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    Silencio en la noche

    Algunos hablan de licencias poéticas de los autores. Otros, de ciertos historiadores que, en su afán de sobresalir con una hipótesis conmovedora, confunden a propósito algunos hechos históricos.

    Pocos tangos famosos han sido tan sacudidos por estas cuestiones como Silencio.

    El 6 de mayo de 1932, Pablo Gorguloff —un ruso delincuente, declarado inimputable por pericia psiquiátrica y recién liberado del manicomio— asesinó a tiros a Paul Doumer, recién electo presidente de Francia. Blanche Richel de Doumer, su viuda, apenas le sobrevivió un año; alejada de la vida pública, desequilibrada, fue embestida y muerta por un automóvil en abril de 1933.

    Años antes, cuatro de los ocho hijos del matrimonio, militares, fallecieron durante la I Guerra Mundial: Marcelo, capitán de la Fuerza Aérea; René, oficial del Ejército; André, teniente del Ejército, que cayó frente a su propia madre, y Armand, un mayor, ayudante médico con rango militar.

    La historia más aceptada asegura que un francés, Marcel Lattes, periodista, contó esta trágica peripecia a sus amigos Carlos Gardel, Alfredo Lepera y el guitarrista Horacio Pettorossi durante una gira de los artistas por París en 1932. Y aquí surge la primera incoherencia: Lattes no pudo contar la anécdota completa, porque entonces todavía vivía la viuda del presidente Doumer. El otro desborde proviene de la propia letra que imaginaron Pettorossi y Lepera y que musicalizó Gardel: “Eran cinco hermanos, ella era una santa;/ eran cinco besos que cada mañana/ rozaban muy tiernos las hebras de plata…”. Ajustados a hechos comprobables, hay que decir que los Doumer tuvieron ocho hijos, de los cuales solo cuatro murieron en la guerra o por posteriores circunstancias que el conflicto causó; y la madre, al dar su último aliento, lucía un pelo aún renegrido.

    Según el investigador Carlos Benítez, la letra de Silencio es una adaptación libre de un drama familiar “para construir un homenaje a la soledad de las madres mientras los soldados mueren en el campo de honor”. En el cementerio La Ferme de Navarin, a cuarenta y cinco kilómetros de Reims, hay una lápida conmemorativa de Paul Doumer y sus cuatro hijos muertos durante la I Guerra Mundial.

    Pero hubo quien pretendió ir más lejos: Javier Campero Paz, hijo de Alina Paz Estenssoro, hermana de quien fuera ideólogo de la revolución de 1952 en Bolivia y luego presidente de ese país. En varios reportajes sostuvo que a Gardel, quien según él seguía con atención la llamada Guerra del Chaco, iniciada en 1932 y concluida tres años más tarde, le habría llamado la atención un hecho del que tuvo noticias de modo accidental: el padre del tejedor de esta historia que hoy, a la distancia, suena alocada y arbitraria, Raúl Campero Trigo, partió desde la ciudad de Tarija al frente junto a sus cuatro hermanos. Sentenció Campero Vigo: “Que cinco hermanos hayan ido a la guerra es algo excepcional e hizo que la noticia se difundiera por toda América”.

    ¿Gardel lo supo? Nadie podrá, ya, negarlo ni afirmarlo. En cambio, sí es posible desestimar de un plumazo el invento: ninguno de los cinco hermanos Campero Trigo murió en la Guerra del Chaco ni hubo una “viejecita de canas muy blancas,/ que quedó muy sola con cinco medallas,/ que por cinco héroes la premió la patria”; hay fotografías y abundantes documentos que lo prueban; además, como ya fue dicho, El Mago, al momento de crear Silencio junto a Lepera y a Pettorossi, en 1932, estaba en Francia, de gira y analizando el guion de su próxima película.

    Increíblemente, los Campero han seguido insistiendo con esta suerte de novelón de bolsillo.

    Gardel grabó Silencio en tres oportunidades para el sello Odeón: dos con las guitarras de Domingo Vila, Ángel Riverol, Guillermo Barbieri y Horacio Pettorossi, entre febrero y mayo de 1933, y una con la orquesta de Francisco Canaro. Acompañado por la agrupación de Juan Cruz Mateo, lo convirtió en uno de los temas de la película Melodía de arrabal, filmada en los estudios Paramount de Joinville, Francia, con la dirección de Louis Gasnier; en todos los casos interviene un coro femenino que integraron María Esther y Adela —hijas de Guillermo Barbieri y tías de la actriz Carmen Barbieri—, Blanca del Prado, Felisa San Martín, Élida Medolla, Corina Palermo, Emilia Pezzi y Sara Delar.

    Silencio es uno de los tangos más difundidos en el planeta y hasta fue cantado —se ha dicho que con su letra original— por soldados de la División Azul durante la Guerra Civil española.