N° 1831 - 03 al 09 de Setiembre de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAl fin una noticia importante: invasión de arañas en Vergara. Posta, lo dijo el noticiero del martes a la noche. Arañas sobre los carteles de la carretera, telas de araña sobre los campos, arañas copulando desenfrenadamente. Desde un avión esa parte del país se ve negra. Las arañas avanzan y arrasan. Centenares de cadáveres en el campo y encima de ellos las arañas. Ahora sí se decreta la esencialidad ultraesencial. Obreros y estudiantes, campesinos, sindicalistas y docentes, unidos y adelante. También el Ejército. A matar arañas antes de que las arañas nos maten a nosotros. Es comprensible, estamos todos de acuerdo: somos nosotros o las arañas. El viejo castigo nos ha caído encima: le dimos a la naturaleza como quien lava y no tuerce, con la soja, con las pasteras, con la minería a cielo abierto, con todo lo que había, y la naturaleza nos devuelve arañas cada vez más grandes y peludas. Ahora son tarántulas satinadas y bien negras. Avanzan hacia el Palacio Legislativo. Vázquez se encierra en su casa del Prado; es un refugio antiarañas probado, nadie lo sabía. Mujica se las banca en la chacra, dice que está acostumbrado. La ministra Muñoz interrumpe las negociaciones con los maestros y habla de las arañas, todavía con una sonrisa de vieja superada. De pronto, una araña se descuelga por su pelo. La ministra pierde la compostura y se le estampa una mueca de horror nunca visto en el rostro. Los periodistas y la gente que la rodean intentan manotear la araña de su pelo, con asco, con miedo. Tumulto. Las cámaras no lo pueden captar pero todos intentan pisarla, a la araña. Estado de emergencia. Sin más dilaciones intervienen los militares. Amodio se escapa en el descuido, y, sin saberlo, se lleva una araña en la valija. Gases y bombas alrededor del Palacio, que resiste. Las arañas comienzan a ceder, se queman en un primer plano y hacen ruido, como de dolor. Se las puede exterminar. Hurra, hay esperanza. Siguen los gases y las bombas. Las arañas flaquean, no están bien organizadas, muestran debilidades. Poco a poco van desapareciendo hasta llegar al límite tolerado, alguna por aquí, otra por allá, lo normal. El país vuelve a la calma. Los niños retoman las clases. Ahora vemos a un escolar de inmaculado guardapolvo blanco y moña azul con su ceibalita. Es una imagen encantadora. Pasó la pesadilla. El niño deposita su ceibalita en el pupitre de la escuela y se va al recreo. La ceibalita tiembla, se mueve y debajo surge una perfeccionada, asquerosa y enorme tarántula.