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    Sueño de una noche de verano

    —“Despertate, Pepe, que estás soñando y hablando dormido, tomá un traguito de agua” —le dijo al Pepe doña Lucía, alcanzándole un vasito de plástico reciclado de una conocida marca de yogurt, con agua de la canilla, parte de la vajilla con la que habían agasajado el domingo pasado a don Juan Carlos de Borbón.

    —“¡Cómo viastar shoniando, shi el jueputa del Ninovoa ya de arranque me mojó la oreja y she la agarró comigo con lo de lo político y lo jurídico, no entendió nada ejte belinún, yo lo quejtaba dishiendo era que pa que Veneshuela entrara al Mercoshú había que hashé cualquier shafarrancho con lojtratado y esho, ¿tá?” —dijo el Pepe con los ojos apenas entreabiertos —“ej que a lo político é mucho má fáshil moverlo paunlao y palotro y a la Coshtitushión eshun quilombo moverla, que dijpué vienen lojminijtro de la shuprema corte y te encajan la incontitushionalidá por cualquier pelotudé, ¿mentendé?” —gritaba desde su camastro sin lograr despertarse.

    Lucía logró que volviera a conciliar el sueño, pero la cosa no duró mucho. Al ratito ya estaba otra vez revolcándose de un lado para el otro, balbuceando incoherencias, lo cual motivó que la solícita esposa le volviera a hablar despacito, para que reaccionara.

    —“¡Y ahora dishen que van a patiá padelante la venta de la maruja en lajfarmashia, y que a lo shirio que iban a vení loj van a mandar pal frízer y no loj van a traé nada, no loj van a traé…” —se le escuchaba decir entre soeces insultos para algunas personas cuyos nombres no se entendían con claridad.

    —“Tranquilo, Pepe, estás soñando, estás otra vez con esas pesadillas, dormite de una vez que mañana temprano hay sesión del Senado…” —le aconsejó Lucía.

    —“¡Qué shenao ni shenao! ¡Qué me importa a mí el shenao, shi yo shoy el preshidente!” —bramó el Pepe —“la maruja she venderá el lajfarmashia dejde la semana que viene, y lojshirio que Cánepa me loj vaya trayendo ya, que ejtamo atrashao con eshe plan, carajo!” —vociferó, mientras Lucía le acariciaba la frente, y sacaba del cajón de la mesa de luz un frasquito de plástico con cápsulas multicolores.

    —“Tomá, Pepe, tomate esta pastilla que te va a hacer bien, y vas a poder descansar, te hace falta, viejo, ¡y ya no sos más presidente, ahora sos senador!, pero no te preocupes, que desde el Senado vas a poder hacer muchas cosas, Pepe, a ver, tomá, eso, sí, tragá la pastilla, tomá otro vasito de agua, ahí está, eso es…” —dijo con resignación la pobre esposa desvelada.

    “¡Ejque lo shirio tienen que vení, porque eso cajcan a laj mujere, y esha ej la manera de manejarlajaujtede!” —volvió a gritar el Pepe —“yo lojquiero acá a lo shirio porque shon un ejemplo de cómo hay que tratá a lajmina, acordate de loj cachetazo que te ligajte vó hashe algunoshanio, y lo bien que te vinieron, vieja bandida!” —insistió Pepe desde su duermevela, medio dormido y medio despierto.

    —“Mirá, no inventes y dormite, no me vengas con lo que soñaste y lo que hiciste, porque te ganás un premio por la cantidad de cosas que soñaste y las pocas que llegaste a hacer, ahora dormite de una vez, que yo también tengo sueño, caramba” —contestó Lucía con fastidio.

    Pero la pesadilla del Pepe estaba lejos de terminar.

    —“¿Entregaron la guita del Fonde pa la otra imprenta que she ejtaba por fundí y lej íbamo a prejtá otro ocho miyonedólare pa que shiguieran changando? ¿She inauguraron la diejmil vivienda del Plan Junto? ¿Y lojaporte pa la fábrica fundida de ladriyo, que quedó en manoelojobrero, que preshishaban tré miyonedólare pa reflotarla y tirar un par diaño má, lojentregaron o no? ¡averiguame, vieja, quel Fonde ejuno de lo proyeto májimportante de mi gobierno!” —inquirió, agarrado de la almohada como un niño angustiado. “¿Arrancaron lo ferrocarrile? ¿Shalió ya el tren de lo pueblo libre, queinauguramo con la vieja quejpeor quel tuerto? ¡AFE será el orguyo de la patria grande, shurcando lo riele de lajamérica con shu trene yevando la gente y lajcarga de la produshión de májymejó Mercoshú!” —decía el Pepe como transportado, con los ojos entrecerrados.

    —“¡Dormite de una vez, carajo!” —le gritó Lucía, que ya estaba perdiendo los estribos, y no se bancaba más aquella retahíla de incoherencias, que estaban sin embargo en pleno desarrollo.

    —“¿Vino el Evo pa la inaugurashión del puerto de agua profunda, que construimo con capitale polaco, ruso, chino, brasilero, y que inauguramo pa la gloria de la shalida al mar de lojindio del altiplano? ¡Vamo a pashá a la hijtoria con eshe megaproyeto!” —gritó tan fuerte, que Manuela ladró pensando que había un extraño en la casa.

    —“Hasheme un favó, Lushía” —dijo, haciéndole creer a su esposa que estaba despierto —“yamalo al ejcribano que hisho el contrato de Alas-U, a ver si dejpegaron ya loshavione, yamalo, andá ¡Yamalo por favó!” —le suplicó.

    A pesar de la hora, y para calmarlo, Lucía llamó al escribano, quien, visiblemente molesto, le dijo que lo único que había podido despegar era un timbre profesional del contrato, con la ilusión de reutilizarlo en algún otro documento que tuviera más posibilidades de concretarse.

    Al fin se durmió, pero a las ocho Lucía trató de despertarlo, para que llegara en hora a la sesión del Senado.

    —“Jame dormí, vieja rompequinoto, quejtaba shoniando que había releshión en Uruguay, y que a Tabaré lo habían nombrao preshidente de la Cusha, porque había renunshiao Juan Shalgao”…

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