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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa semana pasada Búsqueda publicó una entrevista al Cr. Astori en la cual el exministro, desde su atalaya, se despacha con una andanada de predicciones fatalistas a las que ya nos tienen acostumbrados él y toda la dirigencia frentisto-sindical desde el pasado 1o de marzo. Con su clásico estilo soberbio afirma entre otras cosas que el pronóstico de crecimiento del presupuesto es “absolutamente imposible de cumplir”, que el recorte de gasto va a ocasionar “un destrozo feroz en el país” (sí, leyó bien, destrozo feroz), y que como consecuencia se generará un “descontento social muy importante”, que el FA no podrá contener tal como lo hizo en la crisis del 2002. La ministra Arbeleche se encargó muy bien de desmentir esas temerarias afirmaciones. Pero la endeblez de los argumentos y la dureza de los términos que emplea el actual senador del FA hacen pensar sobre si no estará haciendo otra cosa que darle manija a “la barra” para que no decaiga el ánimo ya muy disminuido por la derrota de noviembre y encima ahora por lo bien que le va al gobierno. Pero el tono y el contenido de esas declaraciones no son exclusivos del exministro. Uno ve que toda la dirigencia de izquierda —política, sindical, social y cultural— está tomando ese mismo camino: hacer pronósticos dramáticos sin ninguna base real, sino sobre supuestas intenciones. El propio expresidente Vázquez hace lo mismo en sus lacerantes discursos de barricada dirigidos a la militancia desde su nueva tribuna de 40 pulgadas. La estrategia siempre es la misma: no juzgar resultados, sino adjudicar intenciones, y malas por supuesto. Y ahora con la discusión del Presupuesto vemos que esa estrategia se está desplegando en su máxima expresión. Ignacio de Posadas escribía la semana pasada en su columna semanal de El País que “la izquierda es buena en algunas cosas. Pero en una es sencillamente imbatible: en el discurso. Hacer, lo que se dice hacer, no es su fuerte, pero a la hora de parlar no hay con qué darle”. Y es así, tal cual. Fueron décadas de preeminencia de un discurso hegemónico dado por todo el aparato sociocultural-políticosindical de izquierda en el cual el adversario no tenía ideas equivocadas, sino malas intenciones. Es deber de este gobierno, de todos sus integrantes, comenzar a revertir esta situación. El presidente Lacalle Pou ha dado fuertes señales en tal sentido, enhorabuena.
Ing. Qco. Gualberto Mato