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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCon fecha jueves 10 de enero en Cartas al Director el Dr. José Olivera J (a quien no conozco) hizo referencia a una carta de mi autoría con fecha jueves 3 de enero del corriente, sobre el libro del expresidente Sanguinetti La trinchera de Occidente.
Sobre la irónica corrección que desliza en el final de su carta sobre el error tipográfico de “prescripción” y “proscripción” de Wilson, agradezco y valoro el gesto (que aprendí en mis primeros años de estudiante de Derecho y nunca más olvidé) pero es el corolario de una carta que desde el arranque denota cierta intolerancia y agresividad sobre dos ciudadanos que expresan respeto y admiración a un Estado democrático como el de Israel y un pueblo que ha sido perseguido y masacrado como el judío. El pueblo supo salir adelante ante tantas adversidades, el Estado se ha ido consolidando desde hace 70 años y nuestro Estado ha sido pieza fundamental en su creación y en el transcurso de estos años en el avasallamiento de sus derechos por movimientos terroristas que no aceptaron su creación.
Se invoca la condición de abogados de quienes somos nombrados en dicha carta. Lo primero que debo decir es que si bien hice una consideración política en mi carta sobre el Dr. Sanguinetti (lo definí antiblanco) es impensable para mí dejar de reconocer el estatus profesional, político y periodístico del dos veces presidente de la República. Respeto la brillante capacidad intelectual y altísimo nivel cultural del Dr. Sanguinetti y que se nos invoque conjuntamente me enorgullece, pero es inmerecido para mí, pues meramente elogié la brillante pluma y el contenido del libro en cuestión, además de expresar opiniones claras y con convicción sobre el tema.
Buena cosa que nuestro país tenga la posibilidad de que un colorado y un blanco tengamos una visión común sobre el orgullo como uruguayos (para el Dr. Sanguinetti), orientales (para mí) de la actuación de nuestro Estado en la historia de la comunidad internacional, siendo protagonista en la creación del Estado de Israel y la posibilidad de que el pueblo judío tenga el merecido derecho de arraigarse a un territorio y por supuesto defenderlo de quienes nunca aceptaron ese episodio histórico.
Sobre las distintas resoluciones de la Asamblea General de la ONU que refieren al conflicto referido, se invoca en la carta arbitrariamente la que quiere el colega en una total falta de contexto, desconociendo todas las que han sido aprobadas en apoyo al Estado de Israel y la defensa de su territorio. De igual modo se invocan expresiones de un par de célebres judíos que manifiestan opiniones negativas sobre su Estado, lo que no representa la visión mayoritaria del pueblo judío diseminado por el mundo y en el propio territorio israelí sobre su Estado.
Detrás de la carta del Dr. Olivera vislumbro cierta animosidad y desprecio al pueblo judío y al Estado de Israel, lo que provoca mi más profundo rechazo.
Como católico, me quito los títulos de abogado y profesor que invoca Olivera y reivindico mi carta anterior y el brillante libro del Dr. Sanguinetti y su coherente defensa histórica (tanto en lo político como en lo periodístico) del Estado de Israel.
Como abogado y profesor adjunto de Derecho Internacional Público no admito que se diga sobre nuestra opinión “es función de abogados defender a quien delinque (contraviene la ley), pero admirarlo y ponerlo de ejemplo es inaceptable” y menos aún que se nos adjudique: “Y si la apología de quien viola el Derecho proviene de un constitucionalista y avezado político (doctor Sanguinetti) y un profesor ayudante de Derecho Internacional Público de la Universidad Católica (doctor Maute Saravia), ya es inaudito”.
Jehová recibió a Caín y le preguntó por su hermano Abel, a quien este había matado rato antes y la respuesta perversa de Caín fue: “No sé dónde está. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”. Yo no voy a seguir la conducta de Caín y siempre seré “guardián de mi hermano” y en este caso mi hermano es el Estado de Israel y el pueblo judío.
Dr. Marcelo Maute Saravia