Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAún desde mi retiro voluntario de la tarea periodística, que desarrollé durante varias décadas, sigo, con lógico interés, nuestra actividad futbolística. Y lo que he venido observando en los últimos tiempos, me lleva a escribir estas líneas. Aclaro que he sido, siempre, uno de los defensores del “Proceso Tabárez”, no solo por lo que específicamente aporta el Maestro, desde el borde de la cancha, en cada partido de la Selección mayor sino, muy especialmente, por haber dotado a todo el proceso integral de selecciones de una organización que, antes, jamás había tenido. Lo que, como es lógico, le permite seguir, paso a paso, la evolución de quienes, a través de los años, van realizando el pasaje de una categoría a la que le sigue, en función de su desarrollo etario y futbolístico.
Pues bien: es, precisamente, en atención a esa peculiar y significativa circunstancia, que me sorprende que —en todo este tiempo— no se haya logrado sacar un solo jugador (me conformo con uno) que desarrolle adecuadamente la trascendente función de volante mixto, esto es, alguien que, desde el centro de la cancha, cumpla con la función de marca, pero también con la de elaborar juego hacia la ofensiva. ¿Por qué esta preocupación, que quizás compartan muchos lectores? Porque, como no ocurría en otras épocas, Uruguay cuenta hoy con un par de delanteros, como Suárez y Cavani, que están, sin falso patrioterismo, en el selecto grupo de los mejores delanteros del mundo, como lo demuestran semana tras semana. Pero que, cuando juegan por la selección, no cuentan con algún compañero suficientemente dotado para brindarles la asistencia, que por sus características de juego requieren, de modo de poder desempeñarse en el mismo nivel superlativo con que lo hacen en sus respectivos equipos europeos. Al punto de que, casi siempre, deben valerse exclusivamente de sus grandes habilidades, para asegurar la cuota de gol que todos les exigimos.
Realmente, me cuesta entender que, en tantas años, no hayamos logrado extraer de lo que suele llamarse “cantera inagotable”, aunque sea un solo futbolista (si fuera alguno más, mucho mejor) que cumpla, con eficiencia, con la imprescindible tarea de… ¡hacerles llegar la pelota bien jugada a Suárez o Cavani!; que de eso se trata, al fin y al cabo. Hagamos nombres: en la última defensa, la renovación ha funcionado adecuadamente, y no tenemos mayores problemas; hemos tenido también (esa es una “marca registrada” del fútbol uruguayo) “tractores” en la mitad de la cancha, de una entrega superlativa, y excelente rendimiento en la marca, pero poco aptos para el pase, especialmente los de larga trayectoria (pensemos en los últimos: “El Ruso” Pérez, Arévalo Ríos o Gargano); también algunos técnicamente más dotados, en el manejo del balón, pero con un fútbol de proyección ofensiva limitada (Lodeiro, el “Tata” González, Carlos Sánchez o el “Cebolla” Rodríguez), todos ellos muy valiosos en lo suyo, y con una entrega fantástica a la causa, pero sin el criterio o la sutileza necesaria para meter un pase entre líneas, o generar un pase profundo o un cambio de frente que le permita a los dos fabulosos delanteros que tenemos encontrarse más fácil y frecuentemente en situación de gol. Tanto es así que, en los últimos partidos, así como Cavani lo hizo en otros momentos, Suárez ha optado por retrasarse en el terreno, para hacerle llegar a su “compadre”, esa pelota “limpia”, que de otro modo no le llega.
Justo es decir que, últimamente, el Maestro ha probado algunos jugadores relativamente nuevos (Roland o Vecino) pero ninguno ha podido, al menos por ahora, colmar esa expectativa. Si me apuran, creo que existe un solo jugador, dentro de los que habitualmente convoca el técnico, que tiene las características o condiciones necesarias para cumplir adecuadamente esa tarea de enlace (que es Gastón Ramírez), porque tiene buen control del balón, predisposición y capacidad para el pase profundo, y buen remate de larga distancia, pero, cada vez que fue ubicado como titular dentro del equipo, no logró nunca mostrar ese vasto repertorio. Parece, pues, que estamos ante un problema crónico, casi insoluble. Y realmente me subleva que no se logre encontrar la fórmula apta para explotar al cien por ciento ese tremendo potencial ofensivo que afortunadamente tenemos, pero que injustamente dilapidamos, por esa crónica carencia del fútbol uruguayo, donde parece que es más importante correr y marcar, que crear futbol ofensivo (por algo, con una lentitud que ya no se admite dentro de una cancha, Ligüera y “Nacho” González, siguen gravitando, aunque solo en el medio local). ¿Por dónde buscar? Aunque es tarea del Maestro hacerlo, quizás por el lado de algunas nuevas figuras, como De Arrascaeta o Laxalt, o —más como proyección a futuro— la promesa de algunos juveniles, como Valverde o Bentancour. Entre tanto, sigamos confiando en que —muchas veces solos contra el mundo— nuestros dos grandiosos atacantes se las ingenien, por sus propio medios, para seguir con esos goles que nos lleven a Rusia.
Dr. Amadeo Ottati Folle
CI 893.019-6