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En un foro sobre sindicalismo y gobierno, realizado el jueves 12, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, recordó cómo en 2004, cuando el Frente Amplio se preparaba para ser gobierno, iniciaron un intercambio con el Partido de los Trabajadores de Brasil para “aprender” de su experiencia en la relación con los sindicatos. En un escenario regional completamente diferente al de hace 13 años, algunos sindicalistas y gobernantes uruguayos escucharon con atención las lecciones de un dirigente brasileño que integró la mesa de debate junto a Bonomi y el presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira.
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Rafael Freire es dirigente de la Central Única de Trabajadores (CUT) de Brasil y secretario de Economía Política y Desarrollo Sustentable de la Confederación Sindical de Trabajadores de las Américas (CSA). Por su rol dentro de la CSA tiene una intensa actividad internacional y es, de hecho, uno de los principales organizadores de la Jornada Continental por la Democracia y contra el Neoliberalismo que reunirá en Montevideo, según sus palabras, a unos 3.000 militantes de sindicatos y organizaciones sociales de las Américas entre el 16 y el 18 de noviembre.
En su intervención, Freire hizo énfasis en que el debate sobre la relación entre gobiernos y sindicatos del 2017 es “muy diferente” al de 2005. Para el dirigente, es clave que Uruguay “perciba esa diferencia” si quiere evitarse algunos “problemas” que quedaron demostrados con la experiencia de países vecinos.
La principal diferencia respecto a lo que sucedía más de una década atrás es la “ola conservadora” que avanza ahora a nivel internacional. Entre las características de este cambio político, Freire se refirió a los nacionalismos, la xenofobia, las reformas laborales y de seguridad social, y el ascenso de la extrema derecha en países como Alemania, Francia e incluso Brasil, que tiene al militar Jair Bolsonaro con buenos niveles de intención de voto de cara a las próximas elecciones.
En este nuevo contexto, Freire aconsejó al PIT-CNT no cometer un “error infantil” en su forma de posicionarse frente al gobierno. “El mayor error político que puede cometer hoy la Dirección de un sindicato, un dirigente sindical, un militante sindical, es caer en una tendencia que es la del independentismo ciego”, les advirtió.
Como desarrollo de esa tendencia, Freire sostuvo que cuando los gobiernos no atienden algunas “demandas” sindicales, hay gremios que caen en la “tentación peligrosa” de juzgarlos “solo por esas demandas y no como un todo”. A partir de esas tendencias, se empieza a decir que “esos gobiernos son iguales a los gobiernos de derecha”.
Para Freire está claro que un gobierno de derecha no es igual a uno de izquierda, por más que desatienda algunos reclamos sindicales. Como ejemplo enumeró algunas políticas impulsadas por Michel Temer tras lo que calificó de “golpe parlamentario” a Dilma Rousseff: congelamiento del presupuesto por 20 años, el fin de los programas sociales, la reforma laboral y privatizaciones en la enseñanza, en el sistema eléctrico y en los yacimientos de petróleo.
En resumen, sostuvo que en un año y medio perdieron buena parte de las conquistas alcanzadas en tres gobiernos del Partido de los Trabajadores y que en materia de relaciones laborales están retrocediendo 50 años.
“Decir que es la misma cosa es un absurdo. Un error político tremendo, porque quien lo va a pagar son millones y millones de personas, no es la Dirección de un sindicato. Por eso es que el rol que tenemos hoy es muy importante”, afirmó.
“¿Qué diablos es la independencia?”.
En la misma línea de pensamiento que Freire, Pereira sostuvo que, más allá a de su independencia, el PIT-CNT no puede desconocer los cambios que se dieron en el país a partir del primer gobierno del Frente Amplio. Para reforzar su posición recordó hitos como la ley de negociación colectiva, la de libertad sindical, la de tercerizaciones, la de las ocho horas para los trabajadores rurales, la de servicio doméstico y la de responsabilidad penal empresarial.
Para ubicar mejor el debate se preguntó: “¿Qué diablos es la independencia?”. La esencia de la independencia sindical, se respondió a sí mismo, radica en que las decisiones de las asambleas siempre deben estar por encima de lo que piense el partido al que pertenezcan los dirigentes.
Freire contó que la CSA está intentando establecer algunos “parámetros comunes” entre los sindicatos del continente en el debate sobre la relación que deben tener con los gobiernos. Uno de los parámetros lo recogieron del PIT-CNT: el movimiento sindical debe ser independiente pero no indiferente.
En un tono de autocrítica, Freire cuestionó la falta de “articulación” que tuvieron tanto los gobiernos como los partidos de izquierda y los sindicatos en América durante la década de predominio de gobiernos de izquierda. A su juicio, todos esos actores terminaron volcándose a las demandas de sus países y dejaron de lado la integración. Atacar de manera nacional un problema internacional, “facilitó” el avance de “la derecha”, insistió.
Este nuevo contexto, en su opinión, aumenta la presión sobre los países que aún conservan gobiernos progresistas. Como ejemplo, habló del peso que implica para la región la reforma laboral brasileña.
La Jornada Continental que se desarrollará entre el 16 y el 18 de noviembre tiene el objetivo de debatir y trazar una estrategia común de sindicatos y organizaciones sociales.
“No tenemos miedo de decir que vamos a estar con los uruguayos y las uruguayas defendiendo el gobierno del Frente Amplio en el Uruguay. Vamos a estar en este país defendiendo que la derecha no vuelva. Uruguay es una experiencia a ser defendida por todos los movimientos sociales de la región”, dijo.