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    Suba de tasas afectará “muy poco” a América Latina, dice Stiglitz

    Lejos de los datos que indican pleno empleo y del optimismo que reina en el mercado financiero ante el inicio de la normalización de la política monetaria en Estados Unidos (EEUU), el diagnóstico del economista Joseph Stiglitz hace entrever otro país. En él los salarios “no están en un buen momento”, hay una “participación débil” en el mercado laboral y un “vaciamiento” de la clase media. Es un lugar donde los bancos gastan su dinero “comprando políticos” para evitar más regulación. Y donde la política monetaria, un instrumento con una efectividad cuestionada, “debería hacer un esfuerzo mayor” para aumentar el crédito, porque falta “agresividad” para recuperar la economía. Allí, la inequidad será el mayor desafío de los próximos años.

    Las tasas de interés en EEUU fueron aumentadas ayer miércoles 16 en un cuarto de punto porcentual, luego de haber estado en niveles casi nulos durante ocho años. Para Stiglitz, eso no es mucho, por lo que descarta que traiga problemas serios para América Latina.

    De visita en Montevideo para recibir esta semana el título Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República y participar de una charla organizada por el Research Institute for Development Growth and Economics, el premio Nobel estadounidense habló de una “crisis del capitalismo”, aunque eso no significa que la gente quiera ir a otro régimen. A continuación un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

    —¿Los indicadores económicos dan fundamento para que la Reserva Federal (Fed, por su sigla en inglés) de EEUU suba las tasas de interés?

    —La recuperación estadounidense es relativamente débil: los salarios no están en un buen momento y ese es el mejor síntoma de una economía que no es lo suficientemente dinámica. Todavía hay una participación débil en el mercado laboral: mucha gente ha dejado de buscar trabajo. Solo con eso diría que no hay argumentos sólidos (para subir las tasas). No tiene demasiado sentido. Además, no hay presiones inflacionarias. Y hay un ambiente global muy inestable. Pero ¿una suba de un cuarto de punto básico es una gran diferencia para el mundo? Exceptuando la señal de que comienza una tendencia al alza, diría que no.

    También argumentaría que la Fed debería hacer un esfuerzo mayor para que el crédito se vuelva más accesible; algunos bancos centrales han exigido a los bancos dar una fracción a pequeños emprendimientos. La Fed nunca lo ha hecho. Los bancos han dado mucha liquidez pero muy poca llega a la gente y no hay un real flujo de crédito.

    —¿Por qué se demoró en comenzar a normalizar la política monetaria?

    —La economía no está normal, está muy debilitada. Una de las razones por las que ha disminuido el potencial de crecimiento de EEUU es porque se dejó que muchas personas pierdan sus habilidades y no se ha sido lo suficientemente agresivo en estimular la economía. La responsabilidad principal es de la política fiscal, pero la monetaria no aseguró que el crédito vaya hacia donde debe. La evidencia es contundente: solo cuando el desempleo queda por debajo de 3% o 4% los grupos marginados —afroamericanos, mujeres, hispanos— mejoran. Hoy hay un vaciamiento de la clase media.

    —¿Qué recomienda?

    —Se debe poner más atención en los problemas subyacentes que la política monetaria no puede atacar. Se requieren políticas educativas, fortalecer el poder de negociación de los sindicatos y una reducción de la discriminación. En el mundo las presiones son deflacionarias: exceso de oferta de manufactura en China, de commodities, mineras sobreinvertidas y una economía europea muy debilitada. Especialmente con tantas autoridades fiscales preocupadas por la austeridad. La Fed podría tomar una posición más agresiva y no subir las tasas; pero se preocupa de que por la búsqueda por rentabilidad, los inversores dejen de lado el riesgo. Y la respuesta a eso es una regulación más fuerte en los bancos, que no pueden pretender que no existen riesgos.

    —¿Esas regulaciones no existen tras la crisis financiera de 2007-2008?

    —No se ha hecho un buen trabajo. Los bancos son muy poderosos, tienen mucho dinero y lo gastan comprando políticos.

    —La Fed terminó adquiriendo millones en activos financieros para ayudar a la reactivación de la economía. ¿Qué riesgo tiene esto?

    —Ninguno, realmente. Pero se debería reconocer que la razón por la que se hizo tanto para obtener tan poco es que se trata de un instrumento muy débil.

    El problema son los conservadores en materia fiscal. Porque hay un efecto multiplicador: subir los impuestos, aumenta los gastos y eso estimula la economía. Pero alguien como el ministro de Economía alemán, que no es economista, no va a ser persuadido por la evidencia. Es simplemente ideología. Sí puede haber más personas en el medio dándose cuenta de que no podemos seguir en este lío.

    —Por el camino opuesto, Europa ha expandido su política monetaria. ¿Afectará eso las decisiones de la Fed?

    —Debería, pero no lo creo. Debería porque la economía de EEUU no está tan fuerte y con Europa bajando sus tasas de interés probablemente se termine con un dólar más fuerte que dañará las exportaciones estadounidenses y aumentará las importaciones. La economía de EEUU se debilitará. En los primeros años de la recesión, bromeaba diciendo que deberíamos estar agradecidos de que Europa no entendía la política monetaria y subía sus tasas de interés. Pero ahora ¿por qué querríamos hacer lo opuesto?

    —¿Qué impacto tendrá la suba de tasas en América Latina?

    —Muy poco. Son 25 puntos básicos, no es algo grande. EEUU es solo uno de los tres mayores jugadores (en comercio exterior). No hay nadie estrechamente apegado al dólar, salvo Ecuador y Panamá. Habrá algún ajuste, pero no será un problema importante.

    La falta de coordinación (en las políticas monetarias de EEUU y de Europa) causa mucha volatilidad en los flujos de capital y los tipos de cambio. Eso impacta en los países emergentes. Que los flujos vayan de un lado a otro del globo tiene un efecto distorsivo, pero muestra que los movimientos de corto plazo no están relacionados al crecimiento económico sino que solo son una fuente de inestabilidad. Esto refuerza el creciente consenso de que hay que establecer regulación para estabilizar estos flujos.

    —¿EEUU está en el final de la crisis?

    —La crisis como colapso del sistema financiero terminó. Pero hay una crisis más amplia en el capitalismo, que no está funcionando como debería. Es una crisis de la creencia de que los mercados llevan al crecimiento y esto beneficia a todos. Cuanto más largo se haga esto, mayor será el escepticismo en una economía de mercado. No es que la gente quiera ir a otro régimen sino que hay una visión creciente de que hay algo que está mal y se necesitan políticas más fuertes.

    —¿Cuánto de eso puede traducirse en políticas?

    —El Partido Demócrata está abogando por una reforma. Son muy críticos del sistema financiero. Creen en los mercados, pero sostienen que la manera en la que han funcionado en los últimos 20 años no es correcta. No hemos visto esa unanimidad antes. Los republicanos están compartiendo la visión de que algo está mal, y por eso gente como (Donald) Trump está teniendo buenos resultados. Pero no tienen un diagnóstico coherente ni una prescripción, solo se trata de expresar rabia y pensamientos antisistema. Los tonos son muy diferentes, pero hay una visión común de que algo está mal.

    —¿Por qué Trump ha ganado tanto espacio en la carrera presidencial?

    —Hay una cantidad creciente de estadounidenses cayendo de la clase media y las fracciones dentro o cerca de la pobreza son asombrosas. Algunos pasarán parte de su vida allí. Creo que solo hay rabia. (Trump) podría ganar la candidatura republicana por el funcionamiento de las primarias, que está determinado por los votantes. Y votan los más activos y extremos.

    —Económicamente hablando, ¿cuáles son los mayores desafíos del próximo presidente de EEUU?

    —La inequidad y conseguir que la economía vuelva a funcionar de la forma en la que debe. Eso significa enfrentar el problema de los bancos, reestructurar y mover a la industria desde las manufacturas a los servicios. Saber qué hacer con personas que trabajaban en la industria y pasaron a la construcción. Obviamente hay empleo en el sector de las tecnologías de la información, pero ¿qué pasa con quienes no tienen un máster y ya no harán los trabajos de macho que solían?

    —Atendiendo las tensiones raciales recientes, ¿EEUU está pasando por una crisis de inclusión?

    —La marcha de Martin Luther King era por justicia económica y racial. Quince años después nos dimos cuenta de que fallamos. Tenemos un presidente negro, hay un grupo de ricos y presidentes de corporaciones. Rompimos el techo de cristal. Pero no mejoramos las vidas de la mayoría. Además, los celulares nos han hecho ver por primera vez cuán violenta y racista es la policía. Lo sospechábamos, pero ahora lo vemos, y todo el tiempo. No podemos ignorarlo más.

    “El poder corrompe”

    —En Argentina asumió como presidente un empresario, en Venezuela la oposición ganó un número importante de legisladores y en Brasil hay un proceso de impeachment a la presidenta Dilma Rousseff. Todo esto tras años de crecimiento económico histórico en la región. ¿Qué piensa de este cambio político en América Latina?

    —Uno no debería hacer una sobrelectura filosófica. Hay principios generales que son muy conocidos: el poder absoluto corrompe. Si tienes mucho poder y hace mucho tiempo que estás en el gobierno, no importa de qué partido eres, hay una tendencia hacia la corrupción o hacia la rigidez. Esa es la historia principal. Y a la gente no le gusta eso. No creo que estén reaccionando a la filosofía económica sino a las personalidades. La pregunta es si los nuevos gobiernos serán más moderados o volverán hacia las políticas de Chicago (liberalismo económico). Si es así, volverán a fracasar.

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