N° 1660 - 03 al 09 de Mayo de 2012
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl profesor emérito de Derecho Administrativo y expresidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, Alejandro Nieto, ha volcado los últimos años de una vida que inició en 1930 a despojarse de lo “políticamente correcto”. Gran parte de su obra escrita y de sus conferencias apuntan a lavar maquillajes, a desnudar verdades corporativamente silenciadas y a embestir contra la ritualidad del elogio para engolosinar a gobernantes, legisladores, jueces y gremialistas.
Una de las médulas de su razonamiento y valor —sin émulos profesionales en Uruguay— apunta a los desgobiernos que se instalan en los Estados sin distinción de poderes ni ideologías.
Para que quede claro. Nieto explica que al utilizar el vocablo desgobierno no se refiere a un vacío gubernamental, a una mala gestión por errores, ni a los desbordes de las dictaduras, sino a cuando conscientemente se gobierna mal. Vincula la palabra a la voluntad de hacer las cosas mal, disfrazando los hechos o justificándolos mediante explicaciones absurdas destinadas a proteger a quienes desgobiernan. Y eso no es otra cosa que trampear, estafar a los ciudadanos por intereses partidarios, corporativos, personales o demagógicos.
Uno de los objetivos del académico apunta a la actividad política: “Se ha convertido en un negocio y los partidos compiten en un mercado inspirado en el lucro personal y apoyado en la corrupción”. Así reflexiona y advierte sobre la instalación de “partidocracias” con su eje en España. Es ese país —pese a que desde hace varios años se adivinaba la brutal crisis económica actual—, donde debajo de cada piedra, en grandes ciudades y en pequeñas alcaldías, diariamente se descubren gobernantes corruptos —política, social y económicamente— de todos los partidos que lucharon para llegar a posiciones de privilegio.
Por ahora y afortunadamente, en Uruguay estamos lejos de la médula de ese comentario. Sin embargo, hay que abrir los ojos de par en par porque progresivamente nos acercamos a Sodoma y Gomorra y cuando menos lo esperemos, el desgobierno —que, según el diccionario— es “desorden, desconcierto, falta de gobierno”— se convertirá en una enfermedad irreversible.
Tomemos como muestra ejemplar las recientes crisis carcelarias:
1) Desgobierno es que las cárceles uruguayas —ejemplo mundial de violaciones a los derechos humanos pese a insistentes advertencias locales e internacionales y a promesas incumplidas— sigan con igual hacinamiento y corrupción desde hace décadas, sin que los gobiernos asuman una política de Estado.
2) Desgobierno es que ningún órgano estatal de derechos humanos o los aspirantes a integrar el futuro instituto de la especialidad se exprese, reclame o proponga soluciones.
3) Desgobierno es que el coordinador del Área Metropolitana del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), el comisario inspector Eduardo Pereyra Cuadra —funcionario de confianza política—, acuse a la oposición de conspirar: “Detrás de estos motines hay actores políticos y yo tengo sus números telefónicos”. Y como prueba de su perversa intención, afirme que los motines se impulsan para perjudicar al gobierno.
4) Desgobierno es que este policía no haya sido conducido de inmediato a la Justicia para que revele quién o quiénes son los políticos conspiradores. Si existen, debe señalarlos para que sean encarcelados y eliminados del sistema. Su obligación como funcionario público —así lo establece la ley— es hacer la denuncia en lugar de formular acusaciones buscando un beneficio personal o político. Esta semana, la fiscal Diana Salvo le pidió a la jueza Gabriela Merialdo que lo cite.
5) Desgobierno es que el presidente José Mujica haya defendido a Pereyra Cuadra argumentando que el comisario inspector “debe tener datos” de la acusación.
6) Desgobierno es que, además, lo elogie por sus virtudes como “un viejo comisario, un sabueso” y que antes de destituirlo se lo haya considerado para un nuevo destino: jefe de Policía de San José, con jurisdicción sobre el “Penal de Libertad”.
7) Desgobierno es que, conscientemente, se continúen violando los derechos humanos de los reclusos y que en lugar de tomar medidas de fondo se les atribuya a terceros o a los gobiernos anteriores lo sucedido sin asumir responsabilidades políticas. El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, deberá responder ante el Poder Legislativo citado por la Cámara de Diputados.
8) Desgobierno es admitir que dirigentes del sindicato policial —el mayor del país, con miles de trabajadores legalmente armados— hayan sido, entre otros, los responsables de encender la mecha del motín que tendrá costos millonarios para los contribuyentes.
9) Desgobierno es que las cárceles continúen en la órbita del Ministerio del Interior y que los policías que allí trabajan ganen vintenes y carezcan de formación académica y profesional: un curso de tres meses es una payasada. ¿Por qué las cárceles no están bajo la órbita del Poder Judicial, del Ministerio de Educación o de un organismo independiente?
10) Desgobierno es todo eso y muchísimo más, porque, como indica Nieto, los desgobiernos forman parte de un síndrome global.