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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáParte de mi vida la he pasado como médico emergencista, en unidades móviles en Montevideo y varias unidades móviles del interior. Me sensibiliza lo atroz y estúpido que resulta para una “sociedad de la inteligencia” ofrendar muertos jóvenes y futuros discapacitados en nombre de los procesos burocráticos y sin rendición de cuentas. Sin hablar de los 500 a 1.000 millones de dólares en costos para el SNIS y BSE y las propias familias.
He construido conocimiento a partir de la práctica profesional. Cada vez que con el móvil especializado levantamos a un ciclista o a un motonetista, cientos y cientos de veces en 15 años en la vía pública, el discurso arriba, en la “camilla”, ya empaquetado, fijado, estabilizado y analgesiado el paciente, era el mismo. ¿Por qué a mí? ¿Por qué la moto? ¿Por qué la bici? ¿Por qué la velocidad? ¿Por qué la falta de casco? Esto se realiza muchas veces para mantener la atención y la conciencia del paciente cuando existe leve deterioro, para evitar ventilar o sea intubar al paciente para asistirlo respiratoriamente y proteger la vía aérea de aspiraciones.
Generalmente, es el propio joven el que se culpa y uno le sigue el trillo tratando de desculpabilizarlo mientras lo traslada a los centros de emergencia.
Casi un 100% de las veces es una decisión racional el haber optado por el transporte individual frente a la ineficacia percibida, costo y poca seguridad horaria del transporte colectivo. Y esto potenciado porque la planificación urbana de cambios parece trabajar para que continente y contenido no armonicen y trabajen contradictoriamente, generando stress de tránsito.
Lo del corredor Garzón es una afrenta a la inteligencia y a la economía urbana. Pero no solo.
Hace tiempo —1998, 2000— en el SMU comenzamos un ciclo de talleres dirigidos a la seguridad en el tránsito para diversos operadores urbanos.
Un experto español (no recuerdo su nombre) nos planteó todos los problemas que íbamos a tener. Existían (existen), según él, dos tradiciones de transporte ciudadano, enraizadas en las culturas de origen.
1. Tradición europea, con fuerte acento en el transporte público colectivo eficaz, eficiente, amigable y estricto con horarios. Trenes, metros, subway, etc. preferenciales tendiendo a cero vehículo individual en el downtown.
2.Tradición norteamericana, de transporte individual, eficaz, eficiente, donde cada integrante de la familia aspira como parte de su proyecto de vida a tener un coche, auto, etc. La autoridad construye vías adecuadas para salir y entrar al downtown y reglas acordes, vías rápidas, vías semi rápidas y vías lentas.
Los latinoamericanos no asumimos una política de largo plazo. Teníamos desde hace 20 años que optar por una visión. De lo contrario, las grandes urbes se transformarían en trampas mortales, con vehículos de gran potencia transitando por continentes del siglo XIX, con transporte público caro, lento, que genera en el trabajador que sale/entra de su fábrica u oficina stress de transporte, al ingreso y egreso de las grandes masas.
Ello llevó a que medios como el transporte individual se impusieran sin mucha dificultad. Fue así. Tener un presupuesto de 500 millones de dólares, como la Intendencia de Montevideo, y no dar servicio, es la mejor forma de perder una lucha ideológica sin tirar un petardo.
Lo peor de la izquierda dogmática con poder de decisión es que tiene que tomar decisiones en ámbitos de mercado, y si los servicios públicos, educación, seguridad, urbanismo, movilidad, son ineficientes, ineficaces, poco amigables con sus clientes contribuyentes, más tarde o temprano las opciones alternativas resuelven o cada uno resuelve por su lado. Posiblemente podamos administrar cómo se hace en algunas buenas experiencia y ver resultados, competir y hasta hegemonizar mercados.
Lamento la situación global de la experiencia Montevideo y considero que cada palabra que se gaste en justificarla ayuda al convencimiento silencioso de cientos de miles que los estamos estafando. Toda la energía puesta en políticas sociales superpuestas y burocratizadas llevan a que la IMM no resuelva sus fines esenciales. Si no damos buena respuesta al bacheo, iluminación, reglas de tránsito, diseño del movimiento urbano, podemos ganar elecciones por inercia pero no encontrar soluciones de fondo para la gente. Y seguiremos viendo cómo mueren jóvenes en nuestras calles.
Marcelo Avellanal
CI 2.939.285-2