Los periodistas hablan en el programa radial de cosas importantes: el precio de la soja, que estaba alto; el mercado de Chicago, que indica los valores; el agro, que siempre tiene una realidad oscilante, como el clima; las lluvias, los días soleados, las inundaciones y entonces otra vez el precio de la soja, que de pronto se viene abajo. Los periodistas se comunican con un productor rural que les explica telefónicamente estas y otras cosas relativas a lo que crece en la tierra y se cultiva y se vende. Vamos a una tanda comercial y luego viene otro periodista que habla brevemente de una película en blanco y negro que tiene 60 años y trata de una invasión extraterrestre, una invasión donde los alienígenas tienen forma de planta y para conquistar el planeta comienzan a duplicar a los humanos. Paranoia total y absoluta. Según este periodista, lo que ahora está a tu lado, un tanto más serio, un tanto más distante, un tanto más raro, podría ser tu hijo —o tu esposa— pero en realidad es un extraterrestre. Otra tanda comercial y vuelven los periodistas para hablar de temas importantes, como la destitución de un alto funcionario público y una aclaración más sobre el tema de la soja. Los oyentes atentos, sensibles, rápidamente llegan a la conclusión de que el periodista que habló de la película de ciencia ficción está totalmente desubicado, algo así como una de las tantas situaciones bizarras que ocurren en esta vida, donde es difícil no hacer el ridículo. Pero en el fondo, los oyentes no se han dado cuenta de que los productores rurales son extraterrestres que a través de la maldita soja intentan duplicar humanos para meterse en sus cuerpos, y que el funcionario destituido, como descubrió el aquelarre intergaláctico, fue apartado del cargo y será exterminado.

