

    —“El Tirano está ahora en Lyon. Cunde el temor en las calles por su aparición”.

    —“El Usurpador está a 60 horas de marcha de la capital”.

    —“Bonaparte avanza con marcha forzada”.

    —“Napoleón llegará a los muros de París mañana”.

    —“El Emperador está en Fontainebleau”.

    —“Su Majestad El Emperador hizo su entrada pública y llegó a las Tullerias. Nada puede exceder la alegría universal ¡Viva el Imperio!”.

    Esos titulares no son fake news, pero sí lo que ocurre cuando el engaño supera al buen periodismo. El periodismo responsable de aquella época logró dejar atrás todos esos manejos y lo mismo ocurrirá ahora. El fenómeno de las noticias falsas es grave, estamos de acuerdo. Pero mucho más grave todavía es perder la libertad de expresión. Nunca nos olvidemos de eso.

    ?? Bolsonaro y el vecindario problemático